“Lorena, buenos días. Lorena, ¿Luis está por ahí? Necesito que me llame urgente. Por favor, es urgente”, fue el primer mensaje de audio que recibió Lorena Andrade el domingo de Pascuas cerca de las 8. Era la voz desesperada de Mariela Altamirano (28), la mamá biológica de Ángel. Luego, un segundo mensaje aún más angustiante: “Lorena, por favor, es urgente. Se trata de Ángel, por favor necesito que me llames ya”.
Ángel fue reanimado y llevado de urgencias al Hospital Regional de Comodoro Rivadavia. Su cuerpo no aguantó y murió: “Lo mismo que dijo de Luis, lo dijo del otro padre. Allá no le creyeron y el hijo está vivo, con el papá. Y acá está muerto”, dice Lorena Andrade a Clarín.
Luis la llamó enseguida: “¿Qué le pasó al nene?. La mamá biológica dijo que Ángel había tenido un problema y que estaba en el Hospital. Lorena y Luis salieron corriendo para allá. Ahí se encontraron con Maicol González que estaba afuera. ¿Qué m**erda le hicieron al nene?”, le reclamó Lorena.
“No, no se. Lo fuimos a despertar para que haga pis y estaba hecho pis. Lo despertamos y no respondía”, les dijo el padrastro en ese instante.
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El desesperado llamado de la madre antes de la muerte de Ángel.
Lorena y Luis vieron a Ángel ya inconsciente, lleno de cables. “Lo estaban atendiendo, no sabíamos en qué estado estaba. Ahí la doctora decide subirlo a terapia y Mariela mientras se puso a llamar a su abogado”, revela Lorena. El abogado apareció en la clínica pero los médicos no lo dejaron ingresar.
“¿Qué va a hacer un abogado dentro de terapia con el nene? Tu hijo está ahí y te pones a llamar a un abogado”. En ese momento, les dicen que Ángel entró en coma. “El nene estaba muerto en la casa de ella y lo reanimaron en la ambulancia. Llegó con pulso al hospital pero no salió más del coma”, explican.
Luis y su pareja se quedaron con Ángel en la clínica y al otro día, los médicos les dijeron que le compren crema, pañales, champú. “Yo me ilusioné, no es que me lo dijeron los médicos. Está mejorando porque si nos pidieron eso, va a estar bien”, recuerda.
Habían acordado que ese día Mariela y su pareja vayan a las 14 (para el primer parte médico) y Lorena y Luis iban a ir a las 20 (para el segundo) para no cruzarse y evitar problemas. “Nos llamaron del hospital antes de las 18 para que vayamos que tenían que informarnos que tenía muerte encefálica”, revela.
El cuerpo de Ángel no aguantó más. “La doctora no sabía porque le dio el ataque cardiorespiratorio”. Preguntas que hasta el momento no tienen respuesta y se espera que en los próximos días el informe de la autopsia pueda contestar.
Mariela no apareció más. Ni siquiera fue a las 14 al hospital como habían acordado. “Ella dice ahora que una doctora le dijo que no fuera. ¿Por qué no da el nombre de la doctora? Lo hace para protegerse. Quién te va a decir que no vayas a ver a tu hijo en coma”, cuestiona Lorena.
“Éramos la familia Pig“
La habitación de Ángel está intacta. Los juguetes siguen desparramados en el piso, como si en cualquier momento fuera a entrar corriendo para jugar. Sobre el escritorio, sus cosas del jardín: la carpeta llena de dibujos y colores, y una taza y mantel de Spiderman que tanto le gustaba.
El escritorio de la habitación de Ángel: tenía su carpeta del jardín llena de dibujos y fotos con sus papás. Foto: Juano Tesone/Enviado especial.Luis y Lorena apenas tienen fuerzas para hablar. Fueron días muy difíciles. Se conocieron en la cancha del club Lagunas, cuando Ángel tenía apenas dos años. “Él era arquero y yo era hincha”, cuenta ella.
Mariela lo había abandonado antes de que cumpliera un año. Ángel no tenía recuerdos de ella. Poco después, los tres empezaron a vivir juntos en el barrio Moure. “Vivíamos tranquilos los tres”, dice Lorena.
En una pared todavía está el último dibujo que hizo Ángel para el día de la Familia en octubre: los tres juntos, con la perra Lunita. Todos sonriendo.
El último retrato familiar hecho por el nene de cuatro años por el Día de la Familia. Foto: Juano Tesone/Enviado especial.“Yo tenía un hijo, lo digo así porque me lo sacaron. Va a seguir en mi corazón”, dice Luis, que respira profundo para aguantar las lágrimas. “Lo cuidé demasiado, siempre tuve bien a mi hijo”, agrega, con la mano en el pecho.
“Él me decía mamá y era cariñoso. Muy mamero. No trabajaba todos los días, me acomodaba para estar con él. Nos íbamos a pasear, a la plaza. Siempre lo llevamos al jardín de acá cerca y él en el camino agarraba una florcita amarilla y me la regalaba”, confiesa Lorena.
Ángel tenía locura por las máquinas, tractores de juguete y por Peppa Pig. “Miraba mucho Peppa Pig. Era todo con Pig. Mamá Pig, Papá Pig, éramos la familia Pig. Siempre intentamos que no le faltara nada”, cuenta Luis.
