Donald Trump ha firmado el esperado acuerdo de seguridad con Dinamarca y Groenlandia en una ceremonia celebrada en el margen de la Asamblea General de Naciones Unidas junto a los primeros ministros del reino, Mette Frederiksen, y del territorio semiautónomo, Jens-Frederik Nielsen. El acuerdo prevé que Estados Unidos construya dos nuevas bases en la isla y tenga una mayor presencia militar en la gigantesca isla ártica, según el texto que se ha dado a conocer inmediatamente después de la rúbrica. Sin embargo, no otorga a Washington el “control total” del territorio del que se había ufanado el presidente estadounidense al anunciar el acuerdo la semana pasada.
“Vamos a tener una relación estupenda, una relación segura, vamos a coordinarnos y trabajar duro”, ha prometido el mandatario estadounidense, que ha descrito el arduo proceso de negociación del pacto como “un viaje sorprendente”. Va a ser, ha prometido, “magnífico para Europa, para Estados Unidos y para Groenlandia”.
El pacto permitirá “reforzar” la “capacidad de disuasión” de los aliados. Y “mostrar a nuestros adversarios quiénes somos. Y lo vamos a hacer juntos”, ha subrayado Frederiksen. El acuerdo tiene el potencial de durar “para siempre”, ha insistido, y es “bueno para Dinamarca, es bueno para Groenlandia, para Estados Unidos, la OTAN y, por tanto, para Europa”. Por su parte, el primer ministro groenlandés ha subrayado que la arquitectura de seguridad ha cambiado notablemente en el Ártico en los últimos años. “Groenlandia importa para la seguridad de América del Norte y la seguridad transatlántica, y este acuerdo refleja que entendemos nuestra responsabilidad y actuamos para responder a ella”, ha subrayado Nielsen. “Su seguridad es la nuestra, y nuestra seguridad es la suya”, según el dirigente. Nielsen también ha resaltado la importancia de la OTAN en la región. “Creemos que es fundamental mantener a la OTAN fuerte, también en el Ártico, donde la Alianza tiene un papel clave que desempeñar”, ha indicado el jefe del Gobierno groenlandés.
El acuerdo prevé la apertura de dos nuevas bases militares estadounidenses en la isla, en Mestersvig y Narsarsuaq, según se lee en el documento de 10 páginas publicado tras la ceremonia de la firma. Además, Estados Unidos modernizará la que ya tiene en Pituffik. También podrá establecer “áreas de defensa adicionales en Groenlandia y fortalecer sus sus operaciones o instalaciones militares”, a propuesta de cualquiera de las partes y tras el visto bueno de una comisión permanente. En caso de no llegar a un consenso dentro de la comisión en un plazo de 90 días, la solicitud se elevará a nivel de viceministros y, si entonces tampoco se llegara a un acuerdo, al de ministros.
El pacto, que el republicano anunció en un mensaje en sus redes sociales el pasado viernes, abre la vía para mayores inversiones de Estados Unidos en ese territorio estratégico ártico y reduce las tensiones geoestratégicas del último año y medio entre Washington y la Unión Europea, después de que Trump hubiera declarado su intención de lograr el control de la isla, incluso recurriendo a la fuerza. El mandatario sostiene que Groenlandia es fundamental para la seguridad nacional de EE UU, y la percibe como un pilar de su proyecto para crear un escudo defensivo sobre su país, la llamada Cúpula Dorada, con un presupuesto inicial de 175.000 millones de dólares.
Tras su firma, el documento debe ser ratificado por el Parlamento danés. Ya existe un acuerdo bilateral de defensa firmado en 1951 y renovado en 2004, que otorga a Estados Unidos la posibilidad de expandir su presencia militar en Groenlandia, incluida la construcción de nuevas bases —en la actualidad mantiene una en el norte del territorio, la de Pituffik— o el despliegue de contingentes adicionales de soldados.
Soberanía y autodeterminación
Tanto Washington como Copenhague y Nuuk han indicado que el nuevo acuerdo se basa en el de 1951 y la posibilidad de levantar nuevas bases. Pero no augura a Estados Unidos los niveles de control de los que presumía Trump. Los gobiernos danés y groenlandés consideran el pacto un éxito porque respeta la soberanía del Reino de Dinamarca y el derecho a la autodeterminación de Groenlandia.
Estados Unidos, por su parte, considera un triunfo el hecho de que el acuerdo, “a perpetuidad” según Trump, seguirá siendo válido incluso en los supuestos de que Groenlandia se independizara de Dinamarca o la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se disolviera.
Pero, junto a la satisfacción, en Copenhague y Nuuk ha imperado la cautela en la acogida del acuerdo, a la espera de que estuviera firmado y se despejen las incógnitas sobre su contenido. El impredecible presidente estadounidense, que ahora se muestra tan satisfecho, puede echarse atrás en el futuro y considerarlo insuficiente: ya le ha ocurrido, por ejemplo, con el TMEC, el tratado de libre comercio con México y Canadá que renegoció en su primer mandato, que entonces describió como excelente y al que ahora se refiere como una tomadura de pelo por parte de sus socios norteamericanos.
El acuerdo llegó después de meses de negociaciones entre Estados Unidos y Dinamarca sobre una posible expansión militar de la primera potencia mundial en la isla, territorio autónomo perteneciente al Estado danés. Trump ya había expresado su interés por comprarla durante su primer mandato, y llegó a cancelar una visita a Copenhague cuando Frederiksen le informó de que la isla no estaba en venta. En los meses antes de su segunda investidura conmocionó a sus aliados de la OTAN al retomar el asunto y llegar a amenazar con una invasión, en un lenguaje que mantuvo hasta comienzos de este año. En mayo se supo que el Pentágono se planteaba abrir tres nuevas bases en territorio groenlandés.
Groenlandia es la mayor isla del mundo que no forma un continente: una vasta porción de tierra y hielo entre los océanos Ártico y Atlántico de exigua población (56.000 habitantes), pero rica en recursos naturales y valor geoestratégico. Su ubicación la convierte en un territorio estratégico para el control del Ártico y las nuevas vías de navegación que se abren ante el deshielo de ese océano. En sus reclamaciones sobre la isla, Trump ha aludido con frecuencia al interés de Moscú y de Pekín en la zona. El territorio también cuenta con reservas de minerales críticos y tierras raras, necesarios para la fabricación de los semiconductores más avanzados.
El secretario de Estado, Marco Rubio, participó el lunes en una reunión en Nueva York con otros seis países con intereses en el Ártico, previa a la Asamblea General.









