El año perdió su primavera fue el título de la novela que publicó Edgar Morin en Francia en junio de 2024. El 8 de julio iba a cumplir 105 años, murió ayer 29 de mayo y dejó una obra frondosa y una huella en la filosofía y la historia difícil de comparar. Nunca dejó de estar activo. “Arroja luz sobre la construcción psicológica, intelectual y política de uno de los más grandes pensadores de nuestro tiempo”, explicaba la editorial Denoël en la presentación de ese libro.
Alain Touraine lo llamaba: “El pensador planetario”. La muerte de Edgar Morin, a los 104 años, cierra uno de los capítulos más extensos y singulares de la historia intelectual contemporánea. Pocos pensadores atravesaron con semejante intensidad casi todo el siglo XX y buena parte del XXI. Combatiente de la Resistencia francesa durante la ocupación nazi, crítico del estalinismo, estudioso de la cultura de masas, teórico de la complejidad y defensor de un humanismo planetario, Morin fue una figura imposible de encasillar. Su muerte provocó una inmediata ola de homenajes en todo el mundo. En 2010, la Universidad de Santiago del Estero le concedió un doctorado Honoris Causa, en la resolución administrativa se destacó: “Que las relevantes contribuciones del Dr. Edgar Morin en el campo de la Filosofía y la Antropología acreditadas en sus publicaciones y trayectoria académica en docencia e investigación simbolizan un aporte inestimable para el desarrollo humano en nuestra Provincia”.
El presidente francés Emmanuel Macron fue uno de los primeros en despedirlo. Lo definió como “el humanismo hecho persona” y como un “espíritu universal”, destacó su capacidad para pensar los grandes desafíos de la humanidad sin caer en los simplismos ideológicos.
Las reacciones atravesaron todo el arco político francés. El ex presidente François Hollande recordó que Morin eligió durante toda su vida “los caminos de la libertad intelectual”. El dirigente de izquierda Jean-Luc Mélenchon destacó que incluso después de los cien años seguía participando de los debates públicos y de las protestas contra las injusticias internacionales. Por su parte, el ex canciller Dominique de Villepin afirmó que “su pensamiento nos sigue abriendo caminos”.
Para muchos franceses, Morin era algo más que un filósofo: era una especie de conciencia moral de la nación. El diario Libération lo había definido años atrás como “el abuelo de todos los franceses”, una figura capaz de conectar memoria histórica, reflexión política y sensibilidad humana.
Tiempos interesantes
Nació el 8 de julio de 1921 en París como Edgar Nahoum, fue hijo único, huérfano de madre a los 10 años. Estudió en la Sorbona y en la Universidad de Toulouse. Licenciado en geografía e historia y en derecho en 1942, cursó posteriormente estudios universitarios de sociología, economía y filosofía. Entonces estalló la Segunda Guerra Mundial y abandonó esos cursos. Fue militante de la resistencia francesa contra la ocupación nazi y, más tarde, miembro del Partido Comunista Francés hasta 1951, año en que fue expulsado por su antiestalinismo. En los tiempos de la clandestina lucha contra el nazismo adoptó el seudónimo de “Morin”.
Edgar Morin fue hijo único, huérfano de madre a los 10 años.Su alejamiento del Partido Comunista Francés y sus críticas abiertas al marxismo ortodoxo le valieron tanto admiración como rechazo en diferentes círculos intelectuales. Además, sus ideas sobre la educación y la reforma del pensamiento crítico han generado debates intensos, especialmente en el ámbito académico francés. Morin ha sido acusado de ser demasiado utópico en sus propuestas, mientras que otros lo consideran un faro de esperanza en un mundo en crisis.
En 1950 ingresó al Centre National de la Recherche Scientifique, donde desarrolló gran parte de su carrera académica y llegó a convertirse en director emérito de investigación. Desde allí construyó una obra monumental que desafió las fronteras tradicionales entre disciplinas.
Su nombre quedó asociado para siempre a la teoría del “pensamiento complejo”, una propuesta filosófica y epistemológica que cuestionaba la fragmentación del conocimiento. Para Morin, los grandes problemas de la humanidad –la crisis ecológica, las desigualdades, las guerras, las transformaciones tecnológicas– no podían entenderse desde una sola disciplina. Había que relacionar saberes, conectar fenómenos y asumir las contradicciones del mundo contemporáneo.
La expresión más ambiciosa de esa búsqueda fue El Método, una serie de seis volúmenes publicados entre 1977 y 2004 que muchos consideran su gran legado intelectual. Allí integró conocimientos provenientes de la biología, la física, la sociología, la antropología y la filosofía para construir una nueva forma de pensar la realidad.
Morin también fue un agudo observador de la cultura contemporánea. Analizó el cine, la juventud, la comunicación de masas y los cambios sociales de la posguerra. Entre sus libros más influyentes figuran El hombre y la muerte, El paradigma perdido, La vía, Introducción al pensamiento complejo y Ciencia con conciencia. También fue pionero del llamado “cinéma vérité” gracias al documental Chronique d’un été, realizado junto al sociólogo y cineasta Jean Rouch.
Reconocimiento mundial
A lo largo de su vida recibió doctorados honoris causa en universidades de todo el mundo y numerosas distinciones internacionales. Su influencia fue particularmente fuerte en América Latina, donde sus ideas sobre la complejidad fueron adoptadas por investigadores, pedagogos y movimientos sociales. De hecho, varios especialistas sostienen que su recepción latinoamericana fue más intensa que la francesa.
