Hay una región en Michoacán cuyo paisaje parece sacado de la fantasía, por su riqueza natural y la existencia de aguas termales rodeadas de un bosque frondoso e imponente y por los rastros vivos de un pasado volcánico. Ese lugar se llama Los Azufres y está ubicado en la comunidad de Agua Fría, un sitio que no rebasa los 200 habitantes y que es el hogar de la familia de José Luis Silva Andrade, el activista y defensor del territorio que fue secuestrado el pasado 15 de julio cuando salió de su casa para verificar la presencia de supuestos talamontes en terrenos cercanos. A las 24 horas de que el hombre, de 60 años, saliera de su hogar diciendo que volvería a la hora de la comida, un hombre presuntamente ligado a un grupo del crimen organizado que opera en la localidad llegó a su casa y advirtió a sus hermanas de que tenían retenido a Silva Andrade y que debían acudir a “negociar con el jefe”, ha reportado la organización de derechos humanos Front Line Defenders, que ha documentado las recientes embestidas de grupos delincuenciales en esa región.
El defensor de los bosques de Michoacán que nunca volvió: el secuestro de José Luis Silva Andrade revive el terror en los ambientalistas









