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La tecnología molecular puede parecer compleja, pero es una herramienta simple, accesible y de bajo costo. Técnicas como la PCR, ampliamente conocidas desde la pandemia del covid-19, permiten amplificar fragmentos de ADN para detectar patógenos o enfermedades genéticas. En el campo de la conservación, además, estas herramientas resultan especialmente útiles cuando la identificación morfológica de especies no es posible. En esos casos, basta un pequeño fragmento de tejido para determinar qué animal o planta está detrás de una muestra.
Hace diez años, un estudio realizado en los mercados de Ecuador reveló que parte del pescado vendido no era lo que decía la etiqueta: el 26,67% de las muestras analizadas correspondía en realidad a tiburón. Ante la sospecha de que esta práctica persistía e, incluso, podría haber aumentado, los autores de la investigación decidieron retomar la idea en 2023.
Sus resultados, publicados en la revista científica Frontiers, vuelven a confirmar la sospecha: casi el 47,42% de las muestras recolectadas en mercados de Ecuador correspondían a carne de tiburón.
Aunque el muestreo se hizo en Quito, Cuenca, Ibarra, Ambato, Manta y Guayaquil, fue en las primeras cuatro ciudades, en las andinas, donde se encontraron los resultados positivos. Esto se debe a que el consumo de pescado es menos frecuente, por lo que es más difícil identificarlo.
“Nos acercamos a varios mercados donde compramos filetes vendidos como corvina. Luego los guardamos en un cooler y los trasladamos al Laboratorio de Biotecnología de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ)“, cuenta Gabriela Pozo, autora del estudio.
Los investigadores aplicaron dos pruebas de PCR a cada una de las muestras. La primera determinaba si se trataba de carne de tiburón. En caso de ser positiva, una segunda permitía identificar la especie específica. Según el estudio, el método alcanza una efectividad del 97,8% para este último proceso.
Entre las especies detectadas figuran el tiburón sedoso (Carcharhinus falciformis) y el tiburón martillo (Sphyrna zygaena), ambos clasificados en categorías de vulnerabilidad en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). También se identificó al tiburón zorro (Alopias pelagicus) y la tintorera (Prionace glauca).
Vender tiburón
En Ecuador, la normativa permite vender tiburones capturados de forma incidental. Es decir, si el animal es pescado involuntariamente cuando se quiere atrapar a otros peces. De acuerdo con los autores del estudio, esta disposición podría facilitar la venta de más de dos millones de ejemplares al año, además de que se corre el riesgo de capturar especies protegidas.

El tiburón martillo liso, por ejemplo, fue encontrado en muestras recolectadas en dos ciudades distintas. Se trata de una especie que es totalmente protegida en Ecuador, por lo que su pesca está prohibida, incluso de manera incidental, al igual que su comercialización.
“Aunque existe normativa, se evidencia la captura de especies totalmente protegidas”, agrega Pozo. “Que se inicie la conversación sobre este tema es fundamental para poder exigir mayor regulación en la comercialización de tiburones por pesca incidental”.
Los científicos también destacan la importancia de poder conocer lo que uno verdaderamente está comprando y comiendo. “En la realidad del sur global, la trazabilidad es fundamental”, explica Juan José Guadalupe, investigador que hizo parte del estudio. “Herramientas sencillas como la PCR permiten realizar este tipo de análisis y esto es clave para regular el mercado y contribuir a la conservación de especies en estado de vulnerabilidad”.
Para María de Lourdes Torres, investigadora y directora del Laboratorio de Biotecnología Vegetal de la USFQ, la aplicación de esta tecnología debería trascender el ámbito académico. “Sería importante que el sector público también las incorpore. Son métodos accesibles y reproducibles que permitirían que el consumidor sepa qué está comprando y, al mismo tiempo, fortalecerían la conservación de especies marinas”, señala.
El estudio, advierten, representa apenas una fotografía del momento en que se realizó el muestreo. Por ello, plantean ampliar el análisis en las ciudades con mayor incidencia y repetirlo en distintos periodos para evaluar si la tendencia se mantiene o cambia con el tiempo. No es una tarea menor. En Ecuador, al menos 40 especies de tiburones figuran en la Lista Roja de la UICN, lo que evidencia la presión que enfrentan estas poblaciones y la necesidad que existe de fortalecer los mecanismos de control, trazabilidad y conservación.







