Cuando el arte se cruza con la ciencia no solo tiene propuestas e inquietudes estéticas, también genera un modo de descubrir y de dar a conocer aquello que parece indescifrable. Giulia Bini es curadora, gestora de programas y referente de estrategia institucional italiana, pionera en el cruce del arte contemporáneo, medios, ciencia y tecnologías avanzadas, tanto en la práctica curatorial como en la teoría y la escritura. Es la actual directora de ARTs at CERN (Laboratorio Europeo de Física de Partículas), de Ginebra y se encuentra de visita en Buenos Aires para participar del Festival Suiza Pop 2026.
Foto: Marc Delachaux
Bini fue invitada por el programa Presente Continuo, y el Festival, para integrar la mesa “Connect Argentina: Diálogos de Arte y Ciencia” esta tarde (viernes 24 de julio) en el Palacio Libertad. Se trata de una presentación de la residencia de Arts at CERN, en colaboración con la fundación suiza para la cultura Pro Helvetia y organizada junto a Presente Continuo –el Programa de Arte y Ciencia de la Fundación Bunge y Born y la Fundación Williams–. Bini, dialogará con los artistas Juan Sorrentino (Argentina) y Céline Manz (Suiza), acerca de la experiencia de residencia en el Observatorio Pierre Auger (Mendoza) y en el CERN, y cómo este intercambio ha inspirado nuevos enfoques para la investigación y la creación artística. Participan como moderadores, dos grandes artistas: Fabiana Barreda y Pablo Lapadula (también biólogo). “Entramos en contacto con una escena extremadamente variada, tanto en el ámbito del arte digital como del arte multimedia, y hablamos de esta relación entre arte y ciencia”, sintetiza esta historiadora del arte ya familiarizada con el mundo de la física y de la tecnología una de estas mañanas frías porteñas.
–Asumiste en 2025 la dirección de Arts at CERN, el laboratorio europeo de física de partícula. ¿Cómo se piensa la curaduría en un centro de investigación de física fundamental donde el objeto de estudio es intangible o microscópico?
–Asumí en mayo del año pasado. Trabajar como curadora y responsable de un programa de estas características implica crear una plataforma para que artistas y científicos entablen un diálogo común. La idea es desarrollar obras visionarias que exploren conceptos transversales tanto a la práctica artística como a la científica, tal como la que desarrollan los físicos que trabajan en el CERN. El contexto científico allí es casi un filosófico.
Los artistas Juan Sorrentino y Céline Manz en CERN durante la residencia Connect en el CERN, Suiza, marzo de 2026.–Programas como Enter the Hyper-Scientific en EPFL (Escuela Politécnica Federal de Lausana) o las residencias en el CERN buscan propiciar el cruce entre científicos y artistas. ¿Qué busca el arte en el laboratorio y, a su vez, qué aprende la ciencia del artista?
–Sí, anteriormente, había trabajado en el programa Inter-European Scientific, de la EPFL. He trabajado temas como el origen del universo, la materia oscura y el aspecto más amplio del desarrollo tecnológico y de la infraestructura tecnológica necesaria para la investigación científica. Los artistas tienen una oportunidad única para ampliar el alcance de la investigación en su trabajo, y los científicos tienen la oportunidad de encontrarse con profesionales y especialistas de otro ámbito y poder compartir los aspectos teóricos de su investigación científica. Los científicos exploran los orígenes del universo y los artistas las diferentes formas de la realidad que nos rodea e ir más allá.
–Hay un tercer actor, el público que, probablemente haya “aprendido” a ver algo nuevo. ¿Cómo cambia o evoluciona el gusto estético?
–La relación entre el arte y la ciencia ha acompañado históricamente a la investigación artística, por eso, incluso desde el Renacimiento podemos decir que los artistas ya tenían rasgos que casi los equiparaban a los científicos. Hoy, la práctica artística contemporánea está en diálogo y en sintonía con los avances de la sociedad, en la que la tecnología y la ciencia están cada vez más presentes; la práctica artística sigue los avances de nuestra sociedad. Y por eso, el público empieza a acostumbrarse o se interesa cada vez más por ver prácticas artísticas experimentales que utilizan la tecnología, los medios de comunicación, y que se construyen a partir de cuestiones tanto especulativas como científicas; por lo tanto, el público se está acostumbrando a las prácticas más experimentales en el ámbito del arte y, por lo tanto, también, por ejemplo, en el CERN, contamos con el Science Gateway, que consiste en acercar la ciencia al amplio público que nos visita. En nuestra galería de arte, el público tiene la oportunidad de ver estas obras que han sido creadas por los artistas en diálogo con nuestros científicos para ofrecer, una perspectiva sobre la ciencia y sus cuestiones, como por ejemplo lo anónimo, lo desconocido, lo ignoto, que es una de las bases de la investigación científica en el CERN. Son obras que exploran diferentes medios técnicos, el medio digital, el aspecto numérico y también un enfoque diferente de la práctica artística que, no se puede reducir, por ejemplo, a la pintura, sino que explora también las tecnologías en su intersección con la práctica artística.
