Alejandro Vaccaro cuenta con una colección de más de 30 mil piezas que incluyen todas las ediciones de los libros de Borges, manuscritos, rarezas y objetos personales. Es actualmente Presidente de la Asociación Borgesiana de Buenos Aires, Secretario de redacción de la revista Proa, miembro de la Sociedad de Bibliófilos Argentinos y Presidente Honorario del Instituto de Estudios Jorge Luis Borges de la Universidad Católica de San Pablo (Brasil). En Borges, textos secretos y falsas atribuciones (Emecé) recorre los diferentes escritos en torno al autor que siempre generaron controversias, así como de algunos datos vinculados a su biografía de manera errónea. Con extremo cuidado y minuciosidad al adjuntar la documentación correspondiente, se ocupa de analizar, responder o corregir la información errónea.
“Una proliferación manifiesta de textos de Borges o atribuidos a él”, explica Vaccaro en la breve introducción al libro, “han nutrido su universo literario, fundamentalmente a partir de su desaparición física”.
En contraposición a textos que le fueron atribuidos erróneamente y circulan, en gran medida, a través de redes sociales, hay otros que mantienen una “fuerte identificación” con el estilo del autor, así como una “aceptación generalizada de que le pertenecen”, dice en esas páginas.
Y agrega: “Con la intención de buscar cierta diversidad hemos seleccionado aquellos que –a excepción de los dos últimos- tienen muy poco que ver con la literatura. Veremos sí, en esta variedad, textos ampliamente reconocidos como de autoría borgeana, otros que pueden ofrecer dudas y algunos inéditos o casi inéditos que nos dan las pistas necesarias para también desestimar aquellos que a todas luces no le pertenecen pero le fueron errónamente atribuidos”.
Posiblemente, el plural utilizado tenga que ver con los destinatarios de la primera tanda de personas a las que está dedicado el libro: “A Roberto Alifano, Juan Gasparini, Annick Louis, Antonio Requeni, Fernando Sorrentino y Beto Melograno Lecuna (in memoriam), cómplices involuntarios pero decisivos en esta nueva aventura borgeana”.
Los folletos
El primer texto del que se ocupa Vaccaro es el del ya mítico folleto de la leche cuajada de La Martona, la primera industria láctea argentina, fundada en 1889 por Vicente L. Casares, abuelo de Adolfo Bioy Casares. Borges y Bioy se habían conocido en 1931 en la casa de Victoria Ocampo.
Borges tenía 32 años, había publicado varios libros y artículos periodísticos y obtenido el Segundo Premio Municipal de Prosa por Idioma de los argentinos, de 1928. Bioy era un joven de 17 años, que sin embargo ya había publicado el libro Prólogo –a sus 15– y escrito el cuento “Vanidad o una aventura terrorífica”, que posiblemente todavía permanezca inédito.
Los tíos maternos de Bioy, dueños de La Martona, les encargaron un folleto publicitario para hablar de las bondades de la leche cuajada. Los dos escritores se instalaron en la estancia de la familia de Adolfito, en el Partido de Las Flores, para elaborarla. Años después escribirían juntos cuentos policiales, que se conocerían luego como Seis problemas para don Isidro Parodi.
“Los trabajos en colaboración suelen arrojar resultados dispares”, afirma Vaccaro. “Por la razón que fuere puede prevalecer el estilo de uno sobre el otro, o bien pueden anularse, ambos autores, mutuamente en beneficio de un estilo neutro, sin marcas personales”.
Y luego agrega que, en este caso, “se nota la decisiva influencia de Borges y podría ser considerado como una prueba tendiente a su búsqueda de encontrar un estilo literario afín”. Es uno de los distintos análisis que realiza acerca del texto del folleto que, en su edición original, contaba con una cubierta ilustrada por Silvina Ocampo.