El calvario comenzó a mitad del año pasado cuando apareció la mamá biológica de Ángel. Al principio, aceptaron el acercamiento. Querían hacer las cosas bien. Pero con el paso de los meses, la situación empezó a complicarse.
“Una vez sola la vi a Verónica Roldán (por la asesora asignada al caso). Luego, siempre a la psicóloga Jenifer Leiva. Era siempre peleas, soberbia”, dice Lorena.
Hubo una discusión en la pareja que terminó con policías en la casa. “Discutimos y llamé a la policía, pero nunca pedí una perimetral. Ahí Roldán me deja al nene a mí. Ella se agarra de esa discusión”, explican ambos.
“Sufrí destrato de Leiva, mi defensor me dijo que nunca se presentó Mariela. Para mí que ellas la buscaron”, agrega.
“Yo tenía un hijo, pero me lo sacaron”, dice Luis López. Foto: Juano Tesone/Enviado especial.Cuando comenzó la revinculación, Lorena pidió que Ángel estuviera acompañado por un psicólogo. “Cuando pedí eso me dijeron que la mamá tenía una denuncia terrible contra el papá. ‘Vos no podés pedir que se la estudie a la mamá’, me contestaron. Para ellas yo no era nada, solo la pareja de él”, confiesa.
De repente, el papá tenía una denuncia en su contra y Lorena “no era nadie” para reclamar que se cuide a Ángel.
“Ellas sabían que yo era la mamá, que el nene me llamaba así y no les importó mi opinión”, dice, mirando la carpeta del jardín. Ángel nunca llamó “mamá” a Mariela. “Él se enojaba cuando le decían que yo no era su mamá”. Pero igual los apartaron.
En noviembre les quitaron la tenencia y dictaron una perimetral por tres meses. No podían acercarse.
“Le dieron el cuidado a Mariela y a ella nunca lo tuvo porque lo cuidaba el tipo (Maicol). Un hombre que nos enteramos que tiene dos denuncias en Ushuaia de sus parejas, diciendo que le pegaba a sus hijos. ¿Protección no vio eso? ¿No investigó eso?”, cuestiona Lorena.
Ellos buscaron un abogado privado pero no podían pagarlo. Una vez que venció la medida en Febrero, Mariela accedió a que el papá vea al nene pero solo en su domicilio. “Pero si nos quería denunciar en la comisaría, cómo él se iba a arriesgar a ir a su casa. Nunca quiso visitas”.
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Ángel Nicolás López junto a su papá Luis y Lorena, su mamá del corazón
El 9 de marzo fue el último día que vieron a Ángel. Lo trajo Maicol González, novio de la mamá biológica. Tenía picaduras y marcas en la cara. “Vino y no quería que le revisemos el cuerpo cuando él nunca tuvo problema. Le poníamos crema, hasta le compramos un secador de pelo”, revela.
Pensaron que con el video del nene diciendo que no se quería ir, Ángel iba a volver con ellos. “Ahora lo tengo en una tumba”, dicen.
“Leiva en los primeros días, cuando esa mujer se fue a Córdoba y me hizo una denuncia, me empezó a hacer un seguimiento. Era todo normal, me pedían las cosas y les presentaba todo. Yo le mandaba mensajes preguntando cómo iba todo hasta que cerraron el caso porque no me encontraron nada. Siempre lo llevé al control y estaba sano”, cuenta su papá.
Luis insistió pero nadie lo escuchó: “‘Acá la especialista soy yo, no vos’, me dijo Leiva. Yo les advertí a todos lo que iba a pasar. A toda la Justicia e incluso a la comisaría. Yo no lo veía bien a mi hijo. Al principio pensamos que éramos perseguidos pero después presentí”.
Y agrega: “Me dijeron que el nene había dicho que quería vivir con su mami y no con su papi. Y papi nunca me decía, sino papá. Ángel jamás diría eso. Fui a buscarlo y vino corriendo hacia mí, hasta lo filmé para mostrar. Ahí le dije a Lorena que nos estaban mintiendo. Siempre la llamó Mariela, nunca mamá”, revela Luis.
Leiva les dijo que el nene vivía re bien con el sueldo de Mariela y su pareja, que el nene tenía su habitación. “Ella informó eso para que le den el nene a la madre. Leiva es responsable porque informó algo que era mentira. Nosotros somos humildes pero el nene tenía su habitación, no dormía con nosotros”, explica Lorena.
“El nene fue a un comedor, con nosotros nunca fue a un comedor. Nosotros fuimos a la Justicia a pedir ayuda”. En medio del dolor, muchas personas le escribieron mensajes. “Sabés la cantidad de familias que se me acercaron diciendo que les pasa lo mismo”.
La habitación sigue intacta, esperando el regreso de Ángel. “Yo tenía un hijo, pero me lo sacaron”, repite Luis.
Mientras tanto, afuera, en las calles, resuenan los pasos y voces de los cientos de vecinos que el viernes por la noche marcharon con velas y globos blancos por el centro de la ciudad hasta la sede de las fiscalías de Comodoro Rivadavia para reclamar justicia.
Marcha en pedido de Justicia por la muerte Ángel López. Foto Juano Tesone/Enviado especial.Comodoro Rivadavia. Enviada especial.








