Cuatro por cuatro. Cuatro generaciones en el Four Seasons. Sucedió uno de estos días todavía fríos del mes de la primavera: Mirtha, Marcela, Juanita y Ámbar lograron coincidir en la lujosa Suite Presidencial del famoso hotel de Recoleta. Esta reunión inédita del clan Legrand-Tinayre completo, rama femenina, es la conclusión de una larga búsqueda de Viva. Pero no hablemos de edades, señoras y señores, que ante nosotros tenemos a una nonagenaria excepcional. Con ella, los argentinos hemos almorzado o cenado, televisor mediante, desde 1968. Hito y mito nacional, ascendió al nivel insuperable de “figura”, luego de actuar en el cine y el teatro, y tras su paso por la televisión como conductora.
Es la prueba de que algo así como la “telegenia” existe, mismo rubro que la fotogenia. Hay que ver cómo “Chiquita” Legrand -el alias estelar de quien el DNI delata como Rosa María Juana Martínez– supera cualquier cansancio ocasional ante una cámara. ¿Quién sonríe así y hasta deja que sus piernas envidiables asomen a los 98 años, mientras pasan los flashes? Única.
Video
El detrás de escena de la reunión Legrand – Tinayre
Todo lo que pudo lograr mi abuela fue junto a mi abuelo, sus hermanos y después mi hermano, que tomó la productora.
Juana Viale Actriz y conductora de televisión
A las 15 horas, entró entre aplausos, rodeada de dos ángeles de la guarda: por un lado, su fidelísima asistente personal Elvira Guaraz, por el otro, su asesor de vestuario y compañero de salidas, Héctor Vidal Rivas. Para entonces, ya estaban maquillándose y peinándose en distintos ambientes de la suite, su bisnieta Ámbar de Benedictis (22 añitos), su nieta Juana Viale (43) y su hija Marcela Tinayre (74). Todas ahí, felices de compartir el mismo espacio que alguna vez habitaron por días Madonna, la Reina Máxima o Taylor Swift. Todas, con “la mejor de las ondas”.
La más joven -hija de Juana y Juan De Benedictis (el hijo del cantautor Piero)- fue la primera en llegar, conduciendo auto propio. Set de mate en un brazo, nada de té ni café ni bebidas sofisticadas. Mate toda la tarde. Para que la maquilladora trabaje mejor, no dudará en sentarse justo donde un rayo de sol cubra su cutis de seda. Ante la pregunta “¿Te molestaría que hagamos una mini entrevista?”, la chica será todo lo amable y educada posible para decir “No”. Aunque participa de redes sociales, poco se sabe de ella. De todas las presentes, es la que tiene el perfil más bajo.
Para la foto familiar, eligió llevar un look de Verónica de la Canal en total white. “Mil disculpas, pero no me gusta hablar”, comentó una Ámbar, cada vez más parecida a su madre. “Acepté hacer esta foto porque es algo que ama mi abuela Mirtha, pero me gustó hacerla”, concluyó. Lo dice una estudiante que cursa dos carreras a la vez en la Universidad de San Andrés, una de ellas relacionada con el asunto en cuestión: Comunicación. La otra, Humanidades. Es impresionante lo relajada que se muestra. Y, sobre todo, lo cariñosa que es con su bisabuela, a quien le quitó el “bis” y el “ela” al dedicarle más de un “Te amo, abu” a lo largo de la nota.
De todas las presentes, Ámbar es la que tiene el perfil más bajo. “Mil disculpas, pero no me gusta hablar”, comentó amablemente.
Marcela se impuso segunda. Junto a su maquilladora, ya vino toda vestida de brillo y animal print, perfecta combinación para una mujer tan frontal como elegante. Cuando se sentó para ser peinada, lo primero que hizo fue pedir un espejo y ahí nomás, dos empleados del hotel le trajeron uno de ésos de pie y móviles, que hacen sentir una Reina a quien se vea. Tercera en llegar, su hija. La esperaban el espacioso baño en suite (famoso por su mármol blanco y sus canillas de oro) y un vestido diseñado por Gabriel Lage. Esas telas formarán un jardín que, por unas horas, cubrirá ese mapa de tatuajes que es su cuerpo. Tan estilizado que parece de dama de ajedrez. Trajeron hielo para una de sus rodillas: cosas que pasan cuando los entrenamientos pre-maratón son tan intensos. Vegetariana, dejará pasar los tostados, y tendrá paciencia hasta después de la foto familiar para una banana y otras frutas.
