Argentina es un país diverso, también, en religiones. Atraviesa una transformación sostenida de su mapa religioso, caracterizado por el quiebre de la hegemonía católica, el crecimiento de las opciones evangélicas y, a la vez, del segmento que nuclea a la población sin filiación religiosa.
El cambio lo muestra el Observatorio de las Creencias de la Universidad de Buenos Aires (OCREAR CBC-UBA), que este lunes presentó el primero de una serie de cuatro informes en base a encuestas a mayores de 16 años a nivel nacional. Es el “Barómetro de las Religiones y las Creencias”, que de ahora en más pondrá el foco en qué, cómo y por qué creemos (o no) los argentinos.
La investigación marca que aunque el catolicismo continúa siendo la religión mayoritaria, con un 57,7% de adeptos, la cifra está muy lejos del 90% registrado en 1960, cuando el Censo Nacional de Población lo midió por última vez. “Es la caída continua del catolicismo”, explica a Clarín su director e investigador del Conicet, Juan Cruz Esquivel.
Además, dice el sociólogo, crece la cantidad de personas sin filiación religiosa. “Incluye a quienes declaran no tener religión, a las personas agnósticas y ateas, y son el segundo grupo en magnitud, alcanzando un 22,4%”, detalla.
Según el relevamiento, el principal factor de este volantazo espiritual es el recambio generacional. Los jóvenes ya no se identifican con los credos tradicionales.
“Se confirma el avance de procesos de desinstitucionalización religiosa“, puntúa Esquivel, pero aclara que esta categoría no implica necesariamente ausencia de religiosidad. “Al contrario, una proporción significativa mantiene creencias y prácticas espirituales”.
Este fenómeno se aproxima a lo que la literatura denomina “creer sin pertenecer”. El aura de “religiosidad” persiste, pero desvinculada de instituciones formales. “En este grupo hay personas que son creyentes, la gran mayoría, pero no se identifican con ninguna religión. Y también hay agnósticos y ateos”, sigue.
El campo evangélico, como contrapartida, consolida su posición como segunda identidad religiosa organizada (17,4%). “Estos datos muestran que el campo religioso argentino ya no se estructura en torno a una única identidad dominante”, se describe en el informe.
Las personas más jóvenes entre los encuestados representan mejor esta dualidad, la “individuación de las creencias”, que significa que las personas canalicen su prácticas por fuera de los conglomerados institucionales, y por otro, mayor adhesión a a alguna de las denominaciones evangélicas. “La religión católica ha envejecido”, sentencia.
Los jóvenes son menos católicos (44,6%) mientras que entre los adultos mayores el catolicismo conserva una posición dominante (69%).
¿Argentina se está convirtiendo cada vez más en un país “no católico”? “Diría que en un país con un paisaje religioso cada vez más diverso. El catolicismo continúa siendo mayoría, pero se ha resquebrajado su hegemonía”, cierra el investigador.
Religión y desigualdad social
El trabajo también muestra que las diferencias religiosas están atravesadas por factores sociales y educativos.
Los evangélicos se concentran en mayor medida en sectores con menor nivel educativo (22,5%), mientras que la población sin filiación religiosa crece en los niveles educativos medio y alto (28,5% y 27,9%, respectivamente).
Según el informe, estas diferencias reflejan que las distintas formas de religiosidad cumplen funciones sociales diferenciadas.
Los espacios evangélicos suelen estar asociados a redes de contención comunitaria y apoyo social, especialmente en sectores más vulnerables. Las diferencias también se expresan territorialmente.
Mientras que el catolicismo conserva una presencia más fuerte en el interior del país, donde alcanza el 59,4%, la población sin filiación religiosa se concentra especialmente en el AMBA, con un 26,1%.
Los investigadores interpretan que los grandes centros urbanos funcionan como espacios donde las transformaciones culturales suelen aparecer primero, favoreciendo procesos de diversificación y debilitamiento de las pertenencias tradicionales.
El relevamiento identifica además otro rasgo persistente: la feminización de la religiosidad.
Las mujeres mantienen una vinculación más fuerte con las instituciones religiosas, particularmente dentro del mundo evangélico, mientras que los hombres muestran una mayor tendencia a declararse sin religión.