El intelectual y filósofo francés Edgar Morin, durante la presentación en Barcelona de su libro “Vidal y los suyos”, una biografía singular sobre el auge, el crepúsculo y la muerte de la cultura sefardita. EFE/Alberto Estévez.La relación de Morin con América Latina fue constante. Dictó cursos, participó en seminarios y mantuvo diálogos con universidades de la región. Sus conceptos fueron incorporados en programas educativos de países como México, Brasil, Colombia, Chile y Argentina. En numerosas entrevistas elogió la riqueza cultural latinoamericana y la necesidad de pensar los procesos sociales desde perspectivas menos eurocéntricas.
En el caso argentino, Morin fue leído con particular intensidad en las facultades de ciencias sociales, educación y comunicación. Sus libros circularon ampliamente desde los años noventa y se transformaron en bibliografía obligatoria para varias generaciones de estudiantes. Aunque no mantuvo una relación tan visible con escritores argentinos como la que tuvieron otros intelectuales franceses, sí manifestó admiración por la tradición cultural del país y por la proyección universal de figuras como Jorge Luis Borges, cuya obra consideraba un ejemplo de pensamiento abierto y de diálogo entre culturas. La influencia de Borges, precisamente, aparece con frecuencia asociada a las ideas de complejidad y universalismo que también defendió Morin.
Durante los últimos años fue leído y citado por académicos, pedagogos, filósofos y comunicólogos argentinos como Alejandro Piscitelli, uno de los principales difusores de las teorías de la complejidad en la región. Morin estuvo en el país en 2002, participó del seminario “Etica y Estado”, organizado por la Cámara de Diputados bonaerense y la cátedra itinerante Unesco “Edgar Morin” de la Universidad del Salvador.
Después vino una carrera académica intensa, una obra frondosa y una trascendencia que se prolongó largamente en el tiempo. Recibió cerca de 20 doctorados Honoris Causa, uno de ellos de la Universidad Nacional de Santiago del Estero.
También escribió ficción
Su carrera como escritor de ficción estuvo apenas insinuada. El año perdió su primavera fue su segunda novela. La primera, de 2017, fue La isla de Luna y también se trataba de un escrito de juventud encontrado, cuyo héroe tenía el mismo nombre la segunda: Albert Mercier. En el caso de la segunda novela, se pensó durante mucho tiempo que el manuscrito se había perdido, a lo largo de sus mudanzas.
Morin escribió inicialmente El año perdió… a cuando sólo tenía 25 años, allí cuenta la vida del protagonista Albert Mercier, con quien el propio Morin comparte muchas similitudes. “No se lo mostré a nadie. Sabía que tenía suficiente inteligencia para trabajar en las ciencias humanas, pero dudaba de tener el talento de un novelista. Por otro lado, no quería herir ni entristecer a mis padres”, se justifica el autor en la introducción.
Edgar Morin.Estos últimos años lo encontraron por demás productivo. En 2021 publicó sus memorias Lecciones de un siglo de vida, y un año después ¡Despertemos!, un llamado alarmante contra los peligros que amenazan la humanidad. En 2023 editó el ensayo geopolítico De guerra en guerra: de 1940 a Ucrania. En 2025 publicó 2025 Lecciones de la historia: ¿Podemos aprender de nuestro pasado? (Taurus)
Lecciones de un siglo de vida, de Edgar Morin.En enero de 2024 escribió en Le Monde: “Frente a la policrisis que atraviesa la humanidad, la primera resistencia es la del espíritu”. Allí sostenía y advertía que “Con el aumento de las guerras, el cambio climático y el auge de los regímenes autoritarios, el mundo puede estar abocado al desastre, pero debemos resistir al odio”
“¿No es medianoche en nuestro siglo?”, se pregunta. Y argumenta: “Actualmente hay dos guerras en curso. La de Ucrania ya ha provocado la movilización de la ayuda económica y militar de gran parte del mundo, y el conflicto se radicaliza y amenaza con extenderse. Rusia no ha conseguido anexionarse Ucrania, pero mantiene las regiones rusoparlantes antes separatistas. El bloqueo ha debilitado parcialmente a Rusia, pero también ha estimulado su desarrollo científico y técnico, sobre todo en el ámbito militar. La guerra ya ha tenido consecuencias de gran alcance: La creciente y variable autonomía del Sur frente a Occidente y el estrechamiento del bloque Rusia-China. Un nuevo hervidero bélico se encendió en Oriente cercano tras la masacre de Hamás del 7 de octubre de 2023, a la que siguió el mortífero bombardeo israelí de Gaza. Esta matanza, unida a los actos de persecución en Cisjordania y a las declaraciones anexionistas, despertaron la latente cuestión palestina. Demostraron la urgencia, la necesidad y la imposibilidad de descolonizar lo que queda de la Palestina árabe y crear un Estado palestino”, dictaminó.
Durante más de un siglo, Edgar Morin observó guerras, revoluciones, dictaduras, transformaciones tecnológicas y cambios culturales profundos. Sobrevivió a casi todos sus contemporáneos y mantuvo intacta una curiosidad que parecía inagotable. En tiempos dominados por la velocidad, la polarización y las respuestas fáciles, su obra deja una lección que atraviesa décadas: comprender exige relacionar, conectar y aceptar que la realidad siempre es más compleja de lo que parece.







