Una España prodigiosa atrapa otra final


Antes del estallido último, del rugido de éxtasis colectivo, en el estadio de Dallas, tierra de rodeos, se escucharon olés. Varios minutos de olés mientras España distraía el balón y Francia, el equipo más celebrado del Mundial, contemplaba desconcertado el final de una prodigiosa exhibición de fútbol. La Roja se clasificó para la segunda final mundialista de su historia con una función memorable con la que dejó a cero por primera vez en el torneo al equipo de Deschamps, el único equipo que había ganado todos sus partidos. Hasta que se encontró con España, el día que España sacó su versión mandona y hermosa. Como en la Eurocopa, pero distinto, porque no necesita ni a Nico Williams ni a Lamine. La selección de Luis de la Fuente se maneja ahora con un libreto inalcanzable que se pondrá a prueba de manera definitiva el domingo en Nueva Jersey, en la final de la Copa del Mundo, contra Inglaterra o Argentina (21.00, La1 y Dazn).

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