Donald Trump jamás se rinde. Y mientras festeja éxitos militares en Venezuela o ahora en Irán, donde los ataques combinados con fuerzas israelís terminaron nada menos que el implacable y despiadado guía supremo Alí Jamenei, en entrecasa al líder estadounidense se sobran problemas y hasta derrotas judiciales. Así desde la cuenta de redes sociales de Casa Blanca intentó “embestir” a la dura sentencia del la Corte Suprema de EU ( 6 jueces contra 3) de basándose en la “Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA)”, desautorizó sus subas arancelarias y le dejó en claro que “el Poder Ejecutivo norteamericano no tiene esa facultad”, que el mandatario republicano venía usando hasta el cansancio.
El tema debe pasar primero por el Congreso, enfatizó la Corte, incluso con severo tirón de orejas señalando que la interpretación de la ley que hizo la administración Trump, “no fue correcta”. Así las grandilocuentes declaraciones de Trump sobre que “Hacer a América grande de nuevo” (“Make America Great Again”) ha tropezado con un durísimo límite judicial que no esperaba. Tiene una magnitud tal ese fallo, que la administración Trump afronta ya 2 mil demandas arancelarias, y los litigios podrían ser miles, porque son cientos de miles los importadores que pagaron los gravámenes anulados por la Corte Suprema.
Fiel a su estilo, Trump criticó a los jueces considerando que “no son leales ni patriotas con nuestra Constitución”. Es importante detenerse aquí; en el control de constitucionalidad. En EE.UU. tras el fallo histórico de “Marbury vs. Madison”, nace el control de constitucionalidad. Con ventajas y desventajas, para bien o mal, pero es solo la Corte Suprema de EE.UU. y no el presidente quien que determina la constitucionalidad o no de las políticas públicas y leyes.
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Que la administración Trump quiera pasar por alto esto, irá contra la división de poderes y derivará, seguramente, en otra seria derrota. Se trata del sistema de frenos y contrapesos que sostiene la división de poderes en una democracia liberal.
Trump ya tuvo declaraciones en el pasado que parecen ser un reflejo de sus intenciones. Dijo en la cadena Fox en el pasado “Ya no tendrán que votar otra vez”. Incluso quiso “atropellar” la legalidad de su derrota electoral con Biden, que nunca llegó a admitir con valedera. Trump no acepta derrotas. Incluso si para eso implica realizar distinto grado de felonías.
Lo cierto es que la división de poderes en EE.UU. tiene y las políticas agresivas de Trump, su administración económica, los archivos del caso Epstein y sus archivos, la brutalidad del ICE y sus homicidios… parece ser demasiado. Las derrotas electorales en varios distritos agregan cicatrices: desde la Gobernación de Virginia ( y la Fiscalía General); Nueva Jersey; la alcaldía de Nueva York (nada menos que con Mamdani, “delfín” socialista del riñón de Bernie Sanders); o la alcaldía de Omaha(Nebraska); la de Miami; la de Aurora (Illinois); la Alcaldía de Roswell (Georgia); o la derrota enTexas en 2026 o Luisiana en febrero de este año.
Allí debe anotarse también que la movida demócrata de “Proposición 50” , aprobada el 4 de noviembre del 2025( conocida como “Ley de Respuesta al Fraude Electoral” en California), como respuesta a la maniobra legislativa republicana “Gerrymandering”, (también del año 2025). Esta última, buscó redistribuir el mapa electoral en Texas para obtener “ventajas” (5 escaños más en próximas elecciones). La victoria del “si” de la “Proposición 50” fue un duro golpe para Trump, y que haya sido aprobada en sufragio (“por si o por no”) le da todavía más legitimidad que una maniobra legislativa y judicial.
La participación activa de Trump en redes, sus intenciones desde la opinión pública de actuar como “líder de opinión”, choca entonces con dos datos concretos: pierde popularidad y elecciones. El apoyo del Presidente norteamericano a sus candidatos sirvió de poco en los últimos comicios estatales. La marca Trump no fue suficiente. Y eso pareció indicar que el líder republicano parece estar perdiendo poder ante los demócratas. También el apoyo de la opinión pública a su administración ha ido bajando.
“Errático” y con la economía en duda: así ven los estadounidenses a Trump
Por otra parte, la sombra del caso Epstein parece rodearlo cada vez más. Los Clinton ya fueron llamados por parte del panel de Cámara de Representantes que investiga dicho caso. Ni el poder de ese apellido pudo evitarles esa situación. En el caso de Trump, sigue teniendo e intentará sin duda, usar todos los resortes del Estado para esquivarlo. Pero no es gratis, eso equivale a pérdida de aprobación, de legitimidad, y puede terminar afectándolo. Sobre todo si se piensa que no tendrá posibilidades de reelección en poco más de dos años.
La realidad muestra entonces que la realidad doméstica le marca límites y Trump empieza a tropezar. Estos límites actúan cómo “molinos de viento” que el veterano líder republicano busca derribar. Y son mucho más complejos que Venezuela o en estas horas Irán, donde puede aplicar el inmenso poderío de las armas.
* Lic. en Ciencias Políticas.








