Fausto Spotorno: “Lo peor del ajuste ya pasó, el segundo semestre será mejor”

Fausto Spotorno: “Lo peor del ajuste ya pasó, el segundo semestre será mejor”

La actual coyuntura económica argentina se encuentra supeditada a un severo programa de estabilización fiscal y monetaria que busca contener la inflación y sentar las bases para una reactivación de la actividad. Ante este contexto, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el economista Fausto Spotorno evaluó el rumbo de las medidas oficiales al afirmar que “lo peor del ajuste ya pasó, el segundo semestre será mejor”, al tiempo que trazó un paralelismo con el gobierno de Mauricio Macri para explicar la tolerancia social hacia los cambios profundos, la unificación cambiaria y la deuda pública.

El reconocido economista, analista y consultor argentino, Fausto Spotorno, es ampliamente consultado en los medios de comunicación por sus proyecciones sobre la coyuntura macroeconómica, la inflación y el mercado financiero. Se desempeña como director del Centro de Estudios Económicos de la consultora Orlando J. Ferreres & Asociados, y cuenta con una extensa trayectoria en la docencia universitaria y la investigación económica. Además de su labor en el sector privado, su perfil técnico lo ha llevado a participar activamente en el debate público y a desempeñarse como asesor de cámaras empresariales y organismos corporativos.

¿Escuchaste ayer al ministro Luis Caputo? ¿Te parece justa la diferencia entre Mauricio Macri y Javier Milei respecto a que el primero no hizo el ajuste?

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

Sí. A ver, en realidad, lo que quiso decir era que la política económica había sido completamente inversa. Y lo mencionó en dos puntos específicos.

Uno de los puntos que dijo es que Milei atacó el déficit fiscal de movida. Macri esperó casi hasta que llegara Nicolás Dujovne, porque el que empezó a cerrar el déficit fiscal fue Dujovne.

Y el otro punto que mencionó como completamente opuesto es el hecho de que Macri tenía financiamiento. El mercado le creyó enseguida a Macri, le puso plata desde el principio y después se quedó sin financiamiento.

Y lo que decía es que probablemente en Milei pasa hoy lo contrario: no tiene financiamiento, no tiene acceso a los mercados y, en el futuro, sí.

Esos fueron los dos puntos que él marcó para decir que era opuesto al programa de Macri.

Yo lo entendí de esa manera. También me pasó lo mismo cuando lo dijo al principio. Dije: “Bueno, tan opuesto no me parecía”. Pero cuando lo planteó de esa manera, tiene cierto sentido, por lo menos desde el lado de la política fiscal. Creo que se refería más que nada a la política fiscal y posiblemente también a lo monetario.

Porque Macri también fue al revés en ese sentido. Flexibilizó lo monetario inicialmente y Milei no. Fue mucho más gradual en eso.

Yo le pregunté a Raúl Alfonsín, cuando terminó su mandato, algunas críticas respecto de su economía. Y él me decía que la sociedad, en ese momento, no estaba predispuesta para lo que sí estuvo después predispuesta con Carlos Menem. De hecho, el ministro que él tenía en aquel momento, Rodolfo Terragno, había querido privatizar el 30% de Aerolíneas a una compañía escandinava —y marcaba “escandinava” como socialista, para decirlo de alguna manera— y le tiraban huevos a Terragno. Luego Menem privatizó el 100% de Aerolíneas y de muchas otras empresas. ¿Se le puede aplicar a Macri, respecto del análisis de Caputo, el mismo contexto histórico? Es decir, que la Argentina de 2015 no es la misma que la Argentina de 2023.

Es posible. Yo me acuerdo de que había mucho temor por el tema de los ajustes fiscales y los ajustes de tarifas.

Nosotros hacíamos números de cuánto había que ajustar las tarifas, que más o menos era lo mismo que tenía que ajustar Milei, y era una animalada. Me acuerdo de que, en ese punto, era un 1000% en dólares lo que había que ajustar las tarifas para poder eliminar los subsidios.

Y era todo un punto de preocupación, tanto para el gobierno de Macri como para la sociedad en general.

La pregunta del millón era si esa preocupación era real o si era algo imaginario. De hecho, Macri tuvo problemas con eso. Acordate de que cuando empezó a subir las tarifas tuvo problemas políticos internos con el radicalismo.

Entonces había una discusión ahí, incluso con Alfredo Cornejo, que es el ala más cercana a la derecha del radicalismo.

