Empezó con una valija de cuero. En la valija había fotos, cartas, documentos familiares. “A vos te gustan esas cosas”, le dijo su suegra a María Angélica Labiano, antes de entregársela en ocasión de una mudanza. Labiano siempre había demostrado interés en las historias que le contaba su suegra, que era sobrina de Cecilia Grierson, la primera médica graduada de la Argentina y defensora de los derechos de la mujer. Resultado de ese hallazgo, el libro El viaje de Cecilia Grierson (Maizal Ediciones) compila material, hasta ahora inédito, de fotografías y cartas.
La correspondencia, dirigida a sus familiares, está fechada entre mayo de 1899 y abril de 1900 y documenta el viaje que hizo Grierson cuando fue invitada a participar del Congreso Internacional de Mujeres de Londres como delegada de la Argentina.
Al momento de embarcarse, la doctora tenía 39 años, era docente universitaria, había publicado libros y fundado instituciones, entre ellas, la primera escuela de enfermería de Sudamérica, la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios y había sido parte del grupo fundador de la Asociación Médica Argentina, que llegó a presidir en 1907.
Aprovechando la ocasión del viaje, el gobierno le encomendó el estudio de la enseñanza de las mujeres en varios países de Europa, por su doble condición de profesora normal y doctora.
Grierson, interesada en seguir perfeccionándose como profesional, extendió su estadía para estudiar y visitar instituciones en distintos países. Durante esos meses, conoció Inglaterra, Escocia, Italia, Suiza, Países Bajos y Francia, en donde se instaló para tomar cursos de Obstetricia y Ginecología, su especialidad.
Mujeres determinantes
Labiano, quien tiene a su vez entre sus antepasados a Julieta Lanteri (la primera sufragista argentina, también médica y colega de Grierson), se casó con un descendiente de Catalina, la única entre los cinco hermanos de Cecilia que tuvo hijos. Por su conexión familiar y su interés personal, fue una de las fundadoras de la Fundación Cecilia Grierson y es responsable de las tareas de investigación y divulgación.
Cecilia Grierson. Archivo Clarín.Cuando empezó a transcribir las cartas, primero a mano, luego en computadora con ayuda de una de sus nietas, no imaginaba que terminaría publicando un libro.
“Yo, en realidad, las transcribí para uso familiar, porque no se pueden tocar, son cartas que tienen 100 años y las iban a estropear y yo era muy consciente de que estaba manejando un documento de gran valor histórico”, cuenta a Clarín. Sin embargo, a medida que profundizaba su conocimiento del contenido del archivo, cambió de idea.
En las cartas, se puede leer a Grierson en un registro íntimo y directo mientras comparte sus impresiones sobre los lugares que visita y compara las costumbres extranjeras con las propias. Así, en su relato, París le gusta menos que Londres, aunque admite que las parisinas se visten mucho mejor que las inglesas.
Visita museos, la catedral de Saint Paul, la exposición de cera de Madame Tussaud, ve actuar a Sarah Bernhardt, compra ropa y muebles, se decepciona con “La última cena” de Leonardo Da Vinci, participa de un five o’clock tea con la mismísima Reina Victoria.
Sobre esa ocasión, anota, con bastante ironía: “La condesa de Aberdeen ha dado varias recepciones y ha conseguido que hoy su ‘Graciosa Majestad la Reina Victoria’ nos reciba en Windsor, donde después visitaremos el castillo y nos servirán, etc. Esto se considera un gran triunfo para la ‘causa de la Mujer’ pues hasta el presente la Reina se había mostrado indiferente a este movimiento feminista y para que las cosas progresen aquí necesitan el aval social de la Reina”.
Para Labiano, hay una carta especialmente conmovedora, aquella que Grierson escribe en su cumpleaños. “Ella cumple sus 40 años sola en París. Esa carta para mí es brutal. Porque está triste, porque está sola, porque era una familia muy unida, se quedaron huérfanos de padre muy chicos y huérfanos de madre muy jóvenes y estaban siempre muy juntitos. En esa carta dice que ‘se regala un fueguito’ porque todo costaba dinero. No les dice a las amigas que es el cumpleaños para no ponerlas en la obligación de que traigan regalos. Cada vez que la leo me conmueve”, destaca.