Antes y después de la foto familiar, cada una de estas mujeres tendrá algo para contarnos.
Habla Mirtha
Pasadas las fotos y las poses, como tantas veces, vemos a Mirtha sentada a una gran mesa, de largo apostólico y con muchas sillas. En cuanto habla (con detalles de memoriosa) sobre un torero que conoció, su nieta pone cara de “eso conmigo no”, porque implica maltrato animal.
Mientras tanto, la mano derecha de la diva recorre la oreja del mismo lado. Y anuncia: “El aro. Se me cayó el aro”. Acto seguido, cinco personas en cuatro patas bajo la mesa palpando la alfombra, y el resto, agachado, levantando el mantel, a la espera de la arandela dorada. “¡Acá está!”, lanza el peluquero Sergio Parra, para alivio de todos.
Por un momento, parecía una serie de detectives, al estilo de Carola y Carolina, donde ella y su hermana, Silvia Goldy Legrand, interpretaban a dos investigadoras gemelas, allá por los ‘60. “Ay, la extraño tanto”, repite Mirtha, recordando a la ausente de la saga, que falleció hace cinco años. “Mi hermana veía todos mis programas, todos. Cuando terminaba de grabar, yo salía y la llamaba enseguida para conocer su opinión. Me juzgaba mucho, pero con mucho amor. Me decía: ‘Chiquita, por favor, no repitas más esa palabra, no va más’. En cambio, Marcela no siempre me ve, es más celosa y era más de su papá (Daniel Tinayre). Cuando él murió, se acercó más a mí. Una hija excelente.”
Mi hermana Goldy me juzgaba mucho, pero con mucho amor. Me decía: ‘Chiquita, por favor, no repitas más esa palabra, no va más’.
Mirtha LegrandActriz y conductora
Hay algo de sueño cumplido sobrevolando los 200 metros cuadrados de la suite. Mirtha sonríe con brillo en los ojos: “Me encanta ver juntas a las mujeres de mi familia. Me encanta que sean artistas, que estén en el ambiente, que conozcan a la gente, que estudien. Cada una en lo suyo son muy talentosas”.
-¿Qué heredó cada una de usted?
-Nunca lo he pensado, aunque creo que si me lo pongo a pensar, te diría que cada una tiene algo mío. Lo noto en la forma de hablar, la forma de sentarse, la forma de reírse, y hasta en la manera de pensar en algunas cosas.
-¿Te gusta que Juana haya heredado en algún punto tu lugar en la tele, con su programa de almuerzos?
-Sí (con más entusiasmo): ¡Y me encanta verla! También la voy a ver al teatro, la sigo en los reportajes y si algo no me gusta, se lo digo. La corrijo. A ella no le gusta, pero se lo digo igual. Pero te confieso algo: nosotros casi nunca hablamos de nuestros trabajos cuando nos reunimos en familia.
-Ya son tres generaciones de madres: ¿cómo ves la maternidad de Marcela y Juana, en comparación a la tuya?
-Nos veíamos poco porque yo trabajaba mucho. Además, Marcela vivió mucho en Francia. Pero con Daniel íbamos a visitarla cada vez que el trabajo nos lo permitía. Nos queremos mucho. Creo no es habitual algo así en las familias. Nosotras vamos juntas a ver los espectáculos. Aunque, la verdad, ellas a los míos vienen menos, tengo que decirlo (risas).
-La de ustedes es una familia constituida por mujeres fuertes.
-Cada una tiene una personalidad muy fuerte. Y cada una en lo suyo. Pero nuestra vida es algo natural. Tomamos té en lo de Marcela con amigos o vienen a casa los domingos al té que es habitual en mi casa. Hablamos hasta de política. Soy muy sociable, me gusta estar al día, saber de todo. Pero no me considero lo suficientemente culta. Me hubiera gustado saber más de todo. Más cosas de historia, de geografía. Me acuerdo de que estábamos en la escuela primaria de Villa Cañás (Santa Fe) y la maestra -mirá cómo me acuerdo- nos preguntó qué queríamos ser de grandes, y yo le dije: “Profesora de geografia”. Ella me miró y me dijo: “No, usted va a ser artista”. A mí se me llenaron los ojos de lágrimas. Era verdad, ya quería serlo. Pero me daba vergüenza decir qué quería, tenía miedo de que me cargaran mis compañeras o me tomaran el pelo. Después nos fuimos a vivir a Rosario con mi familia, en un pueblo de ahí cerca. Todos nos querían en nuestro pueblo. Éramos las mellizas Martínez. Había otras mellizas que eran rivales nuestras, las Raymondi. Pero las más lindas éramos nosotras (risas). Ya sé, es muy de pueblo eso.
