La quinta de Natalio Salvatori, en José C. Paz, fue el lugar de concentración de la Selección Argentina durante la preparación para el Mundial 78. En la recta final, César Luis Menotti alternaba partidos en distintos puntos del país —Río Negro, Corrientes, Tandil, entre otros— con los últimos amistosos internacionales. Pero, además, improvisaba prácticas sobre la marcha en escenarios a estrenar, como ocurrió con el remodelado estadio de Vélez.
A 34 días del inicio de la Copa del Mundo, el 28 de abril, mucho antes de la reinauguración oficial, se disputó un partido de práctica a puertas cerradas y los jugadores oficiaron de “sommeliers” del estado del campo de juego y de la iluminación. Apenas un grupo privilegiado de obreros fue testigo del triunfo de los titulares sobre los suplentes por 3-1.
Retro Mundial: la cuenta regresiva
Leé acá todas las notas de la serie “60 relatos (des)conocidos de la Selección Argentina”, pequeñas grandes historias que vivió el equipo nacional en la recta final de otras grandes citas.
A pesar de la expectativa por el inminente Mundial, algunos diarios de la época le dieron una cobertura mínima al evento. Las revistas apenas mencionaron la práctica. El diario Crónica publicó la formación de ambos equipos. Para los titulares jugaron: Fillol; Olguín, Luis Galván, Passarella, Tarantini; Ardiles, Gallego, Valencia; Houseman, Luque y Ortiz. Es decir, nueve de los once que serían titulares en la final contra Países Bajos, casi dos meses después.
Los suplentes fueron: Baley; Pagnanini, Oviedo, Killer, Bottaniz; Larrosa, Rubén Galván, Villa; Bravo, Maradona y Bertoni. De esos once, tres quedarían afuera de la lista definitiva de 22 jugadores. Los goles fueron convertidos por Luque —en dos ocasiones—, Houseman y el joven Maradona, autor del 1-0 con el que terminó el primer tiempo. Durante la segunda etapa se encendieron las luces y “se pudo comprobar un perfecto funcionamiento de la misma”, según relató la crónica de Clarín.
Recortes con notas sobre el entrenamiento secreto de la Selección Argentina para probar el césped y la iluminación de la nueva cancha de Vélez. Foto: ArchivoLa práctica no pasó inadvertida para ese diario, que le dedicó un espacio en su tapa: “La Selección estrenó el césped de Vélez”, tituló junto a una foto del estadio casi vacío. En la nota se destacaba que “solo tuvieron acceso a la práctica unos doscientos operarios que pertenecen a las empresas que tienen a cargo los trabajos de remodelación del estadio”.
Los jugadores elogiaron el estado del césped, cuidado por el histórico canchero del club, Ramón Oscar “Lelo” García, aunque advirtieron que necesitarían tiempo de adaptación porque era mucho más blando que los terrenos donde solían entrenarse.
Para Ubaldo Matildo Fillol, el campo de juego estaba “extraordinario”, aunque “un poco pesado por el tipo de terreno, que es mucho más blando que otras canchas argentinas”. Por su parte, Héctor Baley sostuvo: “El campo de juego es una maravilla”. Humberto Rafael Bravo explicó: “Es un piso muy bueno, pero está un poco pesado”. Mientras que Daniel Passarella comentó: “Es un excelente campo de juego, más acolchado que el de otras canchas”. Por último, Leopoldo Luque advirtió: “La primera capa es buena, pero abajo se nota un poco blando. Para mí el césped está alto”.
La preocupación de la jornada llegó por las lesiones. Julio Ricardo Villa sufrió una herida en la pantorrilla tras un choque con Luque y debieron aplicarle cuatro puntos de sutura. Por su parte, Omar Larrosa se resintió de una vieja lesión en el talón y tuvo que abandonar el campo de juego.
Recortes con notas sobre el entrenamiento secreto de la Selección Argentina para probar el césped y la iluminación de la nueva cancha de Vélez. Foto: ArchivoLa lesión de Villa le abrió las puertas de una convocatoria a Norberto Alonso, marginado del seleccionado desde 1975, aunque atravesaba un gran presente en el arranque del torneo Metropolitano. Dos días después, el Beto se sumó a la concentración en vísperas del amistoso ante Uruguay.
Desde principios de la década del 70, la dirigencia de Vélez se entusiasmó con la posibilidad de convertirse en subsede del Mundial, mucho más después de la visita de Stanley Rous, presidente de la FIFA, en 1972. Tras recorrer las instalaciones, comentó: “Esto es lo mejor que he visto en Argentina en materia de institución. Sus instalaciones son magníficas, la luz maravillosa y las obras en ejecución permiten valorar la inquietud de los dirigentes. Si se hiciera el piso superior y se colocaran butacas para ubicar a 1.000 personas sentadas, sería ideal para el Mundial, ya que tengo entendido que hay espacios laterales para estacionamiento, previsto el sector para el periodismo y el field parece muy bueno”.
El primer proyecto presentado por el club era magnánimo: contemplaba una capacidad para 100.000 espectadores y múltiples usos, incluida una universidad. Pero la FIFA pidió modificaciones, entre ellas reducir el aforo a 50.000 personas. Finalmente, en diciembre de 1974, el Amalfitani quedó confirmado como subsede.
A comienzos de 1977, el Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78) —el organismo oficial que manejó discrecionalmente los fondos estatales, convertido en una caja de corrupción que jamás rindió cuentas— tomó control del estadio.
Las principales obras incluyeron la construcción de una nueva platea en la tribuna sur, la colocación de butacas en el sector inferior y la incorporación de una bandeja superior. Además, se instaló un tablero electrónico sobre la popular este, se equipó al estadio con un generador eléctrico y se realizaron modificaciones menores en otras instalaciones, además de trabajos sobre la gramilla del campo de juego, esa misma que estrenaron y pusieron a prueba los futuros campeones del mundo.
Uno de los mitos más extendidos sostiene que la dictadura les construyó los estadios a Vélez, River y Rosario Central. Sin embargo, los tres clubes pagaron gran parte de las obras. Incluso varias empresas contratistas, como la de Ricardo Petracca —expresidente del Fortín—, terminaron fundidas porque nunca cobraron lo adeudado.
Petracca, fallecido en septiembre de 2015 a los 89 años sin haber percibido la cuantiosa deuda, solía recordar que debían pagarle en pesos Ley 18.188. Pero después de reclamarle personalmente a Carlos Lacoste por las obras impagas, recibió un anticipo mediante certificados de cancelación de deuda letra C. “Eran papeles que solo servían para pagar impuestos y nos descontaban el 7 por ciento”, contó en distintas entrevistas.
Durante la etapa de remodelación y hasta después del Mundial, los estadios permanecieron bajo control del EAM 78. En el caso de Vélez, la entrega, prevista para el 20 de julio, recién se concretó el 17 de octubre.
Hubo un acto oficial del que participaron militares y dirigentes del club. Allí también se difundió el esquema de pago de las obras: el 100% del porcentaje correspondiente del Prode; el 10% de las recaudaciones netas de todos los espectáculos futbolísticos disputados en el estadio; y, finalmente, el saldo restante en cuarenta cuotas semestrales. Vélez abonó la primera cuota en 1980 y la última en 1993.
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