divorcio, cambio de vida y una transformación en el océano

divorcio, cambio de vida y una transformación en el océano


El fotógrafo y escritor Sebastián Letemendia narra en Pacífico la concreción de un proyecto imaginado durante años. El libro, publicado por Casa Editora, con imágenes de Magdalena Albin, sigue la travesía en velero por el océano y registra las decisiones, los temores y los cambios personales que acompañan cada etapa del viaje.

Letemendia comienza a imaginar un viaje por el océano Pacífico desde muy joven. A los 13 años, su padre le presenta Dove, el libro de Robin Graham, navegante que dio la vuelta al mundo en un velero de siete metros. La lectura despierta su interés temprano en la navegación y en los viajes prolongados. Sus padres trabajaban en El Ateneo, librería fundada por su abuelo, que funcionaba como una biblioteca personal y un escenario de aprendizajes.

A los 15 años, el autor recibe la oportunidad de salir solo con un barco prestado, experiencia que consolida su conocimiento práctico y su autonomía. Promediando el secundario, organiza un crucero largo con amigos por el Delta y la costa uruguaya, y luego completa el curso de piloto en la Prefectura. “Sabía que un día iba a necesitar esa credencial (siempre la mantuve vigente)”, confiesa en el libro.

Antes de embarcarse en el Pacífico, Letemendia atraviesa una etapa de redefiniciones. Se separa, se retira de la actividad empresarial que había ocupado buena parte de su vida y se enfrenta a preguntas sobre el rumbo personal y familiar. La pandemia lo encuentra en un momento de cansancio emocional y con más preguntas que respuestas.

Pacífico, de Sebastián Letemendia, con imágenes de Magdalena Albin (Casa editora). Foto: gentileza del autor.

Valija en mano

Un sábado de julio de 2020, en plena pandemia de Covid-19, deja su casa con una valija de mano y una bicicleta. Decide no mirar atrás. En ese gesto reconoce el comienzo de una transición. El descanso llega de manera inesperada: duerme mejor, camina, piensa, vuelve a imaginar proyectos que habían quedado en suspenso. Entre ellos, las aventuras en el mar.

La navegación aparece como una forma de ordenar ese nuevo tiempo. La compra del barco se convierte en un gesto concreto para iniciar esa etapa. El Paz, un velero de 32 pies, se convierte en la base de un proyecto mayor, que más tarde continuará a bordo del Vis a Vis.

El autor recuerda que el deseo de navegar no surge de manera improvisada, sino como una aspiración sostenida durante décadas. Aquellas primeras experiencias en el Delta y en el río Paraná le permiten adquirir autonomía en el manejo de embarcaciones. Esa experiencia acumulada hace que confíe en sus decisiones cuando el proyecto empieza a tomar forma.

El libro cuenta que el 6 de noviembre de 2023, al mediodía, Letemendia suelta amarras desde España a bordo del Vis a Vis, acompañado por su pareja Magdalena Albin y un grupo de amigos. La escena marca el inicio de un recorrido que incluye el canal de Panamá, las islas Galápagos, las Marquesas y Nueva Zelanda, para regresar luego a Sudamérica por los Cuarenta Bramadores, el Cabo de Hornos y las islas Malvinas.

La partida se vive como un momento de intensidad emocional. El autor describe que, mientras el barco se separa del muelle, siente una mezcla de alivio y expectativa. Envía un mensaje al equipo que permanece en tierra y agradece la confianza de quienes lo acompañan. En ese instante aparecen lágrimas. No se trata de una despedida definitiva, sino del reconocimiento de que el proyecto finalmente está en marcha.

Los temores que preceden a la salida forman parte del relato. El navegante reconoce que antes de partir aparecen dudas relacionadas con la familia, el trabajo y la estabilidad económica.

Sin embargo, una vez que el barco entra en mar abierto, esas preocupaciones se transforman en concentración. “Todos los infinitos miedos que tenés antes de salir, que a veces te inhiben de hacer un proyecto tan grande durante tanto tiempo… una vez que decidís salir y empezar con el proyecto ya le metés para adelante. Cuando ya estábamos navegando, no tuvimos nada de miedo”, señala a Clarín.

Sebastián Letemendia, autor de Pacífico (Casa editora). Foto: gentileza del autor.