Rojo y rosa. Son los dos colores elegidos por la diva para esta producción familiar. Foto: Ariel Grinberg -Desde chica, tuvo ese sentimiento patriótico a flor de piel.
–Amo a mi país. Lo defiendo a capa y espada. Nos han hecho mucho daño algunos gobiernos. Éste es un gran país, tiene de todo. Es rico, poderoso. Desde chica, me di cuenta de lo que era. Mis recuerdos de infancia son buenos: la gente cambiaba el auto casi todos los años. Nosotros nos íbamos a Mar del Plata de vacaciones todos los años, parábamos en el Hotel Nogaró, en la Luro.
-¿Cómo son las Legrand-Tinayre en la intimidad?
-Voy a lo de Marcela, que vive cerca de casa, o a lo de Juana, que vive más lejos, en la provincia. Siempre llevo sándwiches. Tomamos el té y charlamos de todo. Pero nunca hablamos de los programas. Ellas no me dicen que tal estuvo mal o cual fue bueno. Para ellas no soy Mirtha Legrand.
-Ah, entonces, ¿puede dejar de ser Mirtha Legrand alguna vez?
-No sé bien qué significa ser Mirtha Legrand. En realidad, soy una mujer accesible. Hablo con todo el mundo donde sea. Me conmueve cuando a alguien le pasa algo, y voy a las comidas a beneficio de los hospitales. Me gusta ayudar. Uso mi fama para hacer el bien. Ser famosa y que la gente te quiera, a eso hay que usarlo para algo bueno. Si no, te ponés insoportable de tan vanidosa.
-No sé bien qué significa ser Mirtha Legrand. En realidad, soy una mujer accesible. Hablo con todo el mundo donde sea.
Mirtha LegrandActriz y conductora
-¿Qué le pasa a la gente ahora que está como enloquecida con usted?
-No sé, pero es verdad. Siento cada vez más el cariño de la gente en este último tiempo. La otra noche fui a ver a Raúl Lavié, y cuando salí del teatro, había 200 personas esperándome. Una cosa de locos.
-¿Qué espera para las mujeres de su familia?
-Que sean felices y sanas, en todo sentido. Y que haya armonía entre ellas siempre. Estoy orgullosa de mis mujeres. Y ellas, de mí también.
Habla Marcela
“Tengo una sensibilidad muy especial con los olores. Todas mis casas están perfumadas. Me encanta que la gente entre y diga: ‘Qué bien huele todo’. El perfume es un mueble más. Es parte de la personalidad de uno.” Siempre huele bien La Tinayre (así le dicen, como a la madre se la llama La Legrand).
Alguna vez representó la marca Dior en Latinoamérica. Fue entonces cuando la invitaron a Grasse, la ciudad al sur de Francia donde se cosechan las flores, se destilan sus aceites, se fabrican las fragancias. “Una química del laboratorio de perfumes me propuso hacerme uno totalmente personal y acepté. Me cortaron una uña, me sacaron pelo y me pincharon para sacarme un ADN y de ahí fabricar el que mejor iba con mi piel. Y es el que uso; me mandan por correo un frasco cuando se me está por acabar. Me acuerdo que mi papá me retaba de adolescente porque vivía perfumada: él me enseñó el culto por la comida, por eso nunca me dejaba sentar a la mesa con perfume. ‘Le saca olog a los platos’, me decía. Como él, tengo un sentido estético muy desarrollado, entro a un lugar y ya sé qué cosas cambiaría. Hay que preservar el buen gusto siempre.”
-Padre director, madre actriz, ¿y vos por qué nunca actuaste?
-Porque me moría de vergüenza. Y me lo propusieron muchas veces, incluso Carlitos Rottemberg. Mi querido amigo Marcos Carnevale, cada vez que va a empezar un proyecto, me dice: “¿Puedo llamarte, tengo algo para vos?” Pero siempre hay algo que me inhibe y no sabría decir qué es. Por ahí es una de esas asignaturas pendientes. Pero lo mío es ser conductora, porque lo que me gusta es comunicar, tener empatía al hacer entrevistas, indagar, saber de la vida de la gente.