Y ahí siempre estuvo la pregunta de qué tanto era un temor de la política, porque este tipo de cosas son apuestas medio ciegas. Yo tengo que hacer algo. ¿Lo soportará la sociedad? ¿No lo soportará? ¿Lo hago de a poco? ¿Cuánto me cuesta políticamente eso?

Y me parece que ese cálculo de costo-beneficio tiene mucho de subjetividad, porque la verdad es que no lo sabés de antemano.

Creo que el gobierno de Macri tenía esas dudas grandes respecto de cuánto soportaba la sociedad y, por otra parte, probablemente era muy prudente en ese sentido. De hecho, no le alcanzó el programa fiscal y tuvo problemas.

Macri habla ahora del “segundo paso”. En su libro habló del “primer tiempo”. ¿Es correcto, o por lo menos verosímil, interpretar que no hubiera existido Milei sin Macri y que el gobierno de Macri fue un primer paso, un prólogo, para que luego Milei pudiera hacer lo que hizo?

Es posible. No me parece una locura esa interpretación.

Muchos de estos costos políticos —que uno nunca sabrá si eran reales o imaginarios— ya estaban más claros para el gobierno de Milei. Incluso creo que el propio Macri entendió, por lo menos cuando entró Dujovne, que el tema del ajuste fiscal era mucho más importante de lo que se había planteado inicialmente.

Fijate que Dujovne hizo un ajuste fiscal grande en menos de dos años. Entregó medio punto de déficit primario solamente.

Entonces, uno puede asumir que dentro del propio gobierno de Macri hubo un cambio respecto de qué tan importante era eso.

Hubo dos etapas, podríamos decir. Una más mileísta, para decirlo de alguna manera.

Sí, probablemente porque ya tenían más “caladas” las cosas que había que hacer, los costos políticos de hacerlo.

Mientras hablo con vos me aparece la idea de que el propio Macri, cuando le preguntaron qué haría en un segundo mandato, dijo: “Lo mismo, más rápido”. Estaría marcando, de alguna manera, que estaban preparadas las condiciones para lo que Milei terminó haciendo, o al menos para parte de lo que Milei terminó haciendo.

Yo creo que sí. También recordemos que el gobierno de Macri fue un gobierno que, si uno mira un año antes, nadie pensaba que podía ganar las elecciones y terminó ganando la Ciudad, la Nación y la provincia de Buenos Aires, con un equipo relativamente chico.

Recordemos que al principio era una cosa de “¿a quién van a poner en cada lado?”, porque faltaba gente.

Y me parece que, en ese plan económico, no salió tan claro como sí lo tenía Milei cuando asumió.

Siguiendo con esta idea de que la economía es una ciencia social y que la confianza es un elemento central: cuando ayer Caputo dijo que Macri rápidamente generó confianza en los mercados, ¿se puede hablar de que hay cierta dificultad de Milei, en particular, para generar confianza? No solamente que Macri la generaba, sino que Milei tiene un problema para generar confianza.

Mirá, en esto de los mercados siempre hay dos historias que contar. Una es entender el contexto de los mercados. Cuando Macri asume, la tasa de interés internacional estaba casi en cero. Eso significa que los inversores estaban como locos buscando dónde poner la plata para ganar algo.

Y aparece Argentina con una gran historia de cambio, grandes proyectos, Vaca Muerta y desendeudamiento previo.

Desendeudamiento previo.

Claro. Era una linda historia. Y Macri hizo muy bien la parte de vender Argentina al exterior.

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La salida del cepo fue instantánea y eso también ayudó mucho a los mercados. Y esas condiciones llevaron a que el mercado confiara rápidamente en el gobierno argentino.

El caso de Milei es diferente. Ya de por sí el contexto internacional es distinto. Empezamos con tasas muy altas, un Donald Trump que apenas asumió cambió aranceles y metió mucho ruido en los mercados.

Después, el tema de Europa, la guerra entre Ucrania y Rusia, el precio del petróleo y del gas. Es un contexto global mucho más difícil, más pesimista y mucho más riesgoso.

Entonces, los mercados hoy están más bien buscando seguridad y no rentabilidad, al revés de la época de Macri.

En la época de Macri, el mercado no buscaba seguridad: buscaba rentabilidad. Hoy está al revés.

Y, en segundo lugar, el mercado aprendió de Argentina. La renegociación de Martín Guzmán fue, para mí, de lo peor que se podía haber hecho en términos de negociación de deuda, porque metió más miedo.

