Estados Unidos ha devuelto a sus países de origen, Colombia y Ecuador, a los dos supervivientes de la operación militar extrajudicial, la sexta en mes y medio, llevada a cabo por el ejército estadounidense sobre un submarino de poca profundidad que supuestamente transportaba droga en aguas internacionales del mar Caribe. Ni serán procesados por narcotráfico en Estados Unidos, ni los mantendrá la Armada detenidos como prisioneros de esa guerra contra los cárteles criminales venezolanos que Washington ha declarado sin la autorización del Congreso.
La confirmación de la repatriación, y de que esta vez es la primera, tras los cinco ataques previos, en la que hay supervivientes, la dio el presidente Donald Trump en un mensaje en Truth, su red social. Empezaba así: “Fue un gran honor para mí destruir un gran submarino narcotraficante que navegaba hacia Estados Unidos por una conocida ruta de tránsito del narcotráfico”.
Trump publicó su post este sábado, mientras centenares de miles de personas en 2.600 ciudades del país se manifestaban contra las tentaciones autoritarias de su presidente bajo el lema “No Kings” (sin reyes).
Los dos supervivientes, cuya identidad no ha trascendido, están en el proceso de su devolución a Colombia y Ecuador, según Trump, que no explicó qué hacían dos ciudadanos no venezolanos a bordo de su objetivo.
El presidente añadió que su ejército mató a otros dos tripulantes de la embarcación, lo que eleva la cuenta de civiles asesinados a 30 desde que empezó la campaña de Trump en el Caribe. En total, se han conocido seis operaciones que su Administración considera “actos de guerra”, pese a que contradicen tanto los principios del derecho internacional, como los del ordenamiento jurídico estadounidense, en buena parte de cuyo territorio la pena de muerte es legal, aunque nunca para el tráfico de drogas, y siempre con un juicio previo.
“La inteligencia estadounidense confirmó que esa embarcación estaba cargada principalmente con fentanilo y otros narcóticos ilegales”, dijo Trump en Truth. No ofreció más pruebas sobre la carga que portaba el submarino. Nunca lo ha hecho de las cinco anteriores. Tampoco ha dado indicación alguna sobre la identidad de los tripulantes muertos.
“Bajo mi supervisión, Estados Unidos no tolerará a narcoterroristas que trafiquen drogas ilegales, ni por tierra ni por mar”, ha remarcado Trump en Truth este sábado.
El anuncio de la repatriación de los dos supervivientes abre varias preguntas: Trump ordenó el ataque contra la narcolancha porque aseguró que era venezolana, pero los supervivientes son un colombiano y un ecuatoriano.
Además, al deportarlos no sigue el protocolo de un conflicto armado, cuando se mantiene detenidos a los enemigos en una prisión militar o se los lleva ante un tribunal militar, si, como ha dicho Trump, se está librando una guerra.
Esta operación, la sexta, desde que empezaron en septiembre, se distingue de las anteriores, en que no se trató de una narcolancha o una embarcación pequeña, y que la operación dejó supervivientes, dos, que fueron trasladados a un navío de los que forman el fenomenal despliegue de la Armada estadounidense en la zona, antes de ser devueltos a sus países.
La noticia de ese ataque la dio primero la agencia Reuters el jueves por la noche. Al día siguiente, en una comparecencia ante la prensa en el marco de su reunión con el presidente ucranio, Volodimir Zelenski, a Trump le preguntaron por la agresión, y este cedió la palabra al secretario de Estado, Marco Rubio, que dijo que no podía compartir más detalles y que sería el presidente de Estados Unidos el que lo haría, “probablemente en las próximas horas”.
Trump reconoció el miércoles que había autorizado “acciones encubiertas de la CIA” en territorio venezolano, unas operaciones que amenazan con resucitar los fantasmas de los años del intervencionismo de Washington en su “patio trasero”. El viernes indicó: “Hemos atacado un submarino. Estaba diseñado especialmente para el transporte masivo de drogas. Es solo para que lo entiendan. No era un grupo de personas inocentes. No sé cuánta gente tiene submarinos”.
Los periodistas también buscaron el viernes su confirmación sobre las informaciones que en las últimas semanas que el presidente venezolano trató de apaciguar sin éxito a Washington ofreciendo una participación dominante en el petróleo y otras riquezas minerales del país sudamericano y con la promesa de alejarse comercialmente de China, Rusia e Irán, sus socios hasta ahora, que le han proporcionado un dinero que necesita para mitigar el impacto de las sanciones internacionales. La Casa Blanca rechazó la propuesta. El presidente de Estados Unidos dijo este viernes: “[Maduro] ha ofrecido todo. ¿Sabe por qué? Porque sabe que no le conviene andar jodiendo con Estados Unidos”.
La Administración de Trump considera al líder del chavismo como el cabecilla último de las bandas del narco venezolanas, entre las que se encuentra el Tren de Aragua, incluida por el Departamento de Estado en su lista de “organizaciones terroristas designadas”, o el Cártel de los Soles. En agosto pasado, Estados Unidos dobló el hasta 50 millones de dólares el dinero que ofrece por cualquier información que conduzca a su arresto.
El hecho de que no conste que Venezuela produzca fentanilo, el potente opiáceo que ha causado decenas de miles de sobredosis y la mayor crisis de salud pública relacionada con las drogas en la historia de Estados Unidos, y de que, según las propias autoridades, solo un 5% de la cocaína proviene del país sudamericano invita a pensar que las verdaderas intenciones de Trump pasan por provocar la caída del chavismo. El chavismo robó las elecciones el año pasado a la oposición, según la mayor parte de los organismos internacionales y también según decenas de países democráticos.








