Todavía vive con alguno de sus padres. No tiene hijos. No dura mucho en el mismo trabajo, que por ahora nunca es formal. Se da sus gustos y, aunque lo sufra (mucho), no le causa extrañeza gastar más de lo que gana. Se autopercibe endeudado. Y lo está.
Todos conocemos a alguien así ¿no? Hasta suena simpática la descripción de su vida. Pero es un perfil nada gracioso para las billeteras virtuales y las plataformas, que tienen a los argentinos de hasta 24 años con los mayores niveles de morosidad del país.
De todas las personas de esas edades que toman algún tipo de crédito (personales, en billeteras, pagos mínimos de tarjeta, y demás), la proporción que no puede pagar en tiempo y forma es mayor que en el resto de los grupos de edad.
¿Quiénes son? ¿Por qué chocan el crédito disponible? ¿Cuánto ganan para deber tanto más? Clarín habló con expertos en finanzas para darle forma a este perfil “fresco” en mora, que se lleva todas las (malas) miradas del sistema financiero. Lucen un color crediticio que no les sienta nada bien: el rojo.
“Se da porque tenés un nuevo jugador, las fintech, que son muy eficaces prestando. Fueron teniendo una participación creciente dentro del mercado de crédito. La particularidad es que en esa ‘inclusión financiera’, como lo llaman, bueno…incorporaron gente al crédito que hoy no te puede pagar las cuotas”, describe a Clarín la economista Marina Dal Poggetto. Ese es la génesis de estos Jóvenes y endeudados.
El dato salió de ese relevamiento de la consultora que fundó, EcoGo. Procesaron la base de datos del Banco Central, que es la información habitual sobre el crédito, con una vueltita más: la juntaron con la del crédito no bancario. Ahí divisaron esta nueva ola en negativo.
Revelaron que dentro de ese grupo etario de menores de 24 años había 1.382.000 deudores en mayo, de los cuales 528.000 estaban en mora (38,2%). Estos jóvenes, a su vez, concentran un saldo irregular total de $ 536.000 millones, lo que equivale en promedio a un atraso en los pagos por persona de hasta $ 1.015.000.
“Son el grueso de los morosos. Las fintech fueron muy buenas para prestar, sin muchos requisitos”, marca la especialista.
En la mayoría de los casos, los sub24 recibieron por fuera de los bancos “un crédito muy bajo”, y terminaron endeudados de esa forma “por entre $ 700.000 y $ 800.000”.
Según fuentes del sector, “si bien todas las plataformas tienen un criterio de asignación de crédito (scoring crediticio) distinto, Mercado Pago es la única buena en prestar pero también muy buena en cobrar. Por eso tiene un nivel de mora muy bajo respecto al resto”.
En base a datos de la Encuesta Permanente de Hogares, del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y de Anses, en el informe de esa consultora se estima que ya sea por el “cuenta propia” o en trabajos en el “sector privado no registrados”, estos morosos cobran entre $ 623.495 y $ 682.998 por mes. El sueldo formal promedio en Argentina, sin importar la edad, es de $ 1.882.445 en el privado, y de $ 2.011.056 en el público.
El perfil de estos flamantes deudores en mora (así se cataloga a quienes tienen saldos impagos de más de 90 días) marca que no sólo les deben a las billeteras virtuales. También piden prestado para comprar en compañías de crédito, en casas de electrodomésticos que venden en cuotas no bancarias o incluso sacan préstamos a las propias apps de delivery en las que trabajan, para arreglar la bicicleta y seguir haciendo entregas. Ahí en promedio deben casi $1 millón.
Desde estimaciones que se desprenden del sector, “siguen viviendo con sus padres o asumen distintas modalidades de alquiler, como vivir en un departamento con varios amigos”. Son nuevos endeudados, pero, a la vez, marca Dal Poggetto, llegaron a su techo de deuda. Formaron un ejército que ya no va a poder volver a tener crédito de otra plataforma o fintech.
La historia de Valentina
Valentina tenía 19 años y ganaba $ 700.000 por mes, trabajaba ocho horas en un local de ropa deportiva de un shopping y vivía con su mamá. En cuestión de un mes, cuatro bancos le ofrecieron tarjetas de crédito con límites que, para ella, eran enormes. Dos años después, asegura que debe $ 42 millones. Su historia se volvió viral cuando decidió contarla en TikTok y decir, públicamente, que había tomado una decisión: dejar de pagar.
