“Un robot se pudo meter antes que una mujer”

“Un robot se pudo meter antes que una mujer”

Vanesa Audil (35) habla con la misma soltura sobre inteligencia artificial y robótica que sobre cirugías de corazón, su noviazgo de siete años y la equidad de género en los quirófanos. Todos esos placeres los combina en una charla mientras se preparaba para operar. No hay minuto que perder. Paciente y equipo la esperan a ella. Y ella sabe de espera.

Es la única cirujana cardiovascular mujer del staff de la Fundación Favaloro. Un dato punzante si se tiene en cuenta que, desde “René” a esta parte, es el centro de referencia en la formación ininterrumpida de cirujanos cardiovasculares de la Argentina.

“La cirugía cardíaca es para todos los géneros, pero hoy es una de las especialidades con menos mujeres. Están empezando a crecer las residentes, pero en puestos de liderazgo, de staff y cirujanas que operen a sus propios pacientes, las mujeres son muy escasas. En Buenos Aires y en toda Argentina. Requiere que tengamos el carácter para plantarnos acá”, dice Vanesa, y con los brazos marca un espacio aséptico que va más allá de ese quirófano. Un requisito extra que no está en la carrera de Medicina.

Al carácter lo forjó. “Me pasaron un montón de cosas antes de pensar en que me gustaban las venas, las arterias”. Nació en un pueblo que se llama Villa Quinteros, en Tucumán, y se recibió de médica en la capital provincial, desde donde emigró otra vez para trabajar en una guardia en Río Gallegos, y después terminó siendo la única mujer en un pozo petrolero mucho más al sur, en Cabo Vírgenes.

“Eran 200 tipos y yo. Trabajaba 14 días y otros 14 descansaba. Ahí me pasaba que los pacientes no me tenían confianza. Acá en la Favaloro al principio también lo viví. Pero los pacientes pasaron de decirme: ‘¿Dónde está el doctor? a ‘Usted me va a operar, no?’”.

En ese campo aislado en el Estrecho de Magallanes, pensó que iba a atender “cuestiones mínimas”, pero en dos años sacó adelante a petroleros con “algún paro cardíaco”, y hasta colocó desfibriladores implantables, que es justamente lo que también hace ahora en Montserrat.

“Ahí me di cuenta de que me gustaba mucho el corazón. Y que para meterme a hacer una cirugía iba a tener que ser igual de aguerrida que en el pozo. Cuando opero miro alrededor y veo mujeres. Pero somos siete cirujanos acá: seis hombres y yo. Soy la única cirujana de planta”, insiste.

Empezó la especialidad, durante seis años, en el Hospital Argerich, y la terminó donde hoy habla con Clarín. La pregunta sobre la maternidad nunca llega, pero siente la necesidad de darle vida al tema. “Con mi novio tenemos el proyecto de tener un hijo. Y justo ahora estoy en un momento clave de mi carrera”.

La semana pasada subió a Linkedin la foto de un logro laboral bastante específico. Se la ve a ella, a unas anestesiólogas, otras perfusionistas y unas instrumentadoras, grabando una operación de bypass coronario realizada íntegramente por un equipo de mujeres. “Hace tiempo me dijeron que para las mujeres llegar a operar corazones era muy difícil; hoy puedo decir que estamos cambiando el paradigma”, fue el mensaje. De las seis que se realizan ahí al día, ella hace dos.

¿Cómo se lleva con la idea de que exista un “Día de la Mujer Médica”, que se celebra cada 11 de febrero? “La verdad no tenía ni idea de que existía. Creo que es un día donde se pueden potenciar cosas para las mujeres. A muchas les falta animarse porque piensan ‘esto es de hombres’. La cirugía cardiovascular necesita más liderazgo femenino. Estoy intentando impulsarlo”.

En diciembre fue parte de otro hito, que no posteó en clave de género, pero que tuvo relevancia nacional. Participó de la primera reparación de válvula mitral asistida por robot en la Argentina. “Creo que la inteligencia artificial se metió antes que las mujeres en la cirugía cardiovascular. De una manera diferente, sí, pero se metió antes. Tenemos que estar más”, apunta.

A principios de 2024, durante su estadía en el Hospital Clínic de Barcelona, Vanesa realizó una observación intensiva en cirugía cardíaca robótica. Allá vio el “futuro” de las cirugías mínimamente invasivas, cuando todavía no era la unica jefa mujer de este quirófano.