En el Congreso de Londres, Grierson describió la situación de la mujer en Argentina frente a mujeres de Estados Unidos, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Persia, Palestina, China y diversos países europeos.
“Lo que me ha admirado tanto es la facilidad con que hablan en público todas esas mujeres y sobre todo los acentos inimaginables; disienten como ‘hombres’ diríamos allá; y lo hacen con verdadero talento; verdad es que son mujeres escogidas de cada nación”, le cuenta a Catalina, destinataria de la mayoría de las cartas del volumen.
Ese comentario de admiración casi hace olvidar que la que escribe es una universitaria pionera que se había abierto camino en un ambiente cargado de prejuicios, una mujer que no dudaba en que los principales diarios del país publicarían los artículos que enviaba desde el exterior a través de su hermana.
También, la misma que, al regresar, replicaría en el terreno local la experiencia europea con la fundación del Consejo Nacional de Mujeres de la República Argentina, organizador del Congreso Internacional de 1910.
En su discurso, que preparó unos días antes durante el mismo viaje, presentó a la Argentina como un país de generosidad y libertad que estaba abriéndose al mundo y en el que las mujeres tenían cada vez más oportunidades de prosperar. Tal como permiten descubrir las cartas, esa visión estaba lejos de ser una impostura forzada por el rol de emisaria oficial.
Grierson era hija de inmigrantes escoceses e irlandeses y, aunque reivindica sus raíces y se alegra de recibir elogios por su buen acento inglés, en todo momento expresa un sentimiento patriótico.
A la distancia, sigue leyendo los periódicos argentinos, brinda con champagne el 25 de mayo y viaja acompañada de su mate. “Lo saboreamos en grande y es lo único que nos hace tener la ilusión de que estamos cerca de la patria”, escribe, seguramente rememorando su infancia en el campo de Entre Ríos.
“Hay mucho bueno”
Luego de su periplo por distintas instituciones y visitas a hospitales, llega a una conclusión: “De todo lo que he visto voy sacando en consecuencia que allá por más defectos que tenemos hay mucho bueno y aún mejor que acá en muchas cosas y costumbres. Dirán que soy una salvaje en decir esto, pero creo que es la verdad; una se forma una opinión demasiado grandiosa de esto y luego una encuentra tantas cosas atrasadas”.
Páginas interiores del libro El viaje de Cecilia Grierson, compilación de María Angélica Labiano (Maizal Ediciones). Foto: gentileza.Pese a su ponderación positiva de Argentina, hay algo que surge tímidamente, tanto en su discurso como en su correspondencia: “recién ahora cuando recibo los elogios en un país extranjero es que me indigna que mis compatriotas no me hayan hecho justicia cuando me presenté a ese concurso para obtener la sustitución de la cátedra”.
En 1894 habían rechazado su solicitud para incorporarse como docente en la Escuela de Parteras de la Facultad de Medicina y tampoco le permitieron ejercer como cirujana.
Hoy, varias calles e instituciones del país llevan el nombre de Cecilia Grierson y su rostro está en el billete de dos mil pesos junto al del exministro de Salud Ramón Carrillo.
Para Labiano, el auge del interés por las cuestiones de género sin duda impulsó una revalorización de la figura de Grierson, aunque todavía se ignora buena parte de su obra. En este sentido, el libro, viene a convertirse en una “referencia histórica, un libro que sirva para pasar la posta”, sueña su autora.
Parte del archivo Grierson fue donado a la Universidad de San Andrés, mientras que las cartas siguen siendo conservadas por la familia, junto con otros materiales, por el momento, inéditos. Esta correspondencia, ahora disponible al público, permite, como nunca antes, conocer a Grierson en su propia voz.
El viaje de Cecilia Grierson, compilación de María Angélica Labiano (Maizal Ediciones).