“No te preguntan si la necesitás. Te mandan la tarjeta a tu casa, la usás y después, obvio, estás en esta situación”, dice hoy. La primera que usó fue de una fintech. Tenía un límite de $ 800.000 y lo gastó en ropa, admite. Después empezó a usar la tarjeta de un banco tradicional para algo menos visible: el día a día. Comida, almuerzos, pequeños gastos.
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Valentina debe 40 millones de pesos, decidió no pagar sus tarjetas.
“Eran gastos hormiga, que no te das cuenta cuánto vas gastando, pero como te parece un gasto chico vas gastando 20, después otros 20 más y así se iba haciendo más grande”, explica a Clarín. Hasta que dejó de usar su sueldo para vivir y empezó a usar las tarjetas. Pagaba, recuperaba el límite y volvía a gastar. “Todo esto yo lo pagaba con intereses, después el interés iba más alto y mi sueldo no subía”, cuenta.
El problema dejó de ser comprar algo que quería y pasó a ser cómo sostener la vida cotidiana. Hasta que perdió su trabajo y la cuenta directamente dejó de cerrar. “No fue que me levanté un día y dije ‘no puedo pagarlo más’. Cuando me quedé sin trabajo, me pregunté cómo lo iba a pagar y no había manera”, recuerda.
En ese momento también empezó a recurrir a herramientas que le permitían conseguir plata rápidamente. Valentina cuenta que usaba una billetera virtual para pasar dinero de una tarjeta de crédito a otra cuenta, una operación que podía devolver en cuotas y con intereses. Para ella, ese tipo de mecanismos funcionan como un salvavidas momentáneo: resuelven una urgencia, pero la deuda continúa creciendo.
Después consiguió un trabajo part time, con un contrato eventual de meses, pero cobraba la mitad de su sueldo anterior. Intentó sostener los pagos hasta que finalmente dejó de pagar una de las tarjetas. Tuvo además que irse de su casa y empezar a vivir sola. Para entrar a un departamento amoblado necesitaba $ 800.000. Los consiguió usando la tarjeta.
“No fue de pendeja caprichosa, fue por una necesidad”, aclara. Luego volvió a quedarse sin trabajo. Al correr de los meses volvió a conseguir trabajo, pero de nuevo era temporal. El sueldo apenas le alcanzaba para pagar el alquiler y comer. Un día, desde la aplicación del banco donde cobraba el sueldo de su trabajo de apenas una semana, apareció una oferta: un préstamo de $1.600.000 a un solo click. “Toqué aceptar y ya tenía la plata en mi cuenta”. Lo usó para pagar el alquiler y comprar comida. Fue el último crédito que tomó.
Después decidió cortar. Dejó de pagar las tarjetas y el préstamo. Lo que siguió fueron llamadas, primero de los bancos y después de estudios jurídicos. “Empezaron a llamar a todos mis conocidos, a mi abuela, a todos, diciéndome que me iban a allanar la casa, que me iban a sacar electrodomésticos”, recuerda. Buscó asesoramiento y tomó una decisión: no pagar más.
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Valentina debe 40 millones de pesos, decidió no pagar sus tarjetas.
Según cuenta, la deuda original era de unos $ 4 millones. Hoy, dos años después, asegura que debe $ 42 millones por los intereses. “De la primera tarjeta debía solo $ 750.000 y ahora me quieren cobrar $ 30 millones”. Dejó de pagar en diciembre de 2024, cuando todavía tenía 19 años.
La experiencia, recuerda, fue angustiante. “Cuando me quedé sin trabajo en el shopping yo le dije a mi jefa de ese momento: ‘Me arruiné la vida, ¿cómo voy a hacer para pagar las tarjetas ahora?’”. Hoy figura, según relata, en situación 5, “irrecuperable”.
Valentina reconoce su responsabilidad y admite: “Arrancó todo de una manera irresponsable, obvio me voy a hacer cargo”. Pero también cuestiona la facilidad con la que pudo acceder a semejantes montos siendo una adolescente. “No tuve educación financiera. Darle $ 4 millones de pesos a una chica de 19 años es un mono con navajas”.
Su historia encontró eco en TikTok. Su primer video generó miles de reproducciones y abrió una discusión entre quienes cuestionaban su decisión y quienes reconocían en su relato una situación cada vez más cercana: jóvenes que trabajan, cobran un sueldo y aun así recurren al crédito para llegar a fin de mes. “Nadie se puede pagar unas zapatillas con su sueldo: sí o sí necesita cuotas para comprar”, dice.
