El robo que sufrió Juan Martín del Potro en su casa de Tandil en mayo pasado parecía, en un primer momento, un episodio más de inseguridad. Sin embargo, la investigación dio un giro cuando dos de los detenidos fueron identificados como ciudadanos chilenos buscados por el FBI por integrar organizaciones dedicadas a cometer robos contra deportistas de élite en Estados Unidos.
Se trata de Bastián Jiménez Freraut (28) e Ignacio Zúñiga Cartes (21), a quienes la Justicia del Departamento de Azul les dictó recientemente la prisión preventiva junto a sus cómplices, Eduardo Gallardo Espinoza y Esteban Escobar Cartes. En el caso también fue arrestado el argentino Walter D’Amelio, que se cree que solo lo habrían contactado para realizar un viaje por una aplicación.
Dos de los acusados eran buscados por el FBI por robos en Estados Unidos
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La causa reveló algo más grande: detrás existe un fenómeno criminal que desde hace años preocupa a las fuerzas de seguridad estadounidenses y que registró víctimas en distintos estados del país, además de Canadá y Europa.
La particularidad es que no se trata de una única organización, sino que existe una comunidad de delincuentes que comparte métodos, contactos y logística, formando pequeñas bandas que nacen, se disuelven y vuelven a reorganizarse.
“No son oportunistas; esto es algo que aprenden desde chicos”, explicó a PERFIL el detective Jesús Bonilla, integrante del Major Case Squad del Departamento de Policía del condado de Nassau, en Long Island, uno de los investigadores que más tiempo lleva siguiendo este fenómeno.
Comenzó a detectar un patrón alrededor de 2017, cuando distintos condados del estado de Nueva York registraron robos con características similares. La respuesta llegó desde California, donde ya seguían a grupos de ciudadanos chilenos que ingresaban a Estados Unidos como turistas para cometer robos en viviendas de lujo.
Según detectó, el fenómeno se expandió después de que Chile ingresara al Sistema Electrónico de Autorización de Viaje (ESTA), que permite viajar por turismo durante 90 días sin visa. Por eso, mediáticamente comenzó a hablarse de “turismo delictivo” o “turistas del crimen”.
Para Bonilla, sin embargo, el caso Del Potro fue una excepción. “Argentina siempre es el carril de paso para ellos, porque cruzan la frontera con documentos falsos y después viajan a Estados Unidos, México o Canadá con ayuda de un ‘coyote’”, explicó. El investigador privado David Bolton coincidió y sostuvo que muchos ladrones chilenos fueron detenidos utilizando licencias falsas y pasaportes argentinos, además de definir al país como un lugar “muy fácil para entrar y salir”.
La hipótesis coincide con la investigación de la Policía de Investigaciones (PDI) de Chile. Según esa fuerza, Freraut y Zúñiga Cartes habían ingresado a Argentina por un paso no habilitado de la cordillera. Antes, un tercer sospechoso buscado por el FBI fue detenido junto a ellos en la comuna de Lampa.
El comisario Enrique Gutiérrez, de Interpol Chile, destacó que el trabajo conjunto entre distintos países permitió identificar el modus operandi de la banda y sostuvo que los sospechosos enfrentarán a la Justicia en Estados Unidos o Argentina, ya que no registraban antecedentes relevantes en Chile.
Una modalidad que se aprende. Después de años interrogando a decenas de detenidos, Bonilla llegó a una conclusión: “No tienen un jefe, funcionan como una red”. Describe una estructura flexible, donde pequeños grupos se forman alrededor de personas con experiencia. Luego, algunos se independizan y reclutan a conocidos. “Todos me cuentan la misma historia: mi papá robaba, mi tío robaba, mi hermano robaba. En los barrios de donde vienen, esa es la carrera de ellos”, relató.
A diferencia de otras bandas, no eligen a sus objetivos al azar. Cuando apuntan contra deportistas o celebridades, detrás del golpe hay días de observación. Las redes sociales son el principal punto de partida: analizan fotos y videos publicados por las propias víctimas para identificar viviendas, accesos y posibles puntos de ingreso. Luego utilizan plataformas de geolocalización hasta ubicar exactamente la propiedad.
Una vez identificada la casa, vigilan durante varios días en auto los movimientos del barrio y esperan el momento en que queda vacía. En el caso de los deportistas, consultan calendarios de competencia para saber cuándo juegan como visitantes o están disputando torneos lejos de sus hogares.
Generalmente buscan propiedades cercanas a zonas boscosas o poco iluminadas, ingresan por detrás, rompiendo ventanas o forzando puertas corredizas y aprovechan cambios de turno del personal de seguridad. Los grupos consiguen vehículos, alquilan viviendas a través de plataformas como Airbnb y se conectan con compradores. Bolton detalla que sus tácticas permiten que realicen los robos en muy poco tiempo, eludiendo los sistemas de alarma, utilizando inhibidores de señal Wi-Fi para bloquear las conexiones inalámbricas y desactivar dispositivos, con los llamados “jammers”.
Entre las víctimas más resonantes (ver aparte) aparecen el mariscal de campo Patrick Mahomes, figura de los Kansas City Chiefs; su compañero Travis Kelce -conocido también por ser el esposo de la cantante Taylor Swift-; y el basquetbolista Jamel “Ja” Morant.
En la mayoría de los casos, aprovecharon que los jugadores estaban compitiendo para entrar y llevarse relojes de lujo, joyas, dinero en efectivo y otros objetos de alto valor. Se cree que el valor total de lo que llevaba robado la banda que asaltó al tenista argentino supera los dos millones de dólares.
