Entre la marea humana que en la noche del sábado se echó a las calles de Nueva York era difícil elegir a una sola persona que simbolizara la alegría de una ciudad de más de ocho millones de habitantes. En los alrededores del Madison Square Garden se podían encontrar miles de historias. Pero la de Jay Gentelli era una de las buenas. Y sirve para explicar por qué la victoria de los Knicks frente a los Spurs de San Antonio es de las que se recordará toda una vida.
63 años. Fan del equipo naranja y azul desde niño. Y no había visto algo así en toda su vida. ¿Cómo se siente ahora que los Knicks han ganado su tercer campeonato de la NBA, 53 años después de la última vez? “Como si volviera a tener 20 años”, responde sin poder contener las lágrimas Gentelli, un neoyorquino de pura cepa que ha vivido siempre a pocas calles del Madison Square Garden.
Arielle, de 35 años, no lleva toda su vida, como Gentelli, viendo partidos de baloncesto. Pero no por eso tiene menos motivos para festejar. “¿Fan de los Knicks? No, yo soy fan de Nueva York. Y nunca había visto esta alegría, esta sensación de comunidad, de pertenencia. Este equipo puede no ser el más veloz, sus jugadores pueden no ser los más altos ni los más fuertes. Pero mira lo que han conseguido. Si ellos pueden hacer esto, no hay nada que los demás no podamos lograr”, dice mientras posa con el signo de la victoria.
La victoria de los Knicks, en los últimos minutos y tras un partido en el que en todo momento dominaron los Spurs, reventó de alegría la ciudad. Caminar por la Quinta Avenida o Times Square era en la madrugada del sábado un espectáculo de bocinas, gritos de felicidad pura, abrazos entre desconocidos y música que salía de los coches con el machacón Empire State of Mind de Jay-Z y Alicia Keys.
Ya en los aledaños del Madison Square Garden, el recinto donde juegan los Knicks, la cosa se calentaba. Bengalas, contenedores ardiendo y algún coche vandalizado. La amenaza de violencia contra la que lleva días alertando el alcalde Zohran Mamdani parecía acercarse. Las autoridades habían reforzado de nuevo la seguridad en la zona tras los incidentes registrados en las anteriores celebraciones. El pasado miércoles, en otro partido de las finales, 56 personas fueron detenidas tras la victoria de los Knicks.
Pese a los incidentes, lo que predomina es la alegría y la sensación de unidad en una ciudad dividida por tantas cosas. Porque hay pocas cosas que unan a los neoyorquinos tanto como los Knicks. En baloncesto, los Nets son un equipo eminentemente de Brooklyn. En béisbol, la ciudad se divide entre los Yankees y los Mets. Ni el fútbol americano ni el hockey ni el fútbol tienen esa capacidad aglutinadora. Este sábado salían de fiesta juntas personas de todas las edades, sexos, colores y condición social. De empresarios a punto de jubilarse a adolescentes recién salidos del instituto. Neoyorquinos de varias generaciones y recién llegados como Sean, ingeniero de Singapur que lleva tres años aquí y que ya se siente uno más. “Amo esta ciudad. Y los Knicks nos han dado a muchos un sentido de pertenencia que no teníamos”, dice deteniéndose solo unos segundos antes de volver corriendo a fundirse con la muchedumbre. Este espíritu de unidad se ha visto empañado por las críticas que estos días ha lanzado el dueño de los Knicks, James Dolan, a Mamdani. Nada más conocerse la victoria, el alcalde anunció que el próximo jueves se celebrará un desfile y una ceremonia en el Ayuntamiento para homenajear al equipo y entregarle las llaves de la ciudad.
“Este equipo de los Knicks ha logrado sorprender cada vez más; se han superado partido tras partido. Ha sido extraordinario ver su ética de trabajo, cuánto se respetan y cómo juegan en equipo. Han demostrado que para unirnos no siempre es necesario que ocurra una tragedia, como el 11-S o la pandemia del Covid. Necesitamos ejemplos, héroes. Y estos chicos lo son”, aseguraba hace unos días en conversación con este periódico David Hollander, profesor en el Instituto de Deporte Global de la Universidad de Nueva York y autor del libro Cómo el baloncesto puede salvar al mundo.
La alegría en Nueva York estalló el sábado, pero lleva ya semanas inundando una ciudad en la que el alcalde Mamdani se ha convertido en el mejor animador del equipo local. Figuras como Spike Lee y Timothée Chalamet han sonreído, gozado y rapeado ante las cámaras para festejar los éxitos del equipo que primero logro el récord de llegar a la final por primera vez en 27 años y ahora de coronarse en la NBA por primera vez desde la época en la que en los cines se estrenaba El exorcista y en las discotecas se bailaba el Superstition de Stevie Wonder.
Estos días se ha hecho viral un grito que improvisó delante de las cámaras un chico de 23 años llamado Ahnaf Hossain. “Mi alcalde es musulmán, mi bagel es judío y mi Cristiano Dior, Knicks a la final”, podría ser una traducción aproximada (con menos gracia que la original: “My mayor’s Muslim / My bagel’s Jewish / My Christian’s Dior / Knicks in four!”). Con estas palabras, Hossain rendía homenaje a la diversidad de una ciudad en la que conviven personas de todos el mundo, de todas las religiones y de todos los colores de piel. Y que este sábado ha vibrado como si fuera solo uno ante la hazaña de Jalen Brunson y sus compañeros.