Acordate de que Guzmán asume y plantea la reestructuración de la deuda con acreedores totalmente dispuestos a conversar, porque el COVID-19 generaba condiciones que ayudaban a pensar un alargamiento de plazos. Pero terminó estirándolo mucho más de lo que se pensaba, con un discurso diciéndoles básicamente a las personas que habían prestado plata que eran culpables de la pobreza en Argentina.

Y eso llevó a una desconfianza muy grande en Argentina en general.

Respecto de los empresarios locales, me refiero también a empresarios internacionales que puedan estar en Argentina, ¿notás que había una confianza con Macri y una desconfianza con Milei que va más allá del tema financiero internacional y de los momentos tan distintos que vos marcás? ¿Hay algo de la persona en la generación de confianza o desconfianza?

No sé si algo de la persona. Nosotros hablamos con muchos clientes y es cierto que la personalidad de Macri es diferente.

Una más impredecible, para decirlo de alguna manera.

Yo diría que entre los moderados cae mejor Macri.

Pero también creo que hay una desconfianza general en Argentina. Estos “sablazos” de sacar el cepo, volver a ponerlo, sacarlo de nuevo y ahora retirarlo de a poquito.

Estos cambios permanentes en las reglas de juego, la brecha cambiaria, todo eso es muy difícil de explicarle a un inversor extranjero.

Vos lo conocerás: te hacen preguntas que para cualquier argentino son básicas, pero para el mundo son rarísimas.

“¿Puedo girar dividendos? ¿No puedo? ¿Los viejos sí y los nuevos no?”. Ese tipo de dudas.

¿Cómo que tengo que pedirle dólares al Banco Central para importar? Ahora sí, antes no.

Ese tipo de cambios constantes en las reglas de juego, para mí, es mortal y va mucho más allá de un presidente u otro.

Hay algo que me parece crucial respecto de esto y que divide al modelo preexistente del modelo de cambio: la relación con la deuda. Cuando uno escucha a economistas más cercanos al kirchnerismo, dicen que la deuda es impagable, que Argentina nunca va a poder volver a los mercados voluntarios y que es una utopía pensar que va a recuperar la confianza. Y, por otro lado, están los que dicen que la deuda, como porcentaje del PBI, es baja y que simplemente hay que recuperar la confianza para bajar el riesgo país y que la deuda se renueve automáticamente, como ocurre en la mayoría de los países de la región. ¿Vos estás más cerca de cuál de estas dos hipótesis?

No, la primera hipótesis para mí no tiene consistencia, porque acá tenés que pensar dos cosas: el nivel de deuda y la velocidad en la que se genera esa deuda.

Argentina hoy, tal como está, es un país que no genera nueva deuda porque básicamente tiene equilibrio fiscal. Hay una generación de deuda por una parte de los intereses, pero el crecimiento económico es mayor. Entonces, en términos del PBI, vos ves caer la deuda y hasta en dólares ves caer la deuda con el actual equilibrio fiscal.

Además, no tiene un nivel de deuda grande, ni siquiera comparado con la región, y menos deuda externa, porque gran parte de esa deuda está colocada en fondos propios. No hay un problema de fondo con la deuda. El problema histórico de Argentina es la generación de deuda y el déficit fiscal.

Yo creo que el tema de la deuda no se puede separar del déficit fiscal.

La dominancia fiscal.

La dominancia fiscal. Si vos tenés equilibrio fiscal y una deuda en estos niveles, el tema es completamente sostenible. No hay nadie pensando seriamente que no lo sea. La probabilidad de default de Argentina cayó a menos del 20% por primera vez en décadas.

Entonces, la cuestión es si tenés o no el motor que hace generar deuda.

Porque Argentina sí tiene un problema: no tiene crédito. No tiene crédito en el doble sentido de la palabra. Nadie te presta y además tampoco sos creíble, que es justamente de donde viene la palabra “crédito”.

Entonces, Argentina no tiene crédito. Es como la persona que no puede tomar nueva deuda, como el borracho que no puede tomar alcohol.

Otros países pueden tener déficit y tomar deuda. Argentina no.

Por eso, lo único que necesita Argentina es refinanciar los vencimientos de deuda.

Y ahí creo que lo peor que podemos hacer es decir: “No se puede pagar la deuda, la vamos a defaultear”. Porque ahí perdés lo poco de crédito que te queda y terminás viviendo con superávit fiscal permanente para ver si podés cancelar parte de la deuda.

