La ciudad brasileña de Río de Janeiro vive este martes, con intensos tiroteos en dos grandes barriadas, una de las mayores operaciones policiales de los últimos años. Al menos 22 personas han muerto (incluidos dos agentes) y 55 han sido detenidas, informa el diario O Globo. Las autoridades han desplegado unos 2.500 policías en la megaoperación para frenar la expansión del crimen organizado, que ha respondido a balazos e incluso con lanzamiento de granadas desde drones contra los agentes, según el secretario de Seguridad Pública de Río. El gobernador de Río, el bolsonarista Claudio Castro, ha pedido ayuda a las Fuerzas Armadas porque “es una guerra que nada tiene que ver con la seguridad urbana”.
Las balaceras han obligado a suspender las clases en 45 colegios y a desviar 12 líneas de autobús.
El principal objetivo de la operación policial es el jefe del Comando Vermelho en una barriada carioca llamada Complexo da Penha. El CV es un grupo criminal que se dedica al tráfico de drogas, entre otras actividades ilícitas, que nació en 1979 en una cárcel de Río, se ha expandido a otros Estados en los últimos años y es la segunda mafia más poderosa de Brasil.
Los agentes buscan a capo Edgar Alves de Andrade, apodado Doca, y a decenas de sus lugartenientes. Han detenido a al menos 55 hombres. Para atraparlos han realizado un espectacular despliegue que incluye, además de los 2.500 agentes, una treintena de vehículos blindados, dos helicópteros, drones policiales y una docena de vehículos de demolición.
El gobernador Castro ha afirmado, en una comparecencia, que “Río está sola en esta guerra” alimentada por “armas que vienen del narcotráfico internacional”. Se ha quejado de que las Fuerzas Armadas rechazaron tres veces sus peticiones para que le enviaran blindados de apoyo.
Añadió Castro que el Estado de Río de Janeiro está en alerta ante las posibles represalias del Comando Vermelho. “Toda la policía está en la calle y los batallones, preparados. Tenemos noticias de que quieren cerrar la avenida Brasil [una de las grandes arterias de la ciudad para desviar la atención”.
El Grupo Especial de Combate al Crimen Organizado (Gaeco) explica en una nota que el Complexo da Penha, un conjunto de favelas donde viven miles de cariocas, “es un punto estratégico para el flujo de drogas y armas, gracias a que está en las proximidades de varias autopistas, y se ha convertido en una de las principales bases del proyecto expansionista del grupo criminal”.
Uno de los investigadores que combate el crimen organizado explicaba a O Globo recientemente cómo los traficantes del Comando Vermelho usan la tecnología para trabajar en remoto, de manera que los capos originarios de Estados fronterizos pueden operar desde una favela de Río, donde es más fácil protegerse. “Se dieron cuenta de que el jefe ya no necesitaba estar en su estado natal. Podía estar protegido en Río y tomar decisiones por videollamada”, explicaba el fiscal Anderson Batista de Oliveira, que coordina el Gaeco en el Estado de Rondonia. Operar desde el corazón de una barriada en Río de Janeiro “representa una gran ventaja para todos ellos. El capo está en un lugar de difícil acceso para la policía, y la organización protege así a sus principales activos”.
La operación pretende atrapar a los jefes que dirigen el negocio del tráfico de drogas, distribuyen los centros de venta y de vigilancia y ordenan matar a los adversarios, pero los policías también tienen en la mira a los contables que lavan las ganancias y a los soldados de a pie que garantizan la seguridad de los criminales.