-Conducir es actuar un poco.
-Bueno, yo dejé de hacer Polémica en el bar hace como un año, y ya veía que la tele estaba cambiando. A mí me gusta cuando la televisión pertenece al rubro del show business. Me gusta la autenticidad, pero tiene que ser show antes que nada. No me gusta ver gente chupando una bombilla porque está de moda lo natural. Si te gusta el mate, divino, pero tomalo en el corte.
-Tenés meme propio: se volvió viral tu frase: “Voy, pero con la peor de las ondas”.
–Soy muy frontal. Digo lo que pienso y a veces hasta paso por maleducada. No me importa. No me gusta ser larguera con los temas. La vida es maravillosa, pero corta, y hay que disfrutarla. ¿Por qué se me va a fruncir el ceño por un enojo que puedo cortar con una frase y chau? No soy para nada rencorosa. Mamá dice: “No soy rencorosa, pero soy memoriosa”. ¡Pero yo ni siquiera tengo tanta memoria como ella! No alargo los quilombos. Siempre tuve excelente relación con mis ex, por ejemplo.
En la suite presidencial del Four Seasons, Marcela con un vestido animal print de Adriana Costantini. Foto: Ariel Grinberg -¿Alguna vez te pesó ser hija de Mirtha Legrand?
–Si me pesó, no lo sé. No conozco cómo debe ser tener a otra madre. La celaba cuando yo era adolescente. Cuando íbamos a un restaurante que se llamaba El Conde Canoso, la gente se le acercaba diciendo: “Perdón, Mirtha, ¿me puedo sacar una foto con usted?”. Y yo me enojaba y decía: “No, ¿no ves que está conversando conmigo?” Mamá me calmaba: “Por favor, Marcela, por favor”.
-¿Qué tenés de tu mamá?
-Me reconozco en la cosa de trabajar horas y horas: no me molesta para nada. En eso, mamá fue mi maestra. Y como ella, soy muy generosa con mis amigos. Pero yo no entrego la vida al público. Me gusta disfrutar de la vida, y poder viajar. Estuve viajando con Ámbar. Tengo muchos amigos por todo el mundo. Soy así como ahora, siempre. Por ahí, a veces me pongo más protocolar, de acuerdo a las circunstancias, Pero no hago una diferencia entre la Marcela conductora de televisión, y la Marcela en pijamas de entrecasa.
No me molesta para nada trabajar horas y horas. En eso, mamá fue mi maestra. Y como ella, soy muy generosa con mis amigos.
Marcela TinayreConductora
-Uno las ve y piensa que forman parte de un matriarcado.
–Algo de eso hay. Pobre Nacho (Viale, hermano de Juana y productor de los almuerzos)… Anoche fuimos a cenar: éramos Nacho, su novia, una amiga mía y yo. Íbamos en el auto y yo le decía: “¿Te acordaste de esto, te acordaste de lo otro?” Él frenó el auto, me miró y le dijo a la novia: “¿Ves? Con las mujeres de mi familia yo me gané el cielo”. Él también es temperamental, pero la verdad es que nosotras le rompemos las pelotas sin parar. Somos una familia muy polvorita. Y como madre, yo sigo siendo la hinchapelotas de todos, no sólo de mi hijo menor (Rocco, 23 años).
-Varios hombres murieron: tu papá y tu tío José, pero el que se fue muy joven fue tu hermano Daniel. ¿Cómo repercutió esa muerte en vos?
-Pega mucho la muerte de un hermano, porque con él se te muere un poco la memoria de la familia. Eso de decir: “¿Te acordás cuando…?”. Él era low profile, por empezar. Brillante, cultísimo, amigo de Borges y de Bioy. Era muy especial, Daniel. Tengo en mi escritorio una carta escrita por él que dice: “Feliz cumpleaños, hermanita, donde estés que seas feliz”. Con su enfermedad sufrí muchísimo. Pero pienso que los seres que he amado mucho y que ya no están en este mundo, no estaban para estar aquí. Este mundo es muy cruel. A mí me reconforta pensar que son ángeles que nos visitaron y se fueron, aunque parezca una estupidez.