Pero además te olvidás de los proyectos de inversión, porque el sector privado sí tiene deuda. Fijate que Arcor colocó deuda a 300 puntos básicos de riesgo. Si fuera un país, sería un riesgo país de 300 puntos. Las colocaciones privadas en Argentina hoy cotizan por debajo del riesgo país argentino.

Eso quiere decir que los sectores que pueden invertir y traer capital sí tienen acceso al endeudamiento externo.

Entonces, lo peor que podrías hacer sería defaultear la deuda, porque no es impagable y además sacrificarías a todos esos sectores que sí pueden tomar deuda para invertir. Ahora, sí estoy de acuerdo en que Argentina tiene que mantener las cuentas públicas súper ordenadas.

No voy a decir equilibrio fiscal permanente, porque puede haber una crisis y no sostenerse todo el tiempo, pero sí tiene que formar parte de las reglas de juego políticas hacia adelante.

¿Cómo ves la posibilidad de que la sociedad comprenda que este modelo económico es el que le conviene a mediano y largo plazo? ¿Y cuánto de la economía puede producir buenas o malas noticias con consecuencias electorales?

Yo lo pienso de esta manera: más allá de lo que el gobierno de Milei considere ideal, hay tres o cuatro reglas de juego que deberían sostenerse siempre y convertirse en consensos de la clase política en materia económica.

La política argentina logró consensos en democracia, derechos humanos y libertades civiles. Lo que falta es un consenso económico.

Ese consenso, para mí, debería apoyarse en tres reglas básicas: responsabilidad fiscal (No sé si eso es de izquierda o de derecha. Incluso alguien de izquierda podría decir que Néstor Kirchner tenía equilibrio fiscal) responsabilidad monetaria (La moneda es un servicio público que brinda el Estado para que la sociedad pueda hacer transacciones, igual que las rutas o las calles) y un ambiente de negocios aceptable (Se puedan hacer negocios en el país sin cambiar las reglas de juego todo el tiempo). Con un consenso de esas características, el país cambia.

Los dos primeros son uno.

Sí, por la dominancia fiscal. Aunque en una economía más sofisticada podrías bajar artificialmente las tasas y generar inflación.

Pero sí: si Argentina resolviera el primer punto, el segundo tendría su peso propio.

Y ese clima depende también de que la sociedad lo comprenda y lo vote. ¿Cómo imaginás que la economía actual y la previsible para el año próximo pueden generar en la sociedad deseos de mantener o cambiar el rumbo?

Creo que la sociedad lo va a hacer en la medida en que vea resultados exitosos detrás de todo esto. El problema es que eso lleva tiempo y los tiempos políticos no coinciden con los económicos. Por eso, creo que la elección del año que viene va a ser el gran desafío.

Ayer el ministro dijo que Milei ganaba en primera vuelta y fácil. Pero la cuestión es si la sociedad va a tomar esto como un éxito o no.

Y eso depende de qué pase con la economía en los próximos 12 meses.

¿Ves posibilidades de mejora del clima económico, crecimiento del consumo y recuperación salarial?

Sí, creo que esas mejoras se van a notar. Año a año vamos a ver mayores niveles de ingreso y una mejora general. Ahora, no sé si tanto como para ganar en primera vuelta. Pero sí se va a notar, porque Argentina este año va a tener casi 100.000 millones de dólares de exportaciones. Es muchísimo ingreso para la economía.

La inflación probablemente siga bajando y eso permitirá recomponer salarios reales. Y además estamos viendo anuncios de inversión, fusiones y adquisiciones, señales de que podría venir inversión. Hay señales para pensar que esto debería ir mejorando.

La pregunta es si la mejora será lo suficientemente grande como para que la sociedad crea masivamente que esto ya fue un éxito.

O sea, vos lo que decís es que, si bien todo ministro tiene que exagerar y, además, ayudar con las palabras a que los hechos se desarrollen —como cuando dijo que venían los mejores 18 meses de la Argentina—, lo que planteás es que lo peor ya pasó. ¿Es así?

No sé si lo peor, pero sí este shock que vimos. Es difícil pensar una economía peor si empieza a tener más ingresos, salvo que ocurra una desconfianza generalizada o un evento inesperado. Creo que vamos a ver un segundo semestre mejor.

