Crece la tensión en una Ceuta al borde del estallido social | España

Crece la tensión en una Ceuta al borde del estallido social | España


Cada hora que pasa, los casi 9.000 policías y militares desplegados en Ceuta se esfuerzan no tanto por vigilar las calles y los albergues como por ir de un lado a otro de la ciudad tratando de contener una olla a presión que comienza a tener fugas por muchos sitios. A un lado, unos vecinos cada vez más hartos y, al otro, jóvenes marroquíes dispuestos a atacar a las fuerzas del orden aprovechando la noche, el mar y los cerros para esconderse. A un lado, la cerilla y, al otro, el bidón de gasolina.

Los episodios de tensión se multiplicaron este jueves en una jornada especialmente preocupante que culminó con el intento de grupos de vecinos de bloquear el reparto de comida y agua entre los inmigrantes instalados en la playa de El Trampolín y con la irrupción en un campamento de un arenal cercano, Playa Benítez, donde se produjeron brotes de violencia que requirieron la intervención de las fuerzas de seguridad. Unos ceutíes destruyeron y quemaron parte de un campamento.

Y, en medio, a lo largo del día el expresidente José María Aznar había aparecido en la ciudad autónoma para mostrar su apoyo a la ciudad con frases que ni son gasolina ni son cerilla, pero que alejan el extintor de la crisis. Según Aznar, “quien asalta nuestra frontera no puede permanecer en territorio nacional”, dijo en referencia a los miles de migrantes. “Se ha violado la integridad territorial de España y hay que recuperar el orden y la seguridad” y reprochó a Pedro Sánchez que “la soberanía nacional no tiene vacaciones”. Para Aznar, la “debilidad” mostrada por el Gobierno “es y será siempre provocadora”.

La reunión de Aznar con el presidente ceutí Juan Vivas fue el primer acto público en una ciudad convulsa que se reactiva cada día cuando cae el sol. Esta noche, entre las doce de la noche y las cinco de la mañana, Ceuta vivió sus horas más tensas, 27 días después de la llegada masiva de 80.000 marroquíes y subsaharianos, de los que cerca de 8.000 continúan en una ciudad del tamaño de la Casa de Campo de Madrid. Ceuta amagó nuevamente con saltar por los aires, pero la intervención policial primero y la contención vecinal después lograron apaciguar la situación.

La noche del miércoles, la Policía Nacional impidió con gases lacrimógenos que la manifestación llegara hasta la playa de El Trampolín, donde cada noche acampan miles de migrantes desde hace casi un mes. Los antidisturbios lograron frenar a los manifestantes que pretendían llegar a la zona en la que se encuentran los marroquíes, el grupo mayoritario, que respondió a la amenaza lanzando piedras. Fue la primera vez que se daba un conato de agresión tan claro contra los migrantes tras su entrada masiva hace casi un mes. Una hora después, los vecinos seguían en la calle y cortaron algunas vías del barrio de El Zurrón, repitiendo cánticos contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y exigiendo la expulsión de los “invasores”.

Pasada la medianoche, cuando todo parecía más calmado y la protesta se había disuelto, llegó el incidente más grave hasta ahora: un grupo de migrantes atacó a una patrulla del Ejército. El suceso, ocurrido pasadas las cinco de la mañana, terminó con 12 marroquíes detenidos y cuatro soldados heridos leves.

Todo comenzó en la zona de Benzú. Al llegar al lugar, varios individuos salieron de distintos puntos y rodearon el vehículo en el que se desplazaban los militares. El grupo comenzó a lanzar piedras de grandes dimensiones, destrozando la luna delantera. Ante la intensidad del ataque, los cuatro militares abandonaron el vehículo y emprendieron la huida a pie para ponerse a salvo, según confirmaron fuentes policiales a EL PAÍS. Fuera del vehículo siguieron recibiendo pedradas, a consecuencia de las cuales sufrieron heridas leves y contusiones por las que tuvieron que ser atendidos.

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Vecinos de Ceuta bloquean el paso de camiones de la Cruz Roja

La policía utiliza gases lacrimógenos en la playa de El Trampolín, el 25 de agosto.
Foto: Joaquín Sánchez

Los efectivos policiales y los del Instituto Armado —que acudió después con el Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) y el Servicio Marítimo— tuvieron que controlar la situación para, primero, proteger a los militares y, segundo, proceder a las detenciones. Hubo 12 detenidos, según adelantó El Faro. Pudieron dar con varios de los implicados; el resto escapó por las inmediaciones de la pedanía de Benzú y hacia los montes.

El ruido generado en torno al hipotético uso de polideportivos como centros de acogida, una medida solo contemplada en caso de necesidad extrema y en todo caso de mutuo acuerdo entre el Gobierno y Vivas, acabó quebrando la paciencia de los vecinos. En este contexto, el ministro y mando único encargado de la normalización de la ciudad autónoma, Ángel Víctor Torres, insistió en sus llamamientos a la calma. “La violencia no conduce a nada. La violencia no va a ningún lado y retrasa la normalización de la ciudad”, dijo Torres una y otra vez ante el panorama que tiene delante.

“Parece un tema menor, pero aquí hay poco que hacer porque es un lugar pequeño, pero quedarnos sin polideportivos afecta a mucha gente. Tenemos equipos de waterpolo o de balonmano que nos ha costado mucho poner a un buen nivel para que compitan en las ligas nacionales. Hay gente que hace ahí sus terapias y, a falta de parques públicos, es el lugar al que van nuestros chicos a pasar la tarde. Nos han quitado el verano, las playas, la feria, las calles… Ahora también los polideportivos”, dijo Raquel Fuentes, de 47 años, durante la protesta nocturna, antes de conocer que se había paralizado la medida.