Habla Juana
Aquí está: cara lavada, jean, buzo, colita de caballo. Hermosa como siempre. En este lujoso baño, cuenta que amanece bien temprano, a las seis y media, porque lleva a sus dos hijos varones, Silvestre (17 años) y Alí (13) Valenzuela, al colegio. “Me encantan las mañanas. Además de entrenar, tengo miles de responsabilidades, desde reuniones de padres hasta mi trabajo. Estoy de gira con la obra Juana y estoy armando otra para el año que viene. A la vez, sigo con el programa (Almorzando con Juana). La idea es ir a Mar de Plata en enero, en el auge de la temporada”, comenta.
Junto a la ventana de la suite, Juana con su vestido de Gabriel Lage. Foto: Ariel Grinberg -¿Cómo es la relación entre ustedes: pareciera ser un matriarcado?
-Siempre corrijo eso, porque la verdad que hay muchos hombres. No es un matriarcado. Por ahí es lo que la gente ve. En los primeros pasos estuvo mi abuelo (Daniel Tinayre) con mi abuela; después lo secundó mi hermano, Nacho. A la vez, tuvimos un padre (Ignacio Viale del Carril) muy presente. Todos laburantes. Así que no lo veo como matriarcado. Pero veo figuras femeninas con más visibilidad. Tanto el programa de mi abuela como el mío no podrían existir si no estuviera mi hermano.
-Tu abuela tiene 98 años, un caso muy especial…
-Sí, el otro día fuimos al Teatro Colón por los 80 años de Clarín. Y en el show que presentaron, donde fueron contando la historia del diario, siempre estuvo “la abuela”. Antes de que naciera el diario, la abuela ya era Mirtha Legrand. Y vivió todas: los primeros momentos del cine, que las mujeres puedan emitir el sufragio, la televisión en blanco y negro que después pasó a color… Siempre estuvo ahí, vigente. Siempre titular. Siempre primera plana.
-¿Y qué sentís al ver su vigencia?
-Admiración. Primero te quiero decir que sé separar bien quién es Mirtha Legrand y quién es mi abuela. Si yo no fuese yo, podría observar la carrera de una mujer que tiene 98 años y que a los 98 años está liderando su programa de televisión, al que les encanta ir a artistas y políticos. Y después hay eco de lo que pasa ahí. A su vez, es una mujer que siempre se ha aggiornado. La vida le ha pegado durísimo también en lo personal. Y en lo público, también ha sufrido bastantes ataques. Pero ella siempre estoica y presente. No creo que haya otra mujer en el mundo que haya estado tan vigente. Por eso te digo que sólo puedo admirarla. Uno puede estar de acuerdo o no en la línea de pensamiento, pero hay cosas que no se pueden negar.
“No creo que haya otra mujer como mi abuela en el mundo que haya estado tan vigente. Por eso digo que sólo puedo admirarla.
Juana VialeActriz y conductora
–Lo disciplinada que fue y la entrega hacia su público. Y todo eso no sólo pudo haber sido por ella misma, sino junto a mi abuelo, sus hermanos y después mi hermano que tomó la productora. Nacho tiene sólo un año más que yo, y de muy joven enganchó con las dificultades que significa hacer un programa: conseguir la plata, emplear personas… Y mi hermano lo hizo siendo muy chico y siempre honrando lo que fue el laburo de mi abuelo.
-Se entiende el orgullo…
-Entonces cuando miro eso para atrás y veo a mi abuela, digo: “Chapeau por mil”. Después, bueno, está mi madre, que después de abandonar su trabajo en Dior de tantos años se metió de lleno en la radio y la tele. Cada una hizo su camino siempre. Cada una tiene sus elecciones. Mi abuela le dedicó su vida a su público.
Ámbar, nieta también del cantautor Piero, el del hit “Mi viejo”. De bajo perfil. Foto: Ariel Grinberg -Y en su rol de abuela, por ejemplo, ¿vas a tomar el té a su casa?, ¿qué compartís con ella?
–Ella tiene el té de los domingos con sus amigos que es un hito y un clásico. Yo comparto muchas cosas con ella. Muchas charlas. Por ahí no nos vemos tan seguido, porque ella vive en Capital y sale demasiado, y yo vivo en provincia y como te dije tengo mis responsabilidades. Pero tenemos lindas charlas.
-¿Cómo estás hoy con tus 43 años?
-Me encuentro sólida. Trabajando, haciendo lo que me gusta, criando hijos. Me gusta, lo elegí hace años. Hace diez años que nos vinimos a vivir acá y está bueno. Siempre fui de moverme y de mudarme. Lo hice durante doce años. Era nómade total. Y me gustaba. Pero también mis hijos necesitaban otra cosa más allá de lo que yo quería.
