Cuando se anunció el año pasado que el ganador del Premio Nobel de Literatura era el húngaro László Krasznahorkai, en la librería La gata y la luna del barrio de Núñez había algunos ejemplares de Sigilo y un solo lector: “Un cliente fanático del autor”, recuerda a Clarín esta mañana Santiago Martínez Laino, fundador de la librería. La noticia del premio, la circulación del nombre y la disponibilidad del título Al norte la montaña, al sur el lago, al oeste el camino, que había salido como novedad, despertaron el interés: “Empezó a aparecer mucho más público interesado”, agrega. Algo parecido está pasando desde ayer con la poeta Anne Carson, ganadora de este año.
“Con los ganadores del Nobel, lo que suele ocurrir es que generan ventas, aunque no de manera inmediata. Hay un público que se acerca el mismo día en que se anuncia el premio o durante esa semana y quiere comprar sus libros, pero, por lo general, el fenómeno lleva un poco más de tiempo. Salvo que se trate de alguien muy conocido, lo más probable es que no tengamos ningún libro suyo en la librería, como nos pasa ahora con la autora que acaba de ganar”, abunda el librero.
Su experiencia anticipa que la espera no será muy larga: sabe que las editoriales que tienen los derechos se ponen a reeditar sus títulos. “Ahí empieza un movimiento que puede extenderse hasta el siguiente Premio Nobel. Durante los primeros tres meses suele concentrarse el mayor furor, aunque también hay un componente estacional: el premio coincide, en parte, con la época de los regalos de Navidad“, anticipa.
La gata y la luna es una librería pequeña pero de referencia. Lo que no está en el momento, lo consiguen rápido, orientan al lector, organizan actividades y viven el barrio. Hace un par de años, cuando la Nobel fue la surcoreana Han Kang, en Núñez se acordaban de algún libro publicado por Bajo la Luna: “Había pasado bastante desapercibida. A partir de que ganó el Nobel, Penguin publicó unos cinco títulos suyos y se vendieron todos”, recuerda Martínez Laino.
Pero no todo es tener el libro: “Empieza a jugar otro factor: si la autora gusta o no gusta mayoritariamente. Hay autores que prenden más y otros menos. Han Kang, por ejemplo, prendió mucho a partir del Nobel. Eso hizo que hubiera lectores que quisieran leer todo lo que había publicado y otros que empezaran a regalar sus libros”, advierte.
Librería Norte es una institución. Sobre avenida Las Heras, sigue siendo referencia en materia de poesía y no pierde el aura que le dio su fundador, el poeta Héctor Yánover, que además dirigió la Biblioteca Nacional. Sandro Barrella, encargado de la tienda, asegura a Clarín que “cuando se anuncia el Nobel, el efecto es inmediato”.
Ese efecto tiene distintas versiones: “Desde las personas que vienen enseguida a buscar qué hay disponible de la autora o autor hasta las consultas por mail, teléfono o WhatsApp, lo que muestra que hay un fenómeno social en este premio, que va más allá del hecho literario, y reproduce, además, cierta lógica cuantitativa”, apunta.
En su experiencia, si el premio es entregado a un narrador, “el efecto se amplifica”, aunque, desde una librería en la que reina la poesía, pueden decir con certeza que “la poesía da pelea, y de hecho, entre ayer y hoy se vendieron muchos de los libros de Anne Carson, títulos que forman parte de nuestro catálogo desde hace muchos años”.
En la lista de la librería que dirige Débora Yánover, por ejemplo, “Hombres en sus horas libres, de la querida editorial Pre-Textos, es uno de los primeros títulos que importábamos directamente de España”, recuerda Sandro Barrella. Y, para quienes aún no se animaron, tiene algunas sugerencias: “Podemos recomendar, entre muchos de sus libros, La belleza del marido, Solo por la emoción, Charlas breves, todos publicados por la gran editorial independiente Zindo & Gafuri. Otros de sus libros que tendremos en unos días son Nox, Tipos de agua y Albertine“.









