por qué resulta tan difícil trasladarlos

por qué resulta tan difícil trasladarlos


Durante años fueron decenas. Hoy son apenas seis. Después del traslado a un santuario de Sudáfrica de los 50 monos capuchinos que vivían en el subsuelo del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (Cemic), el complejísimo operativo para sacar a los últimos primates de experimentación que hay en Argentina inicia su fin.

Los que quedan en el hospital de Saavedra, donde hasta 2021 funcionó el último de los bioterios del país, son seis macacos cangrejeros, todos de edad avanzada, y cuyo viaje, meses atrás, a un predio de Israel quedó frustrado por la cancelación de un vuelo cuando ya habían aterrizado en Alemania, lo que los hizo ser reembarcados casi inmediatamente y volver.

La situación volvió a poner el foco sobre un conflicto muy sensible, que lleva años y recorre países.

El CEMIC cree que el Primate Sanctuary Foundation a 30 minutos de Tel Aviv –se lo recomendaron dos organizaciones expertas, la Neotropical Primate Conservation (NPC) y la International Primate Protection League (IPPL)– continúa siendo la alternativa que mejores condiciones ofrece para recibir a los animales. Con el espacio aéreo ya reabierto pese al conflicto con Irán, aseguran que el traslado podría concretarse “si mañana mismo hay un vuelo”.

La querella, encabezada por una argentina que representa a una ONG española, insiste en que los macacos no deberían ser sometidos a ese estrés otra vez, además de una siempre posible escalada bélica. Como contrapartida, propone un campo en Provincia.

Mientras, los seis ejemplares siguen alojados en el ex bioterio. Raquel, de 32 años; Carmencita, de 29; Juancito, de 16; Maco y Linda, ambos de 15; y Felipe, de 13.

Son los últimos integrantes de una colonia que el CEMIC recibió cuando cerró un bioterio de Paraguay y, según explican a Clarín, quedaron bajo su cuidado “de buena fe”, como quien tiene un “perro en tránsito”.

“Nos terminamos encontrando con una situación que nunca buscamos“, afirma a Clarín Agustín Languasco, director del CEMIC. El objetivo, aclaran, siempre fue encontrar un santuario que pudiera recibirlos.

Un vuelo imposible

El operativo parecía encaminado, en enero, después de completar durante siete meses testeos sanitarios, trámites internacionales y la preparación específica de cada animal para soportar el viaje. Los seis macacos despegaron rumbo a Israel.

El primer tramo, cumplido. Llegaron a Frankfurt, donde iban a hacer una escala de pocas horas antes de abordar el vuelo final hacia Tel Aviv. Pero la conexión fue cancelada y las autoridades sanitarias alemanas resolvieron devolver inmediatamente los animales a la Argentina. Ni los sacaron de las cajas.

Uno de los jaulones en el que se prueba la convivencia de los macacos machos. Foto: CEMIC

“Elegimos esa escala en parte porque tiene uno de los mejores hoteles de animales. Pero no los llevaron ahí. No tuvimos forma de maniobrar, fue en cuestión de horas, nos enteramos cuando los macacos ya estaban en vuelo de regreso“, cuenta Languasco.

El episodio alimentó versiones de todo tipo, incluso que uno de los monos había muerto durante el viaje. El director lo niega terminantemente y asegura que los seis regresaron “igual de bien que cuando se fueron”. Explica que la documentación sanitaria de exportación e importación acredita que “volvieron exactamente los mismos animales que habían salido” del CEMIC.

El caso de Maco era uno de los que más preocupación les despertaba. Tiene epilepsia y recibe medicación diaria. Antes del viaje, los dos veterinarios modificaron progresivamente la droga para garantizar que pudiera atravesar el trayecto sin inconvenientes. Según dice, el animal completó todo el recorrido “sin sufrir convulsiones”.

Para la institución el frustrado “vuelo macaco” terminó dejando sólo la expertise de que la preparación había sido correcta. Toleraron el traslado, las cajas especialmente diseñadas para ellos, los tiempos de espera y el viaje intercontinental sin complicaciones sanitarias.

El problema, sostienen desde el CEMIC, nunca estuvo en los animales sino en la logística aérea internacional, un proceso que describen como extremadamente complejo por la escasa cantidad de compañías que aceptan transportar fauna silvestre y por las exigencias sanitarias que imponen tanto los países de origen como los de destino.

Sólo el pasaje aéreo supera los 30.000 dólares. Pero representa menos de la mitad del costo total del traslado, que incluye la construcción de cajas especiales, estudios clínicos, reactivos importados para realizar análisis que no se hacen en el país, permisos internacionales y meses de gestiones administrativas.

