En una mañana que debía ser rutinaria, la joven mamá circulaba en su moto por la zona de la Costanera en San Juan cuando fue interceptada por su peor pesadilla: su expareja, Matías Ezequiel Marín.
Utilizando el automóvil con el que trabajaba como chofer de una aplicación, Marín la persiguió, la acorraló y provocó su caída al asfalto. Indefensa, tirada en el suelo, Gemma recibió un ataque feroz a cuchilladas que terminó con su vida.
Detrás de este brutal femicidio emerge una realidad que estruja el corazón y despierta indignación. Apenas 29 días antes del crimen, el pasado 1 de julio, Gemma había tomado el valor de denunciar a Marín por violencia de género ante la Unidad Fiscal de Investigaciones CAVIG.
Desesperada por su seguridad y la del hijo menor de edad que compartían, solicitó medidas de protección. Esas respuestas nunca llegaron. Hoy, la frialdad de los tiempos judiciales se traduce en el dolor eterno de una familia rota.
El heroico e impotente intento de salvarla
Los gritos desgarradores de la joven quebraron la calma de la mañana y alertaron a un policía que prestaba servicios en una planta transformadora cercana.
Al ver la escena, el efectivo disparó al aire con su arma reglamentaria, logrando que el agresor detuviera las puñaladas. Marín, acorralado, tomó un arma de fuego que llevaba consigo, cubrió su huida a tiros y escapó a pie a través de un descampado, abandonando el auto en el lugar.
“Pensé que era un choque común. Nunca pensé que lo que había pasado era esto”, relató compungido el policía a los medios locales. Al acercarse junto a un motociclista que pasaba por allí, se encontró con una postal desgarradora: Gemma estaba boca abajo en el pavimento, aferrada con todas sus fuerzas a su mochila, con una profunda y mortal herida en el cuello.
Mientras llamaban desesperados a emergencias, el policía intentó contener la hemorragia con sus propias manos, aplicando presión en la herida. El civil lo asistía en medio del shock y la adrenalina.
Sin embargo, el esfuerzo físico y los ruegos no alcanzaron para ganarle a la muerte. “De a poquito la mujer se fue yendo”, lamentó el efectivo con profunda impotencia.

Intento de linchamiento y detención
La fuga de Matías Ezequiel Marín terminó horas más tarde. Un intenso operativo cerrojo liderado por la Policía de San Juan y el fiscal Nicolás Schiattino localizó al sospechoso oculto en una vivienda de Villa Obrera, en la localidad de Chimbas.
Al verse rodeado por los uniformados, el presunto femicida intentó autolesionarse, por lo que debió ser asistido de urgencia por una ambulancia. La tensión en el barrio llegó a su punto máximo cuando un grupo de vecinos reconoció al agresor e intentó lincharlo en el lugar, obligando a las autoridades a intervenir rápidamente para resguardar su vida y trasladarlo a la comisaría.
The fiscal Iván Grassi confirmó públicamente el inicio de las actuaciones bajo la carátula de femicidio. Mientras la Justicia inicia su lento proceso para dictar una condena, la sociedad sanjuanina se envuelve en el luto, la rabia y una pregunta que vuelve a doler: ¿Cuántas denuncias más tendrán que ser ignoradas antes de que el sistema empiece a salvar vidas?
Fuente: MinutoUno.








