Durante años, los únicos papeles reservados para el actor Rupert Everett (Reino Unido, 67 años) eran los del “amigo gay de”. Fue el de Julia Roberts en La boda de mi mejor amigo (1997) y el de Madonna en Algo casi perfecto (2000). Encasillado o no, estas películas fueron la plataforma global para que todo el mundo conociera a este británico alto (de casi dos metros) con aspecto de lord inglés que acabó revelándose como una de las lenguas con menos pelos de Hollywood. Si en sus tres libros de memorias —Red Carpets And Other Banana Skins (2006), Vanished Years (2012) y To the End of the World: Travels with Oscar Wilde (2020)— pecó de indiscreto hablando de cierto olor “a sudor” de Roberts y Madonna, pero también de su adicción al sexo y a las drogas (llegó a confesar haber trabajado como chapero para pagarse la heroína), en una entrevista reciente con The Guardian el actor ha admitido que en el pasado fue alguien “descarado, prepotente, hipócrita, letal”.
Rupert Everett, el eterno amigo gay de Hollywood, hace autocrítica de su pasado: “Solo me interesaba yo mismo y mi placer. Era un poco sociópata”