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“Son chicos; les gusta mostrar todo lo que hacen”, cuenta un detective de EE.UU.
F.P.V.
Jesús Bonilla, miembro del Departamento de Policía del condado de Nassau, expresó que detrás de la planificación de los golpes, existe un componente que muchas veces termina facilitando el trabajo de los investigadores: la necesidad de exhibir el “éxito”.
“Les fascina tener Instagram, Facebook o poner estados de WhatsApp para mostrarles a sus amigos todo lo que hicieron”, explicó. Según contó, después de concretar los robos muchos posan rodeados de relojes, cadenas de oro, dinero en efectivo y otros objetos de lujo para compartir esas imágenes con familiares y conocidos.
En ese sentido, resaltó la juventud de los integrantes de las bandas: “Son jóvenes, hay menores de edad. Tienen entre 15 y 30 años, los que son más mayores se dedican a dar otros golpes, como robos en joyerías”, resaltó.
El detective mencionó un caso paradigmático, el de Bryan Herrera Maldonado, un joven oriundo de Pudahuel (en Santiago) que comenzó a delinquir desde muy chico influenciado por un primo. Finalmente lo arrestaron a fines de 2020, cuando tenía 24 años y estaba acusado de ser uno de los principales sospechosos detrás de los robos a más de cien viviendas en diferentes ciudades estadounidenses.
Para Jesús Bonilla, la búsqueda de reconocimiento no es casual, ya que la mayoría proviene de barrios donde sus familiares o conocidos ganaron mucho dinero con estos crímenes y se convirtieron en una especie de modelo a seguro. “A mí no me gusta usar esta palabra, pero para ellos son como santos, se hacen famosos”.

“Mirá lo que hizo mi tío, compró una casa para la mamá, tiene autos, tiene plata”, recordó Bonilla sobre los relatos que escuchó durante los interrogatorios. Según el investigador, para ellos, robarle a una figura conocida no solo es promesa de llevarse “un gran botín” de su casa, sino que también les da notoriedad: “Ponen a su barrio en el mapa, como se dice”.
Paradójicamente, las mismas redes sociales que utilizan para elegir a sus víctimas son las mismas que terminan delatándolos. “Los profesionales no tienen redes sociales. Saben que así los termina encontrando la Policía”, sostuvo.
Esa diferencia termina siendo una de las claves para entender la evolución de estas organizaciones. “Los niños hacen eso porque son niños”, insistió. Y concluyó con una idea que resume parte de la investigación: la obsesión por mostrar el éxito es, al mismo tiempo, una de las razones por las que a muchos de estos ladrones los terminan atrapando.
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Del novio de Taylor Swift a estrellas de la NBA y Keanu Reeves
Jiménez Freraut y Cartes Zúñiga fueron detenidos por miembros de la Policía Federal y la DDI de Azul cuando llegaron hasta la terminal de micros de Retiro, donde tenían la intención de viajar a Misiones. Cayeron por usar una tarjeta a nombre de uno de ellos en una estación de servicio y por una multa que tenía en la Ciudad de Buenos Aires el auto que utilizaron para escapar.
De la vivienda familiar de “La Torre de Tandil”, donde vive su madre, se llevaron relojes, joyas, trofeos, medallas, raquetas y otros elementos personales. Cuando se logró identificarlos, se descubrió que sobre los jóvenes pesaba una alerta roja de Interpol por estar vinculados a un grupo que había asaltado las casas de superestrellas del deporte norteamericano que también cayó por un insólito detalle: las fotos exhibiendo los objetos robados que subieron a una cuenta de ICloud, revisada por los investigadores.

Entre las víctimas de los ladrones chilenos que usan esta movilidad hay jugadores de la NBA como Luka Doncic, de Los Angeles Lakers, Mike Conley Jr., Minnesota Timberwolves y Bobby Portis, Milwaukee Bucks. Éste último hizo una publicación en sus redes sociales en la que pidió a sus seguidores ayuda para recuperar los objetos que le habían robado: dinero en efectivo y objetos personales como relojes, cadenas, todos dentro de una caja fuerte.
En el ámbito del fútbol americano, aparecen nombres como Joe Burrow, de los Cincinnati Bengals, Patrick Mahomes y Travis Kelce.
La casa del marido de Taylor Swift fue asaltada dos días después que la de su compañero de los Kansas Chiefs; de allí se llevaron 20.000 dólares en efectivo, joyas y la camiseta que utilizó en su primer Super Bowl.
Entre los deportistas sobresalen Bobby Portis, Mike Conley
Jr. y Luka Doncic
En 2020, la policía de Reino Unido había advertido que una banda que estaba asaltando viviendas del llamado “Triángulo de Oro” de Cheshire, donde robaron casas de futbolistas de la Premier League. Por los hechos fueron condenados tres ciudadanos chilenos: Nicolás Carrasco, Alexis Carrasco y Joel Ureta.
Un caso particular en el que estuvieron relacionados delincuentes con el mismo modus operandi fue el del actor Keanu Reeves, que sufrió un robo en su casa de Hollywood Hills en 2023. El hecho incluyó seis relojes valuados en más de 125 mil dólares, entre los que estaba un Rolex Submariner personalizado de John Wick 4.
Los objetos fueron encontrados al año siguiente en Santiago por la Policía de Chile, tras un allanamiento a miembros de una banda dedicada a asaltos violentos en la capital del país.








