gracias, Sabastian Sawe, por este domingo de encanto y emoción histórica

gracias, Sabastian Sawe, por este domingo de encanto y emoción histórica

Hay que escuchar a las señales que se presentan en la vida. No hay otra. Por algo el cuerpo había mandado a ver en el celular que el reloj marcaba las 4 de la madrugada. ¿Un indicio de la vejez incipiente? Mmm… Mejor pensar en que acostarse un sábado a las 21.30 iba a llevar a un madrugón histórico. Una pasadita por el baño y de repente, ¡zas!, la memoria hace su entrada. “Che, loco, ¿hoy no es el Maratón de Londres?”, dispara el inconsciente. Con lagañas en los ojos y un tecito en la mano, se chequea en Internet y es así nomás. A prender ESPN entonces y ver las largadas a ver si dan ganas de irse a dormir de nuevo. La adrenalina lo hará imposible. La cita con la historia se palpita y valdrá la pena quedarse despierto.

¿Cómo no emocionarse con semejante hazaña deportiva? ¿Cómo no celebrar que tres tipos quebraron el récord mundial en la misma prueba y que dos de ellos lograron lo inexplicable: correr 42,195 kilómetros en menos de dos horas? Una proeza que combina genética prodigiosa, entrenamiento férreo, mentalidad de acero, zapatillas mágicas y la voluntad inquebrantable del ser humano por conseguir desafíos. Una mañana memorable.

Quienes alguna vez -o algunas veces- se pararon en la línea de largada de un maratón sienten lo vivido este domingo 26 de abril de 2026 con la emoción a flor de piel. Porque mil libros pueden haberse escrito sobre la legendaria distancia, pero realmente se entiende y se vive en carne propia cuando se encara esa aventura mítica. Por la razón que sea.

Como le pasó a este periodista aficionado que encontró en el correr una vía de escape, el autoconocimiento y la superación de obstáculos. Y que un día, después de ser un atrevido descarado que en 2013 se mandó al Maratón de Buenos Aires sólo con el objetivo de completarlo, que en 2014 se propuso -y logró- bajar las 4 horas y al que en 2015 se le apagó la máquina en el kilómetro 30 porque osó ir a correr con un virus en el organismo, se dispuso a llevar adelante un plan de entrenamiento adecuado durante meses, con trabajos de calidad, fuerza, nutrición y descanso. Mientras la vida familiar y profesional seguía, claro. El premio fueron las 3 horas, 24 minutos y 27 segundos disfrutados al cien por ciento con el dorsal 3608 en el Maratón de Chicago 2016. La carrera de su vida.

Por algo el cuerpo se desveló este domingo a las 4, cuando el silencio mandaba en Villa del Parque. Los gatos zafaron con un poco más de comida a esa hora, pero lo dejaron solo. Se mandaron saludos a Mariano Ryan y a Daniel Arcucci, a cargo de la transmisión, y se largó todo en Londres. Desde temprano se entendió que semejante día soleado en la capital británica podría traer buenas noticias. Y no defraudó.

Tigst Assefa, Joyceline Jepkosgei y Hellen Obiri eran tres gacelas echadas a andar y habría lucha hasta el final. Tanto que la etíope terminó batiendo el récord mundial de la distancia para carreras sin hombres cerca (2h15m41). Pero lo visto después superó las expectativas.

Lo que era una lucha masculina entre seis derivó en los tres sospechosos más en la mira desde la largada: el keniata Sabastian Sawe, el etíope Yomif Kejelcha y el ugandés Jacob Kiplimo. Ya habían pasado el medio maratón tras el Tower Bridge y sus tiempos estaban por debajo del récord mundial del fallecido keniata Kelvin Kiptum (2h00m35 en Chicago 2023). Pero el maratón es una bomba de tiempo y el cuerpo les ha pasado factura a los mejores de la historia.

“En Kenia, entrenar significa estar siempre listo para competir. Cada sesión se encara como si fuera la más importante. Para muchos, incluso, el entrenamiento es más exigente que la propia carrera. Se preparan como gladiadores contemporáneos que, lejos de los estadios romanos, se baten a duelo en polvorientos caminos o en las rutas asfaltadas no hace tanto tiempo”, describe el periodista -y corredor, claro- Damián Cáceres en su libro “Huellas de Kenia”.

“Para los kenianos, el dolor es parte del entrenamiento. Es una materia más. Un idioma que se aprende desde chicos. Y también un combustible emocional. En ese dolor reside el killer instinct con el que compiten. Compiten con fiereza porque corren para sobrevivir. Para alimentar a su familia. Para conseguir respeto. Para escapar, literalmente, de la pobreza”, los define quien se entrenó con ellos en Iten, la autoproclamada “Casa de los Campeones”.

Sucede cada vez que miles de aficionados corren el Medio Maratón o el Maratón de Buenos Aires: ver pasar en el sentido opuesto, con muchos más kilómetros en sus piernas, a los africanos que vienen a este circuito veloz es un deleite para los ojos. El porte, la zancada, la postura, la magia de cuerpos finitos, sin grasa pero con los músculos necesarios. Es como ver en acción a Maradona, Messi, Federer y Jordan.

La gran diferencia es que los mejores maratonistas comparten el mismo recorrido -en mucho menos tiempo, claro- con cientos y cientos que jamás serán como ellos pero que saben lo que es el entrenamiento a conciencia, la lucha contra la mente y, sobre todo, las ganas de superarse.

Incontables son las frases hechas alrededor de la experiencia de correr un maratón. Que son 30 kilómetros con el cuerpo, 12 con la mente y 195 metros con el corazón. Que es una metáfora de la vida. Que nadie corre solo porque para plantarse en la salida hubo muchos que ayudaron y animaron. Que hay que pasar el “muro” de los 30 kilómetros para que recién entonces comience la carrera. Que primero hay que sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamientos. Cada maratonista profesional o aficionado elegirá la suya o creará una propia. Está en su derecho.

Lo cierto es que los entrenadores tienen razón: hay que entender el largo proceso previo que lleva a un maratón para disfrutarlo. Para experimentar la mística de un cuerpo en acción. Para darte cuenta de que cuando dominás tu mente, sos invencible. Para colgarte esa medalla porque bien la pariste y te la ganaste. Para que subir o bajar escaleras cueste durante una semana pero sea la marca registrada de que sos maratonista.

Por todo esto ha sido un placer ver el histórico Maratón de Londres 2026, con su desarrollo estratégico y el remate final en The Mall. Con el Palacio de Buckingham detrás, Sabastian Sawe tocó la cinta con su pecho luego de 1h59m30. Emociona escribirlo: ¡1h59m30!. Menos de dos horas para los 42,195 kilómetros que millones de aficionados tienen tatuados en sus brazos, en sus piernas y en sus corazones. Porque ser maratonista es un orgullo para toda la vida.