Gianinna Maradona (36) llega cada martes y jueves a los tribunales de San Isidro acompañada de amigos y familiares. Sabe que en las horas siguientes va a escuchar y ver cosas que le van a hacer revivir los últimos días de su padre, Diego Armando Maradona (60).
Está atenta a cada detalle de las audiencias. También se permite llorar cuando ve a su padre en alguna foto, muy lejanas a esas imágenes dentro de una cancha de fútbol con la camiseta de Boca, el Nápoli o de la Selección Argentina.
Habla y se apoya mucho en sus abogados, Fernando Burlando y Fabián Améndola, como en su equipo, conformado por Silvia Petroff, Delfina Burlando, Martín y Bautista Leguizamón, entre otros jóvenes letrados.
A pocos metros de ella están sentados algunos de los imputados por la muerte de su papá. Al igual que el neurocirujano Leopoldo Luque (45), uno de los principales acusados, Gianinna decidió estar presente en cada jornada del debate.
Ella fue la primera integrante del círculo familiar en declarar como testigo. En su exposición, señaló a Luque, a la psiquiatra Agustina Cosachov (41) y al psicólogo Carlos Díaz (34), como los médicos personales de su padre y afirmó: “Nos manipularon”.
“Yo me sentí un poco más segura cuando me senté a declarar esta vez porque ya sabía más o menos cómo era el manejo y eso, pero uno nunca está preparado. La tristeza es absoluta. Hay algo que aunque nosotros exijamos justicia por mi papá, él no va a volver. Y eso es lo que más nos atraviesa, tanto a Dalma como a mí como a mis hermanos“, asegura Gianinna en una charla con Clarín y otros medios.
“Es una tristeza absoluta y tener que ir ahí a enfrentarse con esa gente, compartir un mismo lugar, la verdad que se te mueven un montón de cosas y se practica mucho la paciencia y el respeto sobre todo”, resalta.
Gianinna no duda. Para ella, Luque es el responsable de la muerte de su padre. “Era la voz cantante, su médico de cabecera y en ese momento lo decía muy orgulloso en todos lados”, afirma.
El neurocirujano fue quien se paró frente a los medios de comunicación el 4 de noviembre de 2020, cuando Maradona se operó la noche anterior de un hematoma subdural en la Clínica Olivos. Dijo que él fue parte de la intervención, cuando luego en el juicio quedó claro que no lo dejaron.
Pero Luque no es el único responsable, según la familia. “Para mí son todos responsables, algunos con mayor grado que otros”, dice Gianinna al enumerar a los imputados: los ya nombrados Luque, Cosachov y Díaz; los coordinadores médicos Nancy Forlini (57) y Mariano Perroni (45), el enfermero Ricardo Almirón (42) y el médico clínico Pedro Di Spagna (53).
“A mí la muerte de mi papá me sigue afectando. Es un dolor que, como me dice mi terapeuta, es el dolor de la muerte de un ser querido. Es intransferible y es difícil de poner en palabras. Pero a mí que ellos me quieran responsabilizar, tanto a mí como a mis hermanos, me dio más fuerza para sentarme ahí y declarar. Como dije el otro día, no se puede tapar el sol con la mano”, dice emocionada.
Un “plan” dirigido
Gianinna no titubea. Su vida siempre estuvo acompañada de cámaras y micrófonos que la siguieron por ser hija del mejor jugador de fútbol del mundo. Eso le forjó una personalidad, parecida a la de su padre.
En otro momento de la entrevista, recuerda una de las últimas imágenes públicas de Maradona. Fue en la cancha de Gimnasia y Esgrima de La Plata, club donde era su director técnico, el día de su cumpleaños número 60.
“La muerte de mi papá me sigue afectando”, dice Gianinna. Foto: AP Photo/Rodrigo Abd.Aquella jornada, en medio de la pandemia de COVID-19, Maradona se mostró perdido, caminando lento y hablando de manera pausada, casi inentendible. “Él tenía un contrato que cumplir y pensaron en el contrato y no pensaron en la persona. Claramente si Maradona estaba internado en un neuropsiquiátrico, a Maradona no lo contrata nadie, no puede trabajar y había un montón de familias que tenía que sostener”, expresa.
Para ella, la clave de todo fue el entorno de su padre, liderado por el abogado Matías Morla, que llegó a través del empresario Víctor Stinfale, de quien considera que “manejaba todos los hilos”, y sostiene que como imputados deberían estar, además del letrado, su hermana Vanesa Morla y su cuñado Maximiliano Pomargo, quien también fue asistente personal de Maradona.
“El plan de Morla de que mi papá ya no esté más lo hizo perfecto haciendo lo de Sattvica (la empresa dueña de la marca Diego Maradona), pasándose de todas las marcas para él y después dijo que eran para mis tías. Él tenía el poder de tener a Maradona y hacía lo que lo que quería con ese poder. Y el plan era, yo no puedo pensarlo de manera correcta, que lo querían matar“, dice.
“¿Quería tener Morla la vida de mi papá en sus manos? Seguramente. Y lo hizo, desde buscar conflictos, desde llevarlo al partido. Porque yo sé que Guillermo Coppola no lo hubiese hecho nunca en su vida, el mandarlo a mi papá a que cumpla un contrato sí o sí cuando no podía caminar ni sostenerse en pie ni acomodarse un barbijo”, asegura.
La internación por la adicción al alcohol
Gianinna reconoce que su padre tuvo en su último tiempo una adicción al alcohol, que fue lo que motivó, tras la operación del hematoma subdural, a una internación domiciliaria con aparatología, ambulancia y enfermeros las 24 horas, algo que no se cumplió en su totalidad.
Gianinna junto a su abogado Fernando Burlando en plena audiencia del debate. Foto: REUTERS/Cristina Sille.“Él venía hace un tiempo muy mal. Él tenía problemas con el alcohol. Tomaba dos copas de vino y se ponía en pedo. Lo mezclaba con las pastillas y era un detonante. Y más cuando por ahí sabían que yo iba con mi hijo, le ponían un poco más de pastillas. Mi papá no sabía a lo que se enfrentaba, pero todos nosotros sí lo sabíamos. Y que lo que estábamos haciendo era para que él esté bien”, advierte y arremete nuevamente contra el entorno médico.
“A ellos no les servía que mi papá esté internado en un neuropsiquiátrico porque se le caían un montón de cosas a Morla. Entonces pensaban todo el tiempo en la parte económica, sin pensar en la salud de mi papá y por eso era la internación domiciliaria”, afirma Gianinna.
Por último, recuerda que en la Clínica Olivos su papá estuvo en buen estado, y hasta el 11 de noviembre, día que recibió el alta, estuvieron hablando y escuchando música.
“No sucedió lo mismo después en la casa. Ahí en Olivos estaba bien, estaba lúcido, no era mi papá de antes, pero estaba mucho mejor que cuando yo lo iba a ver a Brandsen o a Bella Vista o a las casas donde nos encontrábamos”, concluye.








