una exposición revela el vínculo entre el escritor y el país azteca

una exposición revela el vínculo entre el escritor y el país azteca


El 13 de agosto a las 18:30 se inaugura oficialmente la exposición Borges y México, en el auditorio Borges de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Agüero 2502, que se podrá visitar hasta el 31 de diciembre en la sala Leopoldo Marechal y reúne material referido al vínculo de ida y vuelta entre amistades, influencias mutuas, cercanía y homenajes. Durante el evento se recibirá la donación de una obra de la fotógrafa Paulina Lavista, que retrató al escritor argentino durante su primera visita al país azteca.

La muestra surgió por un trabajo conjunto entre la Biblioteca Nacional, la embajadora de México en Argentina, Lilia Eugenia Rossbach Suárez, y la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, en la misma sala en la que se exhibe, desde el año pasado, la exposición Infinita veneración, infinita lástima: 80 años de El Aleph, sobre el cuento célebre del autor argentino.

“Se hizo una propuesta a la Fundación Internacional, de María Kodama, ahora con Mariana y María Victoria a cargo, con quienes seguimos trabajando en conjunto, y como no queríamos desarmar El Aleph, que fue y es una muestra muy exitosa, le hicimos una pequeña coda en la sala Leopoldo Marechal”, cuenta Germán Álvarez, a cargo del Centro de Estudios Borgeanos de la Biblioteca Nacional.

Y agrega que la idea fue establecer la relación literaria de Borges y México, pero también el vínculo entre las dos culturas del norte y el sur de América Latina, y las capitales México D. F. y Buenos Aires, como dos faros que siempre se observaron mutuamente.

La muestra Borges y México en la Biblioteca Nacional. Foto: gentileza Biblioteca Nacional.

Tres viajes

Además de ahondar en los puntos culturales en común, la muestra exhibe material vinculado a tres viajes que realizó Borges a México, en los años 1973, 1978 y 1981, en los dos últimos casos acompañado por María Kodama.

“En México, Borges se vinculó con autores a quienes nosotros en el vocabulario borgeano llamamos precursores: (Manuel José) Othón, el gran poeta mexicano, y Manuel Maples Arce, de la vanguardia mexicana, a quien dedica una entrada en Inquisiciones”, cuenta Álvarez.

Y agrega que el joven Borges, neocriollista y que comenzaba a alejarse del ultraísmo, leía a Maples Arce, a quien realizó una pequeña crítica en ese libro, y observaba con atención la vanguardia mexicana.

“Una figura trascendental para Borges es Alfonso Reyes”, agrega quien junto a Laura Rosato es curador de la exhibición. El “feliz encuentro entre dos literaturas”, sostiene Álvarez, se produjo en 1927 en Buenos Aires, cuando Reyes era embajador plenipotenciario de México y los integrantes del grupo Sur le presentaron a Borges, con quien desde ese momento entabló una amistad personal y literaria.

Él dice que ve toda la cultura de Oriente y Occidente en su biblioteca, sobre todo en la forma que tiene el mexicano de usar la cita, parecida a la suya”, cuenta el investigador.

Se ve un poco reflejado en su figura. En aquel momento, el Borges de 28 años, en sus inicios como escritor, toma a esas grandes personalidades con las que se cruza en su vida en parte como una especie de tutores. Por ejemplo: todos los domingos iba a comer a la Embajada de México, y llevaba a algunos de sus amigos”.

La muestra Borges y México en la Biblioteca Nacional. Foto: gentileza Biblioteca Nacional.

Los viajes

Alfonso Reyes murió en 1959 y Borges, en 1961, recibió el Premio Formentor otorgado por el Congreso Internacional de Editores, que marcó el inicio de una etapa de mayor reconocimiento en su carrera.

Dos años después, en 1973, ya en sus últimos tiempos como director de la Biblioteca Nacional, realizó su primer viaje a México acompañado de una amiga, Claudine Hornos, con quien trabajaba en un libro sobre el filósofo Baruj Spinoza que finalmente no vio la luz. “Borges se empieza a convertir en quien es Borges”, dice Álvarez.

“En ese viaje inicial él declara que lo primero que quiere hacer es conocer y tocar las pirámides, recordemos que ya estaba ciego, por eso es acompañado por esta persona, porque ya la madre es muy mayor y no puede viajar; declara también a la prensa que su intención es intercambiar saludos con escritores como (Juan José) Arreola, (Juan) Rulfo y Octavio Paz, con quienes se había comunicado a través de la literatura. Él sabía que existía una nueva camada de escritores mexicanos, a quienes Rulfo llama borgistas, que ya lo admiraban mucho”. Durante ese primer viaje Borges también recibe un premio llamado Alfonso Reyes.

Jorge Luis Borges. Foto: gentileza Biblioteca Nacional.

