Esto, querido lector, es una correspondencia entre dos de las grandes plumas de las letras hispánicas. Martín Caparrós y Juan Villoro, amigos y fanáticos futboleros, iniciaron una conversación –íntima y pública al mismo tiempo– con la excusa de la celebración del Mundial de Qatar, en 2022. Ahora, cuatro años más tarde, retoman esa misma seríe, titulada ‘Un mundial de ida y vuelta’, para seguir con idéntica pasión el día a día de este otro Mundial que acogen EEUU, México y Canadá.
Martín querido:
Gracias por tus buenos deseos y por rendirle tributo al Dr. Fleming, que me mantiene vivo.
La gripe es una gran impostora. Desde niños nos acostumbra a que la fiebre y los problemas respiratorios se alivian en siete días. Esa molestia nos libra de la escuela y luego del trabajo; sin embargo, anticipa algo mucho más grave: la pasión. Me refiero al sentido original de la palabra, que recuerdas en tu última carta: el camino hacia la muerte.
Sigo en el hospital, recordando a los personajes de La montaña mágica, que sólo abandonarán el cerco de la medicina si dejan de tener un silbido en el neumotórax, algo que puede durar tanto como la novela de Thomas Mann.
Me pasó algo que dice mucho de la condición del aficionado. Tuve un delirio febril del que no recuerdo nada, pues hablaba dormido. Pero Sofía, mi esposa, registró todo. Yo estaba a cargo de un equipo y mis jugadores “tenían chispa pero rendían poco”, necesitaba hacer cambios y empecé a hablar en alemán, tal vez para contratar a un delantero del Borussia. Sofía me aconsejó que me relajara: “No puedo abandonar mi changarro”, dije, refiriéndome a mi cargo de imaginario director deportivo. El fútbol es la otra vida que llevamos.
Conozco tu método de trabajo y sé que tu interés por un tema puede empezar con una irritación o una molestia: los desperfectos te vuelven elocuente. Acostumbrado a eso, no presté demasiada atención a tus críticas a Argentina y al bienamado Messi, pero el partido contra Suiza te dio la razón.
En la Confederación Helvética, uno de cada siete habitantes es millonario, los edificios tienen escaleras especiales para que los gatos suban a su departamento y los trenes circulan con la puntualidad de un país de relojeros. En ese ámbito de bienestar, no parece necesaria la compensación del fútbol. Sin embargo, tienen una selección competitiva. Los jugadores hablan las cuatro lenguas nacionales, más el albanés, traído por inmigrantes, y el inglés como idioma puente. El vestuario suizo es una Babel con duchas. A pesar de eso, el equipo se entiende bien gracias a Murat Yakin, el técnico con aspecto de productor de cine que fue una leyenda en el Basel, como capitán y entrenador. Aun así, les falta el “extra” con el que ganó Argentina. Lo peculiar es que Argentina necesite esa dosis adicional de enjundia.
Como bien dices, la expulsión de Embolo influyó en el desenlace. No soy el único que está harto de las faltas que fingen o exageran los futbolistas. Celebré la amonestación, que era la segunda y ameritaba tarjeta roja. Guiado por la teatralidad del fútbol contemporáneo, Embolo olvidó su primera amonestación y ejecutó una pirueta de cirquero para fingir que lo agredían. El atacante del Mónaco jugó a la ruleta de la peor manera.
Aunque Argentina ganó con más coraje que técnica no dejó de mostrar destellos. El imponente gol de Julián Álvarez fue una calca del que, días antes, Lopes Cabral, de Cabo Verde, le anotó a Argentina. No en balde un escritor de tu país inventó al copista absoluto, Pierre Menard, que replicó el Quijote. Al sufrir el gol de Lopes Cabral, Julián Álvarez concibió una demorada venganza: imitarlo en otro partido.
En el hospital todas las enfermeras apoyaban a Noruega contra Inglaterra y a Suiza contra Argentina. Esto no sólo tiene que ver con la simpatía por el más débil, sino con algo que comentas: el hartazgo ante la reiterada élite de campeones. En una época donde la gente duerme en la calle para conseguir lo más pronto posible la nueva versión del iPhone, decepciona que el fútbol no actualice a sus campeones. ¿Se trata de una actividad clásica o simplemente conservadora? La respuesta, en parte, está en las tribunas que describes: el espectáculo es para ricos y los países que más invierten, o que tienen legionarios en otros que sí lo hacen, son los que sacan mayor provecho.
Las semifinales del Mundial pertenecen a los socios de siempre. Ese club exclusivo no acepta nuevos miembros. Para ellos, lo divertido de que jueguen tantos es que ganan los mismos.
Los verdaderos públicos del fútbol, están lejos de los estadios y en ocasiones en zonas de guerra. Pienso en Mohamed al Wahidi, activista palestino que pertenecía al Comité Egipcio de Ayuda a Gaza. Trabajaba para aliviar un poco las inhumanas condiciones de vida en la Franja y sabía que el fútbol servía para eso. Organizó todo para que los palestinos pudieran ver en pantallas gigantes, ubicadas en distintos puntos de la Franja, el Egipto-Argentina, pero murió una hora antes del partido, por un bombardeo israelí, en el que también murieron dos chicos que regresaban de jugar al fútbol. Tres horas más tarde, aficionados argentinos le mostraban una bandera de Israel al entrenador de Egipto, transformando una insignia de identidad en una ofensa. Desde su nombre, el Mundial pretende crear una comunidad planetaria, pero la convivencia no elimina esa noción tan poco encomiable a la que aludes: la Patria y sus extremos.
Por suerte, el juego proporciona otros ejemplos. Destaco una escena del partido Noruega-Inglaterra. Cuando el árbitro marcó un penalti en favor de los ingleses (luego anulado por el VAR), Bellingham tomó la pelota para cobrar la falta. El noruego Haaland se acercó a darle un abrazo, algo inusual. Durante dos años jugaron en el Dortmund. Bellingham llegó al equipo siendo menor de edad y Haaland era el líder del vestuario. Ayudó a que se integrara y se convirtieron en mejores amigos. El Mundial los enfrentó. En el momento que narro, Jude había anotado dos goles y se disponía a conseguir un tercero. Era, claramente, un adversario. ¿Qué debía hacer su amigo vikingo? Abrazarlo, por supuesto.
Hago lo mismo
Juan