A ver, después quedan un montón de cosas porque, la verdad, todavía la variable clave para mí, que es la inversión, no la vemos. Estamos viendo datos positivos de lo que podría ser inversión, pero todavía no vemos la inversión, y esa es la clave porque, para tener una economía que crezca, que mejore salarios, que mejore empleo, tenés que empezar a ver la aparición de inversiones en un tamaño suficiente como para generar crecimiento económico.

Y eso implica invertir más del 20% del PBI. Estamos rozando el 18 todavía.

¿A qué atribuís que hoy la inversión sea más baja que durante el kirchnerismo?

Hay dos cuestiones. A veces la inversión durante el kirchnerismo era más alta, pero de peor calidad.

¿Inversión pública?

Claro, o inversión en sectores menos competitivos. Vos ves que desde 2012 cayó la productividad total de factores. Eso significa que se estaba poniendo plata en sectores menos productivos. Por ejemplo, si es una inversión en Tierra del Fuego, un montón de plata, porque había un sistema que te permitía invertir ahí. El empresariado, si le ponés un incentivo, va e invierte. No es que lo hace porque sí.

Ahora, vos ponés incentivos para invertir en un sector que es poco competitivo y le sacás incentivos a invertir en los sectores más competitivos. Lo que termina pasando es una caída de la competitividad y de la productividad.

Entonces, ahora lo que estamos necesitando es ver que la productividad está creciendo, muy poquitito, pero la inversión todavía no está creciendo. Y una de las particularidades que se da ahí está en el sector de la construcción.

Cuando uno mira la inversión, ¿cómo la medimos? La medimos por cuántas máquinas se compran y cuántas obras se construyen. Y lo que vemos es que la parte de obra todavía está negativa. Ahora está empezando a mejorar y la parte de máquinas venía muy bien.

Se frenó en estos últimos tres meses y ahora suponemos que debería recuperarse, ¿no?

¿Hay algo allí, en esto de que la construcción —que es el motor de parte de la inversión y que está en sus peores momentos— sea una especie de, no sé si llamarlo síntoma o indicio, de cierto retraso cambiario que la hace no competitiva?

En la construcción pasan muchas cosas. Una es, obviamente, que la obra pública se ha frenado por el tema fiscal. Básicamente, la construcción tiene tres partes.

Si uno mira al sector de la construcción, va a ver que el 40% es residencial, hay un 30% que es obra pública y el resto son obras industriales, empresariales. Y lo que ves, fíjate, es que los tres sectores, más allá del tema del tipo de cambio macroeconómico, tienen cuestiones microeconómicas, por lo menos otras dos.

Después del COVID-19, todo el tema de oficinas cambió radicalmente. Todavía no sabemos si el esquema va a ser mixto o híbrido, no sabemos si hay que invertir en oficinas o no, o dónde, si hay que reparar. O sea, ya tenés un problema en ese lado.

Y, a fines de 2023, tenías récord absoluto de inmuebles sin vender. ¿Por qué? Porque pasó lo mismo que con todas las otras cosas. El mercado se estoqueó ante las dudas de lo que se venía, de lo que podía pasar. Durante dos años, 2022 y 2023, tuviste un pico de construcción y un piso en operaciones inmobiliarias. Se construía mucho y se vendía poco. Y ahora se está revirtiendo. Está habiendo un aumento de las operaciones inmobiliarias y una caída en la cantidad de construcción.

Se está deshaciendo parte del stock, que además no tenemos claro cuánto hay, porque mucha gente construyó con los precios que había y decidió no vender. Y, a medida que empiezan a subir los precios, vemos que vuelve a aparecer oferta. Todavía hay stock en el sector.

Y después tenés el último punto, que es el costo de la construcción en dólares, que viene alto en parte por el tipo de cambio.

¿No es una señal de que el tipo de cambio está atrasado, al punto de que el metro construido vale tanto más barato que el metro a construir, y que uno de los problemas para dinamizar la construcción es que, en determinado momento, el precio de construir sea igual o más barato que el construido?

A ver, que el tipo de cambio está apreciado sí se nota porque estás en niveles de bastante apreciación y se nota en el costo de la construcción. Lo que no estoy tan seguro es de que solamente se dé eso, ¿no? También el hecho de que haya mucho inmueble sin vender explica el bajo precio del inmueble construido, del metro cuadrado construido. Es una combinación de factores.

¿Cómo terminan cerrando eso? Yo creo que parte de los costos de la construcción van a bajar porque también, en estas condiciones, tampoco hay mucho interés en importar insumos como para bajar el precio de la construcción. Si no hay obra, ¿para qué voy a montar eso? Y, en segundo lugar, creo que el metro cuadrado construido va a subir de precio, en la medida en que se vaya agotando ese stock.