Entre las conclusiones, el autor sostiene que “distintos testimonios (incluido el del propio Bioy Casares) certifican la autenticidad del texto”. En una nota al pie, un texto en primera persona escrito por Bioy confirma que su tío Miguel Casares le encargó que escribiera para la lechería “un folleto científico o aparentemente científico, sobre la leche cuajada y el yogur”, y que le pagarían 16 pesos por página, “lo que entonces era un muy buen pago”, según aclara el autor de El sueño de los héroes.
A continuación, agrega Bioy que le propuso a Borges escribirlo en colaboración. “Escribimos el folleto en el comedor de la estancia, en cuya chimenea crepitaban ramas de eucalipto, bebiendo cacao, hecho con agua y muy cargado”, dice en la cita de su libro Memorias (Tusquets, 1994).
El escritor biógrafo y coleccionista argentino Alejandro Vaccaro muestra fotos donde aparece Jorge Luis Borges junto a Jorge Mario Bergoglio. Foto: Mariana Nedelcu.Con similar procedimiento Vaccaro se ocupa de analizar otros folletos publicitarios: el folleto del cincuentenario de La Martona, el folleto de la República Argentina –confeccionado en 1958 por la Dirección Nacional de Turismo, con fotografías de Gustavo Thorlichen, quien realizó retratos de, entre otros, Juan Domingo Perón, Eva Duarte, Victoria Ocampo y el propio Borges– el folleto de la compañía Varig y el folleto “Tres poetas a Polonia”.
En cada uno de estos textos, que recorre con minuciosidad, estudia la mayor o menor presencia de la pluma del autor, y comparte con los lectores conclusiones como: “No resultaría arriesgado colegir que se trata de un texto cuyo autor es Borges, pero que se ha visto invadido por otra mano, para darle un sesgo comercial con o sin el consentimiento de Borges”.
O como la siguiente: “Una vez más, nuestro autor nos demuestra que cuando ninguna otra persona interviene en sus textos, su estilo es inconfundible”.
Poema “Instantes”
En el espacio destinado a las “falsas atribuciones”, que, según se encarga de aclarar Vaccaro, puede interpretarse como textos que, entre otros motivos, fueron atribuidos a Borges por error, explica que la manera más eficaz para demostrar que él no es el autor consiste en “aportar de forma contundente” los datos de quien verdaderamente los escribió.
Así es como se ocupa, entre otros casos, del poema “Instantes”, también publicado en ocasiones con el título “Momentos”. Aporta los datos de los verdaderos autores, producto de sus rigurosas investigaciones.
El escritor biógrafo y coleccionista argentino Alejandro Vaccaro junto a la biblioteca dedicada al Jorge Luis Borges en su casa. Foto: Mariana Nedelcu.Vaccaro no solo se ocupa del cuidado por el origen de los textos: también expone situaciones de “descuidos” o “falta de rigor” en circunstancias referidas a su vida personal.
Uno de esos casos es el de la casa natal del autor de El Aleph. “Me dirijo a Usted y por su intermedio a la Honorable Comisión Directiva de esa institución con el fin de realizar un aporte tendiente a subsanar un error que se ha cometido –al parecer involuntariamente– en lo relativo al edificio de vuestra propiedad sito en la calle Tucumán 842/44/46”, dice en el inicio de una carta que transcribe en su totalidad, dirigida a la Presidenta de la Asociación Cristiana Femenina.
En las siguientes líneas explica que la información incluida en las placas ubicadas en el frente de la propiedad en la que funciona la entidad –donde se indica que Borges nació allí el 24 de agosto de 1899– es errónea, ya que esa vivienda, que se encontraba en el terreno contiguo, fue demolida. A continuación, como lo hace en cada uno de los casos que trata en el libro, adjunta la documentarión que lo acredita.
No vaya a ser que se preste a confusión el dato de la casa natal de quien inició su poema “Las calles” con los siguientes versos: “Las calles de Buenos Aires/ ya son mi entraña”.
Borges, textos secretos y falsas atribuciones, de Alejandro Vaccaro (Emecé).








