Quiso llegar en moto al Mundial, se quebró en el camino y ahora “caza” firmas de la Scaloneta para ayudar a las víctimas del terremoto en Venezuela

Quiso llegar en moto al Mundial, se quebró en el camino y ahora “caza” firmas de la Scaloneta para ayudar a las víctimas del terremoto en Venezuela

Existe gente inclasificable. Personas tan inusuales que cualquier intento por definirlas termina siendo una aproximación. Después de la consagración de la Selección Argentina en Qatar 2022, a Gastón Mónaco se le ocurrió una idea tan ambiciosa como improbable: viajar al siguiente Mundial. Hasta ahí, nada demasiado extraordinario. La diferencia fue que decidió hacerlo en moto. Tenía todo lo necesario, menos dinero y visa, así que igual emprendió el viaje. Su objetivo era conseguir la firma de Lionel Messi en el tanque de nafta de “Mi Argentina”, también conocida como “La 10”, y aprovechar el recorrido para visitar a sus hijos, que desde hace un tiempo viven en Estados Unidos junto a su madre.

Se podría decir que es de Necochea, aunque la definición ya no le hace justicia. Su verdadera casa es la moto. Allí lleva una carpa, una bolsa de dormir, dos banderas argentinas -además de una tercera que cubre el parabrisas-, una rueda de auxilio, herramientas, utensilios para cocinar y las artesanías que vende para financiar el viaje. “Los paisajes que tiene este país son increíbles. Bajé al Sur por el Atlántico y subí por los Andes”, cuenta. Estaba en Río Negro cuando hizo las cuentas de cuántos días necesitaba para llegar con margen al partido inaugural y decidió partir.

Pero el viaje se interrumpió de la peor manera. Sufrió una caída y se fracturó la tibia. Quedó atrapado debajo de la moto y una de las alforjas le aplastó la pierna. Estaba solo, era de noche y no lograba liberarse. Respiró hondo, reunió fuerzas y consiguió salir. Después levantó la moto, volvió a subirse y manejó hasta una estación de servicio, desde donde lo trasladaron a una sala de primeros auxilios. “Con la sangre caliente no duele. Después, sí. Mucho”, resume Mónaco. Los médicos quisieron operarlo, pero se negó. Pidió que le inmovilizaran la pierna y siguió viaje hasta Río Gallegos. Allí compró una bota ortopédica y esperó a que la fractura comenzara a consolidar.

Durante esa recuperación vio las noticias del terremoto que golpeó a Venezuela y cambió por completo sus planes. “Ahí hice clic y se me ocurrió una cosa”, recuerda mientras ofrece un mate y comparte los sándwiches que lleva para el almuerzo. Como ya no podía llegar al Mundial, decidió esperar el regreso de los campeones para conseguir sus firmas en la moto. En la misma alforja que meses antes le había provocado la fractura escribió una frase simple: “Messi, ¿me firmás la moto?”.

“Hace cuatro años que vengo siguiendo este sueño de que Messi me firme la moto. Una locura sana, linda. Después pasó lo de Venezuela y surgió la idea de hacer algo solidario. Si logro la firma de Messi, quiero subastar la moto y donar todo lo recaudado al pueblo venezolano, que hoy lo necesita muchísimo más que yo”, resume.

Desde hace varios días acampa cerca de la casa de la familia Scaloni, en Pujato, o en las inmediaciones del country de Funes donde suele alojarse Messi cuando está en la Argentina. También intenta encontrarse con Ángel Di María y planea viajar hasta Concordia para buscar la firma de Marcos Senesi. Más adelante seguirá rumbo a Buenos Aires con la esperanza de cruzarse con Leandro Paredes, Nicolás Otamendi o Gonzalo Montiel. Podría parecer un cazador de celebridades, pero su objetivo es otro: reunir la mayor cantidad posible de autógrafos para darle más valor a la subasta solidaria.

Scaloni fue el primero en estampar su firma sobre el tanque de nafta. “Ahora la voy a laquear para que no se borre”, explica. Ese primer paso alimentó todavía más su ilusión. Ahora hace guardia frente a la casa de Messi y organiza la logística para seguir encontrando a los integrantes de la Scaloneta. Sabe que lo único que depende de él es estar en el lugar indicado y esperar.

Si Andrés Calamaro lo hubiera conocido, quizá Sin documentos habría encontrado inspiración en este viajero que desafía el viento sobre dos ruedas. La diferencia es que, si Messi finalmente le firma la moto, Mónaco se quedará sin su compañera de ruta. Y, lejos de lamentarlo, asegura que volvería a empezar. “Ya vendrá otra, eso no es lo importante”, dice con la tranquilidad de quien entiende que los sueños valen más que las cosas.

“Yo soy un tipo normal, un laburante, un tipo humilde. No tengo medios para mantenerme viajando, pero junto lo poquito que hago y salgo con la moto. A veces me encuentro dentro del casco preguntándome un montón de cosas, mirando paisajes y disfrutando de la naturaleza. Ahí uno entiende lo bonito que es todo”, reflexiona.

Así como muchos camioneros llevan un muñeco de Michelin como amuleto, Mónaco viaja acompañado por un Messi de trapo vestido con la camiseta azul de la Selección Argentina. Un compañero silencioso para las largas rutas y el único testigo de miles de kilómetros recorridos en soledad.

“A veces siento que el ser humano es el único que se autodestruye. Ojalá empecemos a ser un poco más humanitarios, a creer un poquito más en Dios, porque Dios es amor y de eso se trata la vida: de amar y de dar lo poquito que uno tiene. Lo material no deja de ser material. Hoy estamos y, cuando queremos acordarnos, se nos apaga la luz”, dice con una sencillez que ayuda a entender por qué está dispuesto a desprenderse de lo único que tiene para ayudar a personas que jamás conoció.