Una casa flotante

El interior del Vis a Vis funciona como una casa flotante. El libro describe un espacio ordenado, con maderas claras, asientos cómodos y rincones destinados a la lectura y la conversación. La convivencia se organiza en turnos de navegación y tareas compartidas. El tiempo se distribuye entre maniobras, descanso y momentos de silencio. Hay tiempo para todo, pero sobre todo para compartir la intimidad de la charla, la música y la quietud que propone el paisaje alrededor.

La vida a bordo reduce la cantidad de objetos necesarios. El aventurero explica que la rutina diaria se simplifica y que la atención se concentra en la relación con los otros tripulantes. “Vivir arriba del barco es una vida de poco consumo. Tenés dos pantalones, dos remeras, un buzo y algunos libros para leer. El resto es amistades, compartir, cada tanto algún trueque en un destino”, cuenta.

El grupo humano se convierte en un elemento central del viaje. Las conversaciones nocturnas, las comidas en cubierta, el festejo de los cumpleaños y las decisiones compartidas generan una dinámica de confianza mutua. El barco se transforma en un espacio donde cada integrante depende de los demás y donde las responsabilidades se distribuyen con claridad.

Pacífico, de Sebastián Letemendia, con imágenes de Magdalena Albin (Casa editora). Foto: gentileza del autor.

El recorrido por el Pacífico se desarrolla en tramos largos que exigen resistencia física y atención constante. Uno de los momentos más significativos ocurre durante el cruce de veinte días entre las islas Galápagos y las Marquesas. El mar abierto obliga a sostener rutinas estrictas y a confiar en la planificación previa.

Cuando el barco llega a destino, el navegante reconoce un cambio interno. La distancia recorrida adquiere un sentido simbólico. “Ya no hay vuelta atrás, no podés volver al continente americano. Es todo hacia el oeste”, dice. La frase refleja la conciencia de haber superado un punto de no retorno.

En ese mismo tramo se produce una conversación telefónica con su padre. El diálogo se desarrolla con naturalidad y sin tensiones. El autor recuerda el momento como una señal de cercanía emocional. “Tuvimos una conversación linda. Mi padre nunca fue muy expresivo a la hora de hablar, pero yo sentía que estaba contento”, relata.

La crónica también describe la variedad de paisajes que atraviesa la tripulación: puertos comerciales, archipiélagos aislados y canales estrechos donde la navegación requiere precisión. Cada llegada a un nuevo destino se vive como una pausa en el ritmo del viaje y como una oportunidad para revisar el estado del barco y del equipo. También aparecen las salidas a correr, las conversaciones con la gente local y la riqueza de cada cultura a lo largo del viaje.

Pacífico, de Sebastián Letemendia, con imágenes de Magdalena Albin (Casa editora). Foto: gentileza del autor.

Un cambio de mirada

Con el transcurso de la travesía, el navegante observa que su relación con el tiempo se modifica. La ausencia de horarios estrictos permite concentrarse en actividades simples como leer, conversar o simplemente contemplar el horizonte. La navegación prolongada favorece una forma de atención sostenida y una convivencia basada en la escucha.

El relato registra que, después del divorcio y del retiro profesional, Letemendia se siente más tranquilo frente a las decisiones económicas y personales. Reconoce que la experiencia en el mar le permite ordenar prioridades y reducir preocupaciones. La travesía se convierte en un capítulo de la vida que no reemplaza a los anteriores, sino que los reorganiza.

Cuando se le pregunta qué significado tiene esa etapa, el navegante responde sin referencias técnicas ni balances épicos, y define el viaje como una forma de vida sostenida en el tiempo.

Pacífico, de Sebastián Letemendia, con imágenes de Magdalena Albin (Casa editora). Foto: gentileza del autor.

“Fue algo distinto, largo en el tiempo. Una vida tan real y tan cierta como otras vidas que ocurren. Fue más de esta gran aventura que es vivir. Si aprendí algo que no se puede ver en tierra firme, es que podés vivir con menos estímulos, tenés un poco más de vida que ocurre en tu cabeza, imaginando destinos, leyendo libros, rememorando cosas que viviste, conversando con tus amigos a bordo del barco. Hay mucha más vida en tu cabeza, más íntima, compartida con poca gente“.

Y finalmente concluye con la llegada al Río de la Plata, después de atravesar el Cabo de Hornos y las aguas del Atlántico sur. El regreso no se presenta como un cierre definitivo, sino como el final de una etapa que deja aprendizajes y preguntas abiertas sobre el futuro.

Pacífico, de Sebastián Letemendia, con imágenes de Magdalena Albin (Casa editora).