La forzada ausencia de Nicolás Maduro en el poder llevó a que Delcy Rodriguez -exvicepresidenta del dictador encarcelado en Estados Unidos- se convierta en apenas unas horas en presidenta interina. Fue el 5 de enero, pero tanto para opositores como para chavistas seguramente parecerá pasó mucho más tiempo. De a poco Delcy, y su hermano Jorge tras bambalinas, han ido haciendo algunos cambios en el gobierno, hubo ley de amnistía, se nombraron nuevas autoridades dentro del poder judicial, salió de escena el otrora todopoderoso Vladimir Padrino López dejó el Ministerio de Defensa, cada movimiento del chavismo o de su Asamblea General son puestos inmediatamente bajo la lupa en Estados Unidos.
Las designaciones de Larry Daniel Devoe Márquez como Fiscal General y de Eglée González Lobato como nueva Defensora del Pueblo han sonado a poco para la oposición, que soñaba que con la caída de Maduro los cambios fueron rotundos y se precipitaran, arrastrando al chavismo hacia un ocaso inexorable. Pero Trump, siempre impredecible, laudó a favor de Delcy, junto a Marco Rubio, y el día a día venezolano transita una zona que irrita tanto al fundamentalismo de los sectores más duros del chavismo, como a los opositores más acérrimos.
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Henry Falcón, diputado opositor, considera que “no hay garantías de idoneidad” en los nuevos nombramientos. La opacidad de las reglas de selección de Fiscal General y Defensora del Pueblo, tanto como que no se explicitaran los criterios de selección han despertado críticas preocupación en parte de la población, que ve, ya sin Maduro, chavismo de baja intensidad.
La unicameralidad de la Asamblea General (parlamento venezolano) no tiene contrapesos a la hora de debatir, deliberar y promulgar leyes. La ausencia de minorías no logra frenar el dominio total que tiene allí el chavismo. La ley de Amnistía en su artículo 15 señala que “La Asamblea Nacional designará una comisión especial que desarrollará y designará mecanismos para asegurar el cumplimiento de esta ley en colaboración con los organismos de justicia”. Las ONGS como Amnistía Internacional y distintos organismos internacionales, resaltan que esas líneas en realidad conllevan discrecionalidad y arbitrariedad dejando el control de la norma en manos del oficialismo.
En Ciencia Política hay conceptos importantes que en Venezuela brillan por su ausencia. Uno de ellos es que un gobierno Abierto debe encabezar un sistema democrático “sano”; sin secretos y con participación de la población tanto en informarse como en participar. Y además, la Rendición de Cuentas (“Accountability”) obliga a que los funcionarios se hagan responsables de sus actos.
Pero en la Venezuela detrás de la sonrisa de Delcy Rodríguez persiste una “telaraña estratégica” que busca mantener el control de lasa situaciones procesales y judiciales. El diseño institucional en Venezuela es un problema en sí. Las instituciones fueron convertidas por el chavismo en meras “herramientas políticas”. Pueden ser usadas para bien o para mal de la ciudadanía. Aquí lo que juega es la naturaleza de los políticos. Pero la necesidad de control es clave.
La naturaleza humana ha demostrado, a través de los siglos, que es extremadamente peligrosa, sobre todo con poder. James Madison, en “El Federalista” resaltó “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario ningún gobierno. Si los ángeles gobernaran a los hombres no serían necesarios controles internos ni externos sobre el gobierno (…)”.
Entonces, si bien muchas de las reformas que se inician son demandas obligatorias por parte de EE.UU, sin dudas lo que le interesa a la Casa Blanca es es la cooperación para obtener recursos minerales y petróleo.
El pasado 26 de enero, el secretario de Estado Marco Rubio dijo que “EEUU. espera una transición a la democracia en Venezuela” y que “no descartan el uso de la fuerza si lo ven necesario para garantizar la estabilidad”.
Delcy Rodríguez no tiene muchas opciones. Cooperar con EE.UU. e impulsar una apertura política evitará que vuelvan los marines. Puede haber “cierta negociación” con Washington, pero como se señala en Relaciones Internacionales, todo depende del peso que tiene cada uno y en el caso de la Casa Blanca y Miraflores las asimetrías son abismales.
En Venezuela ni el chavismo ni la oposición están en posición de imponer demandas, deben aceptar las de EE.UU.. Le pasó a María Corina Machado, incluso, que hasta le llevó como gesto de acercamiento su medalla de Nobel de la Paz a Donald Trump, y ni eso consiguió que el líder republicano avale las demandas opositoras. Quedan entonces por ver las próximas movidas de Delcy Rodríguez: debe mantenerse en el poder, pero sin irritar al “cuasi monarca” (como le enrostran en las protestas “No Kings” al republicano), Donald Trump.
* Lic. en Ciencias Políticas








