La “calle del deporte” del centro de la Ciudad de México se despliega como una meca de los clones futboleros. Las varias cuadras de tiendas con jerseys, balones y llaveros con logos de dudosa procedencia ilustran un nuevo campo de batalla económica: el Gobierno de México contra la piratería. “Las ventas han estado un poco estancadas, justamente por el miedo a los operativos. Pero nada más esperamos el primer partido para que nos pegue la euforia del Mundial”, dijo un comerciante que resguardó su nombre. Minutos antes había vendido una copia de la camiseta de la selección mexicana a unos 200 pesos, un tercio de lo que cuesta la original.
El país, que calienta motores para ser una de las sedes de la Copa Mundial de la FIFA 2026 este verano, también forma parte de la infame lista de vigilancia prioritaria de los Estados Unidos contra la piratería, por no haber logrado resolver problemas de alto impacto comercial en cuanto a propiedad intelectual, falsificación de marcas, derechos de autor y sus compromisos dentro del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (TMEC). Ahí, comparte cartel con Argentina, Chile, China, India, Indonesia, Rusia y Venezuela.
A finales de marzo, la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) actualizó su inventario anual de barreras no arancelarias al intercambio bilateral, una que será fundamental resolver con miras a la revisión del tratado, esencial para la economía de los tres países miembros. Mientras destaca que “México tiene una de las tasas más altas de piratería de video y música del mundo”, observa una pobre coordinación entre diferentes niveles gubernamentales, recursos insuficientes y procesos judiciales poco efectivos para imponer multas y penas.
“Si bien las autoridades mexicanas han llevado a cabo algunas redadas para hacer cumplir con la propiedad intelectual de todo México, los mercados de Tepito en la Ciudad de México y el Mercado San Juan de Dios y el Barrio El Santuario en Guadalajara, siguen floreciendo”, escribe la USTR.
Y las vitrinas de la calle de Venustiano Carranza, en el centro histórico, son buena muestra. Isabel, otra vendedora que prefiere no dar su apellido para no tener problemas, concuerda con que las autoridades han estado visitándolos periódicamente. En su kiosko vende libros y memorabilia del Mundial, como llaveros de Maple, Zayu y Clutch, las mascotas oficiales del torneo. También, pequeñas réplicas de la Copa. “Están buscando decomisar jerseys y balones, porque eso es la piratería. Los llaveros y recuerdos sí están permitidos”, dice ante las dudas de una compradora.
El Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha arreciado la ofensiva de su “Operación Limpieza”. El Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual (IMPI) informó esta semana que ha realizado 21 operativos, dejando incautaciones equivalentes a 901 millones de dólares. Eso incluye el decomiso de al menos 25 toneladas de mercancía apócrifa, principalmente proveniente de China, de marcas como Adidas, Fifa, Nike o Puma en Tepito, donde al menos una vez a la semana se instala un tianguis deportivo.

Fronteras porosas y contrabando
Según las cifras de los comerciantes, esto sería apenas el extremo del ovillo. El Servicio de Administración Tributaria (SAT) dijo el año pasado que ha cuantificado un perjuicio fiscal de hasta 22.843 millones de pesos (unos 1.305 millones de dólares) por contrabando, en medio de anuncios para redoblar sus esfuerzos de monitoreo, tanto administrativos como contra la corrupción. Las cifras representan un aumento sustancial con respecto a 2024, cuando la autoridad reportó un perjuicio de 7.254 millones de pesos, particularmente por contrabando.
Sin embargo, la cifra real de la evasión, un delito estrechamente ligado a la piratería, es muy difícil de ponderar. El agujero ha venido creciendo. En un reflejo de la informalidad económica del país, México mantiene la recaudación fiscal más baja de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), situándose en 18,3% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2024, muy inferior al promedio de 34,1% de los países miembros.

“El Mundial puede convertirse en una oportunidad para el comercio formal o una ventana para la ilegalidad”, sostiene Octavio de la Torre, presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur). El grupo calcula que el mercado de falsificaciones ha crecido casi un 50% en una década y se consumen unos 63.000 millones de pesos anuales en copias. “Esto no es un comercio menor, ni tampoco se trata de un fenómeno marginal, sino de una distorsión económica de gran escala. Y cuando se distorsiona el mercado, se castiga al que sí paga impuesto”, añade.
Eso augura que los sectores de textiles, artículos deportivos, comercio minorista, material promocional, derechos audiovisuales y patrocinadores sean los que vean mayores impactos negativos. “En años anteriores se han hecho esfuerzos importantes. Sin embargo, no ha habido un punto de inflexión donde se logre observar una tendencia a la baja. Y ahora que el tema está tomando relevancia en discusiones internacionales, particularmente en la renegociación del TMEC, será importante revisar qué va a proponer el Gobierno de nuestro país para tratar de mitigar los efectos de estos problemas”, considera Héctor Magaña, coordinador del Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tecnológico de Monterrey.