La muestra, que ocupa un espacio reducido si se la compara con la exposición sobre El Aleph, abarca sin embargo un extenso período de tiempo en la cronología borgeana.

El segundo viaje a México del escritor fue en 1978, y la prensa, que en la primera experiencia había destacado su calidad de profesor, vestido de traje junto a las pirámides y reconociendo sitios arqueológicos, hablaba en aquella ocasión de un Borges más mundano y vital, acompañado por la joven Kodama, que viajó para presentar una película que se había comenzado a rodar en Buenos Aires, Los paseos con Borges, del director argentino Adolfo García Videla.

“En la muestra se exhibe el guión original de esta película”, cuenta el curador, y destaca que esto es posible “gracias a la Fundación Internacional Jorge Luis Borges”, donde permanecía a resguardo desde que el director lo entregó a María Kodama.

“Hay que hacer un gran hincapié en esto”, sigue Álvarez. “Hay una gran cantidad de material inédito; la fundación, que siempre colaboró con la biblioteca, abre sus puertas en esta nueva etapa, y por ejemplo este trabajo audiovisual cobra nueva relevancia”.

Fotografías inéditas

La exposición incluye fotografías inéditas de Borges en México tomadas por Kodama con una cámara pocket. Son imágenes distendidas de los paseos que realizaban por las ruinas arqueológicas, en las que se puede ver al escritor con guayabera y sombrero mexicano.

“En esos años, explicaban en la Embajada, él era permanentemente nominado al Premio Nobel”, cuenta el curador. “Entonces se hace eco el presidente (José) López Portillo y lo invitan para otorgarle el Premio Ollin Yoliztli, en náhuatl, que solo fue entregado dos veces”. El galardón, que Borges recibió en agosto de 1981, había sido otorgado antes al mexicano Octavio Paz.

La muestra Borges y México en la Biblioteca Nacional. Foto: gentileza Biblioteca Nacional.

El segundo viaje fue mucho más extenso que el anterior: junto a Kodama, Borges recorrió Yucatán, las ruinas de Chichén Itzá y Uxmal. No fue nada sencillo para el escritor, que ya tenía 82 años. “Fue toda una aventura para Borges”, explica Álvarez, “porque parte del viaje la hicieron en auto, sobre todo a Uxmal, y por las altas temperaturas tenían que parar seguido porque él se descompensaba”, cuenta el investigador.

Y agrega que en un momento tuvieron que bajar en un pequeño pueblo para que Borges pudiera comer y tomar algo porque se sentía mal. Circulaban por lugares de pocos habitantes, donde en general no conocían al ya renombrado escritor.

“También tenemos la instancia al revés”, explica el curador. “Cómo Borges es leído en México: está la presencia muy particular, muy fuerte, de Juan Rulfo, y la formación de un grupo de Borgistas”. Agrega que, a principios de la década del 40, “por fuera del circuito del D. F., en especial, en Guadalajara, donde se encontraba Rulfo, empiezan a leer al Borges cuentista de los años 30, el de Historia universal de la infamia”.

“Quedan muy impresionados con el cuento “Hombre de la esquina rosada””, cuenta Álvarez. “A esta nueva vanguardia mexicana le impresiona mucho este cuento. Rulfo dice sentirse muy influido por esa forma de narrar, dice que quiere salirse de las formas de los escritores mexicanos posrevolución, que quiere leer otra cosa, otra clase de épica”.

La muestra Borges y México en la Biblioteca Nacional. Foto: gentileza Biblioteca Nacional.

Álvarez agrega: “Y de ahí sale “El llano en llamas”, con un cuento en particular, “La cuesta de las comadres”. En el 42 habían leído “La esquina rosada”. En el 48 lo escribe con una impronta bastante borgeana. Hay cierta reciprocidad. Borges luego de estos viajes siempre escribe poesía; dedicada a Alfonso Reyes, cuando muere, dedicada a la llanura. Dice el charro en la llanura y nuestro gaucho en la pampa”.

Para cerrar, cuenta que la Embajada de México tramitó la donación de una foto “muy peculiar”, tomada durante el primer viaje de Borges, donde se lo ve con las pirámides detrás. La autora, Paulina Lavista, hizo tres tomas en 1973 y uno de aquellos originales fue donado a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

“Es una de las grandes fotografías que hay en la muestra, muy amplia, muy representativa”, considera Álvarez, y reflexiona: “Siguen apareciendo cosas nuevas, Borges realmente es nuestro argentino más universal. Nos pasó con la muestra del Aleph, iba a ser de un mes y medio y ya hace un año que estamos. Se extendió porque tuvo mucho éxito. Quiere decir que su figura y su obra nos siguen interesando”.

La muestra Borges y México se puede visitar de lunes a viernes de 9 a 21 y sábados y domingos de 12 a 19 en la Biblioteca Nacional (Agüero 2502).