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El 5 de julio de 2008, en la localidad de Río Colorado, al norte de la Patagonia, Pablo Alarcón, empleado de un frigorífico, encerró a sus hijos, los amordazó y los degolló. Mirta Valenzuela, su ex pareja, y madre de los niños, lo había denunciado por violencia de género. Alarcón tenía una orden judicial que le prohibía acercarse a ella, pero esa orden no decía nada sobre sus hijos. Aquel sábado la llamó varias veces, y como no logró ubicarla, le dejó mensajes amenazantes. Al escucharlos, Mirta fue con la Policía hasta la casa. Alarcón los recibió con disparos. Más tarde, cuando pudieron ingresar a la vivienda, vieron que Alarcón estaba muerto: se había suicidado, y con el mismo cuchillo había matado a sus hijos Juan Pablo, de 8 años, y Macarena, de 6.
Estos hermanitos encabezan una de las estadísticas más tristes que hace La Casa del Encuentro desde 2008, la de los niños y niñas asesinados por sus propios padres para vengarse de sus madres. Según esta asociación civil, entre julio de 2008 y diciembre de 2025 fueron asesinados 167 niños, desde bebés hasta pequeños de 12 años. Una estadística muy similar tiene el observatorio Ahora Que Sí Nos Ven: 35 asesinatos de hijos a manos de sus padres entre 2023 y 2025. Un niño cada mes.
En Argentina se los llama femicidios vinculados. En España se habla de violencia vicaria, una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer. Es a la mujer a la que se quiere dañar y el daño se hace a través de terceros. El hombre sabe que maltratar y matar a los hijos, considerados objetos, es dañar a la mujer del modo más cruel.
Sonia Vaccaro es una psicóloga argentina que vive en España desde hace mucho tiempo y se especializa en violencia contra las mujeres. En 2012 fue quien acuñó el término “violencia vicaria”, y la definió como “aquella que utiliza a los hijos para herir y maltratar a la mujeres”.
Meses atrás, Vaccaro estuvo en la presentación del anteproyecto de Ley Orgánica de medidas en materia de violencia vicaria, que tipifica a esta violencia como delito y la define jurídicamente. “Es importantísimo este paso, es una forma de visibilizar esta violencia”, dijo la especialista. En España el proyecto ha generado polémica y un gran debate, incluso al interior de los feminismos. Parece un problema, pero sin dudas es algo positivo: se habla del tema.
En Argentina la violencia vicaria no está en agenda. Tampoco los femicidios vinculados. Lo cierto es que hoy en día prácticamente ya ni se habla de femicidios. El gobierno libertario que encabeza el presidente Javier Milei desmanteló todas las políticas públicas relacionadas con la prevención y la asistencia, con un argumento a todas luces falaz y retrógrado: “La desigualdad no existe, la violencia no tiene género”.
“El agresor considera que le pertenecen”
Ada Rico, al frente de la Casa del Encuentro, afirma que “el femicidio es una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres, es el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad”. El concepto ‘femicidio vinculado’ es un aporte teórico creado por esta asociación “para realizar un análisis exhaustivo que recupere todas las aristas asociadas a la violencia de género”, agrega.
Y detalla: “En el caso de los femicidios vinculados de hijas e hijos queda en evidencia que el agresor considera que también le pertenecen y puede hacer lo que quiera con ellos, incluso asesinarlos -dice Rico-. Los femicidas mayoritariamente son los padres o padrastros. En un alto porcentaje el lugar donde asesinan a estas niñas y niños es su vivienda o la vivienda que comparten con el femicida”.
“¿Qué padre es buen padre si maltrata a la madre?”
“Muchas mujeres deciden separarse o denunciar por la violencia que viven sus hijos, a veces porque ven a sus padres maltratando, otras por que el maltrato va hacia ellos directamente. Algunas pueden pedir medidas de protección hacia ellos, y se las otorgan, otras veces deben escuchar que una cosa es la violencia hacia ella y otra a sus hijos, deben escuchar que el padre es el padre y que pueden ser buenos padres… pero ¿qué padre puede ser un buen padre si maltrata a la madre de ellos?“, se pregunta Fernanda Tarica, médica, directora de Shalom-Bait, una asociación civil de Buenos Aires que acompaña a mujeres que sufren violencia de género.
“La violencia es efectiva y el miedo adoctrina, controla, los hijos aprenden a callar, tratan de ser invisibles. Cuando los varones denunciados son los padres y luego de una denuncia por violencia de género siguen en contacto con los hijos, el riesgo que la violencia continúe con sus hijos es alta. Las madres viven preocupadas por este riesgo, y tratan de muchas formas de proteger a sus hijos, pero enfrentan las presiones del sistema de Justicia, de profesionales y la sociedad que les dice ‘no exageres, no les saques el padre’. Resulta que el mundo está más preocupado por el violento y sus derecho que el de los chicos”, plantea la especialista.
Y concluye: “Nos son pocas las situaciones de varones que amenazan a su pareja con que si hace la denuncia se la van a devolver con lo que más les duele.. los hijos. Los hijos son objeto de manipulación y de violencias para seguir dañando a “su” mujer. Como acto de venganza, hasta la vida de sus propios hijos no vale, los pueden abusar o incluso asesinar. Lo más importante para ellos es mantener esa posición de dominio, poder y control”.
“Por culpa tuya”
“Por culpa tuya nos fuimos para siempre”, dejó escrito en una carta el camionero Gustavo Suárez antes de asesinar a su hijo de un disparo y luego suicidarse dentro de su propio camión, en la ruta N° 60 de la provincia de Buenos Aires. Su ex pareja, Daiana García, lo había denunciado por violencia, pero una orden judicial consideró: “No existe un riesgo extremo que torne necesario disponer la suspensión del régimen de comunicación paterno-filial”.
El niño, Francisco, tenía 4 años. Su mamá, 26. Suárez también le escribió: “Te mereces lo peor por el resto de tu vida y sé que así será”. Ocurrió en los últimos días de 2025. Los medios de comunicación titularon con “horror” y “tragedia”. En este nuevo contexto nacional en el que hablar de “género” está mal visto, ni se mencionó la violencia vicaria. Así que España, celebren el debate.










