Hace exactamente un año, el 20 de mayo de 2025, obreros que trabajaban en la medianera de un terreno en Coghlan, sobre Avenida Congreso al 3700, descubrieron de casualidad un cuerpo. En realidad era un esqueleto que se les cayó encima desde el jardín de la casa vecina, donde estaba realmente la tumba.
El episodio se hizo conocido rápidamente no sólo por sus características singulares sino también porque en el lugar, donde se estaba llevando adelante la obra, se levantaba en su momento una casona por la que habían pasado varias celebridades. Entre 2002 y 2003 allí incluso había vivido el líder de Soda Stereo, Gustavo Cerati.
Durante semanas la figura de Cerati traccionó la atención del caso, aunque no tuviera nada que ver. Posteriormente lo que se fue descubriendo fue igualmente impactante: los restos óseos pertenecían a un adolescente, Diego Fernández Lima (16), a quien su familia buscaba desde julio de 1984. Y no sólo eso, el jardín donde estaba enterrado era el de la casa de la familia de Cristian Graf con quien Diego era compañero de colegio.
A un año de ese descubrimiento la investigación penal para intentar establecer qué pasó con Diego sigue su curso. Y la novedad más reciente tiene que ver precisamente con la tumba. Un informe de Gendarmería que fue elevado al fiscal martín López Perrando este lunes recomienda volver sobre la zona de la fosa y excavar nuevamente allí.
El lugar fue exhaustivamente revisado en su momento por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) cuyo trabajo resultó clave para identificar a la victima. Pero a principios de mes el juez Alejandro Litvak autorizó -a pedido de la fiscalía- que Gendarmería revisara con un georradar los fondos de la casa de Graf para buscar piezas óseas faltantes y una potencial arma homicida. A Diego lo apuñalaron por la espalda al menos una vez.
La pericia se hizo el 4 de mayo pasado y el informe de la División Prospección Geofísica del Departamento de Estudios Forenses Complejos no tuvo grandes revelaciones: en el terreno se encontraron anomalías compatibles con el relleno del jardín que esta elevado unos 50 centímetros sobre el nivel de la casa. Nada que reportar.
Sólo en un punto, muy cercano a donde ya trabajo el EAAF, se detectó algo que, para los gendarmes, ameritaría una excavación para saber exactamente de qué se trata. Hay que aclarar que un georradar emite ondas que rebotan y devuelven una imagen difusa. No sirve para saber si lo que esta bajo tierra es importante o no, ni siquiera muestra su forma. En este caso la “anomalía” está cercana a la tumba y a la misma profundidad.
Diego Fernández Lima, el chico de 16 años que desapareció en julio de 1984 y sus restos fueron encontrados hace un año.“Resuelvo decretar una medida de no innovar respeto del subsuelo y superficie de la totalidad del patio trasero del inmueble ubicado en Av. Congreso 3742 de esta ciudad, por el termino de sesenta días”. Así concluye la resolución, fechada el 11 de mayo, por la cual el juez Alejandro Litvak le prohibió a Cristian Graf modificar el jardín en el que hace un año se descubrieron los restos de Diego Fernández Lima.
“En primer lugar debo destacar que resolví hacer lugar al registro domiciliario de la finca ubicada en la Av. Congreso 3742 de esta ciudad, con el objeto de garantizar que la División Pericias Complejas de Gendarmería Nacional Argentina practique la técnica del geo radar sobre el terreno de la misma”, dice el juez.
¿Qué es lo que se está buscando? Lo explica la misma resolución: “Dar con los restos óseos faltantes de quien fuera en vida Diego Fernández, como así también con material no biológico de interés, el arma utilizada para dar muerte, oportunidad en la que se debía proceder al secuestro de todos los elementos hallados”.
La casa del horror en Congreso 3742, Coghlan. Foto Juano Tesone Hay que aclarar que son muy pocos los huesos que no se encontraron. Parte de la mandíbula, por ejemplo.
El grupo de Gendarmería estuvo integrado por seis profesionales; dos geólogos, un antropólogo, dos operadores geofísicos y un fotógrafo/planimetrista.
El caso
Diego Fernández Lima tenía 16 años cuando se esfumó para siempre la tarde del 26 de julio de 1984 tras salir de su casa, en Villa Urquiza.
Ese día Diego volvió del colegio al mediodía luego de dar una vuelta en su motito, a la que adoraba y que aun hoy la familia conserva. Almorzó con su mamá, Irma Lima (“Pochi”), y luego le pidió plata para el colectivo porque iba a lo de un amigo. Nunca dijo quién era. Salió comiendo una mandarina.
Su papá “Tito” murió el 10 de diciembre de 1991, a los 58 años, cuando iba en bicicleta y un auto lo atropelló en la esquina de la calle Galván y la avenida Congreso, a apenas 11 cuadras de donde casi 34 años más tarde aparecerían los restos de su hijo. Estaba siguiendo una pista para tratar de encontrarlo.
Los restos de Diego Fernández Lima hallados en el jardín de Graf.Ese 26 de julio de 1984, un conocido de Diego que iba en un colectivo lo vio caminando por la vereda a la altura de Monroe y Naón. Le gritó “Gaita”, como le decían en el Club Excursionistas, donde se lucía como jugador de fútbol, aunque era un poco vago para los entrenamientos.
Fue lo último que supieron de él. Ese punto queda a solo cinco cuadras de la casa de los Graf, en cuyo jardín fueron encontrados sus restos el pasado 20 de mayo del año pasado, de pura casualidad.
Una prueba de ADN estableció que los 150 fragmentos de huesos analizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) eran los del “El Gaita”.
Por qué Diego fue a a la casa de los Graf, quién o quiénes los mataron y el móvil del crimen es lo -mucho- que ahora resta saber.