Después de que comenzaran los ataques entre Israel e Irán y volviera a cerrarse temporalmente la posibilidad de volar en esa zona, el viaje quedó otra vez suspendido. Ahora, con la reapertura de la ruta, el CEMIC se apoya en que la documentación está vigente y que sólo resta esperar un vuelo disponible. Paralelamente, comenzó a gestionar una alternativa en Francia, aunque reconoce que implicaría reiniciar buena parte de los trámites.

Uno de los monos del CEMIC que ya completaron el proceso de adaptación y están ya en semi libertad en el santuario de Sudáfrica. Foto: Hidden Forest Wildlife Sanctuary

Cómo viven hoy y qué dice la inspección oficial

Mientras esperan una definición, los macacos permanecen bajo un esquema de manejo diferente al que tenían antes del vuelo frustrado.

Las tres hembras conviven en un jaulón con elementos de “enriquecimiento ambiental”, como se le dice al conjunto de actividades que los alienta a presentar conductas típicas de su especie. Los machos, en cambio, atraviesan un proceso gradual de socialización. Dos empezaron a compartir algunas horas por día en otro jaulón, bajo supervisión veterinaria, para favorecer la convivencia, mientras que Maco sigue separado, para protegerlo por su enfermedad neurológica.

Según Languasco, la experiencia con los monos caí que ya están en Sudáfrica les permitió avanzar mejor con los macacos. La adaptación de esos capuchinos llevó a modificar el manejo cotidiano de los primates que todavía permanecen en el ex bioterio.

A fines de mayo, una inspección realizada por la Brigada de Control Ambiental de la Nación, a pedido de la Unidad Fiscal Especializada en Materia Ambiental (UFEMA), evaluó precisamente esas condiciones.

Fuentes de la investigación describieron a Clarín que los inspectores observaron que los animales presentaban un estado corporal acorde con la edad de la colonia y contaban con agua permanente mediante bebederos automáticos, alimentación regular, atención veterinaria y registros individuales.

El informe concluyó que no existían indicadores objetivos que permitieran inferir situaciones actuales de maltrato, crueldad o sufrimiento innecesario y consideró que un eventual traslado resulta biológicamente viable siempre que se mantengan los protocolos de bienestar aplicados hasta ahora. También explicaron que los ejemplares permanecen bajo cuarentena controlada por el Senasa, lo que facilita su ingreso al país de escala y de destino.

El sistema de túneles entre los grupos de monos capuchinos y otros primates, para controlar su vinculación. Foto: Hidden Forest Wildlife Sanctuary

La querella también mantiene su posición. Y es bien diferente. María de las Victorias González Silvano, apoderada en Argentina de Proyecto Gran Simio España, dice a Clarín que la fiscalía rechazó cinco veces el pedido de llamar indagatoria a los responsables del ex bioterio y cuestiona que la prioridad siga siendo “un viaje de unas 30 horas y a un país donde caen bombas”.

También responde al argumento del CEMIC de que los predios propuestos dentro del país carezcan de habilitación, como la Fundación Campo Bianco, en Luján.

“Ellos tienen toda la habilitación de Provincia, porque están en Provincia. Si les querés trasladar animales de Capital tenés que generar la papelería, eso es normal, es lo que pasa siempre cuando vos cambias de jurisdicción, eso lo hace la Subsecretaría de Ambiente en un toque. Así que no es que el lugar no esté apto“, aclara.

Desde el sanatorio responden que durante años analizaron alternativas locales e internacionales -como Temaikén, que no tiene experiencia en esta especie, o un santuario en Uruguay llamado Talice, pero que no recibe primates gerontes- y que “incluso las aptas (como el Proyecto Carayá, en Córdoba) reconocieron no contar con espacio suficiente ni presupuesto para recibirlos”. Por eso insisten en que la mejor opción es sacarlos de Argentina.

Como antecedente, actualizan el estado de los monos caí. Según informe al que tuvo acceso este diario, firmado el 28 de mayo por Isabel Wentzel-Currie, parte del equipo del Hidden Forest Wildlife Sanctuary de Sudáfrica, “los animales se encuentran activos, estables, socialmente integrados y avanzan en la convivencia con otros grupos de capuchinos que ya habitaban el lugar”. Una evolución que para el hospital confirma que la larga búsqueda de un destino especializado “dio resultado”.

Siguiendo día a día las noticias políticas en Medio Oriente, desde el CEMIC, “por las dudas”, ya tienen un “plan B”. Ese santuario de Francia que también fue recomendado por las dos organizaciones mundiales expertas en rescate de primates, por “ser apto aunque de menor calidad”.

Eso implicaría alrededor de” seis meses más”, entre testeos, trámites y autorizaciones sanitarias que ya caducarían o dejarían de ser válidas, para alcanzar este nuevo destino, muy lejos de Israel, y que, de concretarse, pondría punto final a la presencia de primates en el subsuelo del CEMIC.