“Yo me arruiné mi perfil crediticio con 19 años”, dice. “Todos mis amigos están en la misma situación, todos están endeudados”. “No es tan difícil: tenía 19 años y la cagué”, dice al terminar
Sin margen para endeudarse (más)
Quienes más necesitan financiarse son justamente los que tienen menor capacidad de repago. Exactamente por eso no reúnen las condiciones para pedir un préstamo en un banco, e igualmente se convierten en “sujetos de crédito”, pero por fuera del circuito habitual. Es una especie de marginalidad crediticia, por estar al margen. El legal.
“El crédito no bancario pasó de representar el 16% del crédito para consumo a principios de 2024 a 25% hoy. En el mismo plazo, el número de deudores que ya tenían deuda bancaria y sumó deuda no bancaria pasó de 4,7 millones a 7,6 millones”, cierra la economista.
Gabriela Totaro es psicopedagoga, experta en finanzas y una referente de la lucha para que en las escuelas se enseñe a ganar/gastar/invertir el dinero. Por eso, conoce los “centavos” detrás de estas deudas calientes y frescas a la vez.
“Aunque los montos individuales que deben estos jóvenes a billeteras virtuales no siempre son elevados, para alguien que recién empieza a trabajar una deuda relativamente pequeña puede convertirse en un problema muy difícil de resolver si sus ingresos apenas alcanzan para cubrir los gastos básicos”, explica a Clarín.
¿Por qué 4 de cada 10 menores de 24 años tienen algún tipo de deuda impaga? “Es un dato que refleja la fragilidad económica con la que muchos empiezan su vida adulta. Tienen ingresos inestables. Hacen changas o tienen empleos con salarios bajos y variables. Eso hace muy difícil planificar las finanzas y, ante cualquier imprevisto, el crédito aparece como la única salida. Además, ni siquiera acceden al crédito bancario tradicional, van por alternativas que les dan dinero muy rápido”, marca Totaro.
¿Cuál es el consejo para revertir esta tendencia? El error más frecuente, dice, es creer que el límite de la tarjeta o el préstamo disponible es parte del ingreso. “Es dinero prestado que después hay que devolver, generalmente con intereses”, remarca.
Tampoco evade que existen dos realidades que conviven. “Por un lado, están los que se endeudan para cubrir necesidades básicas, incluso alimentos. Pero también existe un componente aspiracional muy fuerte: sostener un estilo de vida que los ingresos ya no pueden acompañar”. Ahí el crédito, detalla, funciona como un “parche”.
Si esa diferencia se financia todos los meses, la deuda termina creciendo mucho más rápido que lo que ganan. “A esto se suma que hoy sacar un préstamo desde una billetera virtual es extremadamente simple. Esa facilidad hace que muchos tomen decisiones sin detenerse a mirar cuánto van a terminar pagando realmente”, explica.
“Los más jóvenes han sido históricamente los más golpeados, les cuesta más encontrar trabajo y los que encuentran son inestables, con menos ingresos que el de los mayores. En la situación singular de hoy, el desempleo crece menos porque está ‘acolchonado’ por el trabajo por cuenta propia en condiciones precarias, como autoempleo en distintos tipos de emprendimiento, y el trabajo en plataformas”, detalla a Clarín Mariana Luzzi, socióloga e investigadora del CONICET en la Escuela IDAES de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).
Lo novedoso que ve ahora es que, agotadas todas las posibilidades de generar más ingresos, “como trabajar más horas o tomar otros trabajos” ven como única opción el endeudamiento. Además, acceder a las financiaciones es muy fácil, hasta de cadenas de comercios, y por el efecto de la digitalización financiera, el crédito les resulta un trámite, en términos de tiempo y de accesibilidad.
“El lado B de ese proceso es que ese crédito relativamente más accesible es también mucho más caro: los intereses son altísimos y la situación de mora puede rápidamente escalar hasta niveles de sobreendeudamiento que no hacen más que profundizar la vulnerabilidad de los hogares”, apunta Luzzi.
Estos jóvenes, porque están endeudados en manada, tienen algunos anticuerpos frente al desánimo. Totaro pide dejar de fingir demencia.
“Prefieren no mirar sus cuentas porque les genera angustia, pero el primer paso es anotar todos los ingresos, todos los gastos y todas las deudas. Esa foto permite empezar a tomar decisiones. Después, si tenés varias deudas, priorizá la que tiene la tasa de interés más alta. Y si el crédito se convirtió en un hábito para llegar a fin de mes, frená ese circuito antes de seguir acumulando compromisos”, aconseja.
Como en otros aspectos muy populares de la gestión de emociones, los jóvenes endeudados también pueden romper el círculo (del crédito).
Colaboró: Candela Toledo