Juan Sorrentino y Céline Manz en CERN. durante la residencia Connect en el CERN, Suiza, marzo de 2026.–Pensaba en el concepto y en la práctica de la divulgación científica…
–Las obras de los artistas que están en residencia en el CERN permiten tener un acceso diferente y difundir las ideas científicas que se desarrollan allí, pero desde una perspectiva que sigue vinculada al ámbito artístico. Entonces no estamos más allá de la idea de la mera comunicación científica; estamos en un territorio en el que la práctica artística –es decir, los artistas con sus ideas y sus métodos– permite que un público más amplio entre en contacto con temas como la materia oscura, el Big Data, lo desconocido y las partículas que, precisamente, se investigan en el CERN. Las obras permiten, a través de experiencias estéticas, tener una intuición de la ciencia que se desarrolla allí.
Media Spazio Display, de Giulia Bini.–Publicaste el libro Media Spazio Display analizando la tradición del Centro de Arte y Medios de Karlsruhe (ZKP) en Alemania y la museografía de medios. ¿Cómo cambió la noción de “espacio expositivo” tras la aceleración del entorno digital y la virtualidad?
–Publiqué este libro sobre el ZKP, el primer centro en Europa dedicado al arte y a las prácticas digitales y científicas. Hoy ya no se habla del espacio expositivo como tal sino que se empieza a hablar de un aspecto experiencial e inmersivo del espacio expositivo; así, los visitantes ingresan a un espacio en el que las obras artísticas transmiten experiencias. Ya no se trata de observar un cuadro, sino de ingresar a un contexto compuesto por distintos medios –es decir, el sonido, lo digital, las pantallas–. Las instalaciones se combinan para crear un espacio, inmersivo también desde el punto de vista conceptual, en el que los espectadores pueden acceder, a través de diversas experiencias artísticas, a ideas científicas o tecnológicas, o en general a las ideas que estas obras transmiten. Existe una visión mucho más dinámica de la experiencia artística. Una experiencia, que está moldeada por los medios de la práctica contemporánea, que son el sonido, el video, lo digital y el aspecto de las instalaciones. Por lo tanto, todos estos aspectos contribuyen a crear una experiencia diferente del espacio expositivo. Y cada vez más contamos con nuevos conceptos, incluso del museo. El museo comienza a abrirse y la práctica artística, como dijimos antes, entra en el ámbito científico, en los laboratorios científicos: hay una expansión, una ampliación tanto de la idea de la exposición como de la práctica artística y de los lugares donde se puede disfrutar del arte.
Giulia Bini en Buenos Aires.Foto: Guillermo Rodríguez Adami.
–Cuando en la cultura, y en particular en el mundo del arte, se habla de IA, surge una pregunta: ¿Hay que llamar a un abogado? ¿Compartís esta inquietud?
–Sabemos que la tecnología se ha desarrollado más rápidamente que la legislación que la acompaña, y esto ha hecho que, desde varios puntos de vista, haya algunos avances legislativos que deben abordarse. Lamentablemente con un poco de retraso respecto a la difusión de la tecnología. Al mismo tiempo, de manera transversal, la inteligencia artificial se está convirtiendo en un medio que está transformando el mundo laboral y, en este sentido, debemos acoger este cambio en cierto modo y hacer todo lo posible por adoptar una postura crítica frente a él, tanto en lo que respecta a las posibilidades o el impacto en las prácticas artísticas, como de manera transversal también en el mundo laboral, en el mundo del trabajo intelectual. Así que, es un terreno que debemos observar con atención y con una distancia crítica, preparando además a las nuevas generaciones para que tengan a su disposición un medio y no sean utilizadas por el medio, en cierto modo, el gran peligro de la inteligencia artificial. En cuanto a cómo los artistas de hoy en día la usan la inteligencia artificial, creo que el valor está en la idea de la cocreación. Es decir, los artistas cocrean con la inteligencia artificial; esto no significa delegar completamente el trabajo a la IA, sino crear una herramienta, contar con una herramienta más en el marco de una práctica artística que, sin embargo, sigue estando muy ligada al trabajo de los artistas y a un contexto más amplio de la producción de este artista, que no se agota únicamente en el uso de la inteligencia artificial, sino que se convierte en una herramienta entre otras.









