La relación entre Romina Calvo y Walter Verón estaba desgastada desde hacía tiempo. Las discusiones se repetían y los problemas económicos pesaban dentro de la casa, como en muchas familias argentinas. Uno de sus hijos, incluso, les llegó a plantear que lo mejor para ellos era separarse. Sin embargo, nada preparó a la familia para lo que ocurrió durante la mañana del jueves pasado en la vivienda de Pedro Morán al 5200, en Villa Devoto.
Sebastián, de 22 años, habló públicamente después del femicidio de su madre y reconstruyó desde el interior de la familia algunos de los meses que precedieron al crimen. Su testimonio dejó además confirmó un dato estremecedor: su hermana de 8 años estaba en la casa y presenció el ataque.
“Mi hermanita vio todo”, contó el joven. Sebastián no se encontraba allí. Según relató, uno de sus hermanos lo llamó para pedirle que fuera hasta allí. La nena quedó luego al cuidado de familiares. “Ahora está un poco más tranquila, está con otras nenas y pudo dormir, pero sigue preguntando por lo que pasó”, explicó.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Al reconstruir la convivencia, Sebastián puso el foco en una relación que, desde su perspectiva, hacía tiempo había dejado de funcionar. Incluso contó que había hablado con sus padres sobre la posibilidad de que cada uno siguiera su camino.
“Yo se los había sugerido en su tiempo, que cortaran, porque ya era una relación que no iba y me causó tristeza que llegaran los dos a este límite, a un límite del que ya no hay retorno”, sostuvo después de conocer la carta que dejó Verón.
Su propia salida de la casa estuvo vinculada con ese clima. “Yo pensaba realmente que si yo me alejaba podían tener una mejor relación”, explicó. Según su percepción, poco antes del crimen la situación entre sus padres incluso parecía haber mejorado.
Sebastián identificó los problemas económicos como uno de los motivos habituales de discusión. Pero cuando le preguntaron si conocía episodios de violencia física de su padre hacia su madre fue terminante: “No, nada de nada”.
Ese recuerdo personal contrasta con un episodio que había llegado a la Justicia años antes. En 2018, Verón recibió una pena de seis meses de prisión en suspenso por lesiones leves agravadas por el vínculo. La condena correspondió a una agresión ocurrida en La Tablada en 2017, cuando tomó a Romina del cuello hasta hacerla desvanecer y la hirió en un dedo con un cuchillo.
En los últimos tiempos, Romina buscaba desarrollar una actividad diferente y estaba vinculada a un emprendimiento de velas relacionado con Verónica Asad, conocida como Pitty La Numeróloga. Sebastián participaba junto a su madre de ese proyecto y rechazó las versiones que atribuían a esa relación parte de los problemas económicos familiares.
“La Pitty nunca recibió plata de nosotros, sí nos estaba por dar la oportunidad de abrir una franquicia en Villa Devoto”, afirmó. También rechazó que en la vivienda existiera un altar dedicado a Asad: “En mi casa no había un altar para ella”.
La figura de la numeróloga quedó mencionada en el caso porque Verón hizo referencias a ella en la carta que escribió antes de autolesionarse. En la vivienda también fueron encontrados una Biblia, velas y distintos escritos, elementos relacionados con las actividades que desarrollaba Romina.
El hijo mayor habló además sobre la situación de su padre, que permanece internado en grave estado por las heridas que se provocó después del crimen. Frente a una pregunta particularmente difícil, aseguró que podría perdonarlo: “Sí, lo podría perdonar”.