Estoy, en síntesis, viendo eso optimista en el mediano y largo plazo, y expectante en el corto. ¿O también sos optimista en el corto?

Sí, yo soy optimista hoy. Soy optimista en el corto y mediano plazo.

En el largo plazo me parece que faltan un montón de desafíos. Y el más grande de todos es el consenso político. Eso me preocupa mucho y me parece que es el punto más importante de todo porque, para que alguien invierta a diez años, para que alguien se pueda ocupar de su negocio sin estar pensando en el dólar, se requieren muchos años de cierta estabilidad macroeconómica.

La estabilidad macroeconómica no tiene reglas tan complicadas. La economía más o menos abierta, podés tener algunas reglas de importación.

Yo creo que el tema no es económico, el tema es político.

E, increíblemente, en Argentina creo que se generó una brecha de política económica en los últimos años que no era tan grande.

Mirá, esto de que el cepo cambiario fue un tema ideológico del kirchnerismo… Sí, creo que hasta Cristina estaba medio enojada cuando lo tuvieron que poner en 2011. Y el tema fiscal no es un tema de derecha.

¿Y que el actual Gobierno diga que el cepo a las personas jurídicas se va a mantener te sorprende? Porque, finalmente, pareciera que tampoco hay tanta diferencia ideológica. Al final se parece en eso, en la práctica.

Es muy de Argentina apasionarnos. River-Boca, ahogarnos en un vaso de agua.

Yo creo que el Gobierno ahí está siendo muy precavido y creo que eso tiene un costo. Esto es algo que siempre pienso: el cepo para las empresas tiene un costo, no es exento de costos.

O sea, ¿la inversión no va a crecer en la medida en que el cepo a las personas jurídicas se mantenga?

Yo lo he visto, por lo menos en inversión extranjera, es un tema. Es muy difícil que alguien venga y te invierta en Argentina teniendo los dividendos retenidos.

¿No es una contradicción entre el RIGI y después el cepo a las personas jurídicas que están en la Argentina? Los que ya están quedan jorobados, para decirlo de alguna manera, y los que vienen a invertir de afuera tienen posibilidades. En lugar de ir empalmando esta idea de que el RIGI adelantaba lo normal y que con el tiempo todo iba a ser como el RIGI, los caminos parecen contradictorios porque, en lugar de avanzar y acercarse al RIGI, se retrocede.

Yo no lo pondría como contradictorio, pero sí es una decisión de conveniencia, por así decirlo. Yo creo que el Gobierno lo que está pensando es: “No puedo resolver todo el problema de los impuestos ahora, resuelvo en el margen, en lo nuevo, por lo menos que lo nuevo funcione con otras reglas”.

Me parece que ese es el tipo de decisión. Ahora, creo que no es exento de costos. Lo ves con las empresas multinacionales. ¿Cómo podría invertir alguien si todavía no le devolvés plata? Es como si le prestaste a alguien, no te la devuelve y te vuelve a pedir prestado. “Devolveme lo anterior primero”.

Entonces, me parece que ahí hay un costo que está pagando el Gobierno a cambio de ser prudente con la apertura del cepo.

¿De cruzar las elecciones de 2027? ¿Le asignás algún riesgo a una corrida cambiaria preelectoral como la que hubo en agosto y septiembre del año pasado, o la que tuvo Macri después de la derrota en las PASO?

Ayer el ministro dijo que no va a pasar. Yo sí le asigno un riesgo, por lo menos de que se dolaricen las carteras. Porque ya lo hemos visto.

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El argentino, con la experiencia que ha tenido en las últimas elecciones —no las del año pasado, las anteriores y las anteriores—, desde 2011. El que compró dólares salió ganando.

¿Una dolarización de las carteras implica un aumento del precio del dólar?

Sí.

¿Y un aumento del precio del dólar implica un pass through a la inflación o vos estás viendo que progresivamente el pass through se está desacoplando?

Yo creo que va a haber un pass through, posiblemente leve, porque, por lo que decíamos antes, el tipo de cambio está apreciado. Entonces, en la medida en que suba el dólar, creo que hay un montón de precios y sectores que se van a sentir más aliviados. Claro que, si suben los precios, volvés a tener tipo de cambio apreciado.

¿Un dólar bajo es un colchón para el pass through?

Exactamente.

MV