-¿Cómo es tu rol como hija?
-Hoy en día me siento bastante independiente y no necesito a mi madre todo el tiempo.
-¿Antes eras más “pegote” con tu mamá?
-No. A ver, en la adolescencia y un poco después, era muy compañera de mamá. Hacíamos muchas cosas juntas que nos divertían un montón. Una vez al año nos íbamos de viaje a un lugar del mundo a conocer o a recorrer. Compartíamos tiempo y charlas. Hoy en día se me complica. Porque para estar ahí, tengo que dejar de estar en otro lado. Sigo siendo hija, pero no me siento una hija demandante.
-Si fuera por ella, nos tendría a todos viviendo en su casa.
-Me ha pasado de ir con mis tres hijos a dormir a su casa y es un planazo. Pero sería insostenible en la cotidianidad.
-¿Qué tenés parecido a tu madre y a tu abuela?
-Ambas son personas muy generosas, personas creativas. Yo estoy en un momento más de observación.
-¿Creías que tu abuela llegaría a los 98 años?
-No soy una mujer con expectativas frente a nada. Creo que todo es un gran regalo. Te hablé de mi abuela con mucha admiración y creo que todo el tiempo que le quede, que es equis, será espectacular. El 100 es un número, pero celebro muchas más cosas que llegar a un 100. Celebro que mis hijos tengan bisabuela, celebro que puedas ver que su bisabuela trabaja, que se preocupa por ellos, que piensa, sabe qué le gusta a cada uno de sus bisnietos. Lo miro desde otro ángulo. No lo miro desde la preocupación sobre la muerte. Y, además, yo entiendo que la muerte es parte de la vida.
La foto de una dinastía que tardó más de una década
Todo empezó hace casi una década. Clarín cumplía 70 años. Se nos ocurrió reunir a las cuatro generaciones de la dinastía Legrand-Tinayre (Mirtha Legrand, Marcela Tinayre, Juana Viale y Ámbar de Benedictis) y llamé a Mirtha a su casa. Nos conocimos hace muchísimos años en un desfile de Roberto Giordano y he compartido con ella alguna que otra comida en la casa de Valeria Mazza, entrevistas para el diario y primera fila en tiempo de colecciones. “Me encanta la idea, Carla, si logras reunirnos a todas, te doy un premio”, me dijo Mirtha con humor.
Después de muchas llamadas, la foto se hizo. Fue en la Mansion del Four Seasons, pero Ámbar no estuvo presente. Era menor de edad y su papá no autorizaba a que apareciera en los medios.
Este año, con los 80 años de Clarín presentes en la redacción a diario, decidimos volver a la carga e intentar lograr una foto icónica. Una vez más, lo primero que hice fue hablar con Héctor Vidal Rivas, asesor de imagen de la reina de los almuerzos desde hace 50 años. Me prometió que se encargaba de reunirlas. Pusimos una fecha tentativa, hablé con Gabriel Oliveri, quien nuevamente nos puso la Mansión del Four Seasons a disposición: la tapa comenzó a tener vida. Hablé con Marcela, Juana y Ámbar para saber que iban a ponerse y las tres fueron claras. Marcela se hizo un look especial con brillos y animal print con Adriana Costantini; Juana pidió que buscáramos un vestido que le había hecho Gabriel Lage y Ámbar quiso que Verónica de la Canal la vistiera. Para la fundadora de la dinastía Legrand- Tinayre, decidimos con Vidal Rivas que se vista de rojo, un color poco habitual en ella, pero que le queda increíble. Era una ocasión especial y valía la pena el desafío. Mario Vidal de Iara se encargó del vestido de pailletes que Mirtha lleva en la foto de tapa (aunque al hotel llegó con un traje rosa, también de Iara).
Siete estilistas, entre peluqueros y maquilladores, trabajaron con ellas. Preparamos todo para el gran día. Dos fotógrafos, cuatro periodistas, autos que iban y venían, miles de WhatsApp con Oliveri, que además de darnos la suite se encargó de comprarle a cada una un ramo de flores de distinto color. Verlas posando para Ariel Grinberg y Martín Bonetto, hermosas, cómplices, elegantes y divertidas hizo que la espera, sin lugar a dudas, valga la pena. Mirtha, sí, lo logramos.
Backstage de una gran producción.
Más de 30 personas trabajaron en la producción -periodistas, fotógrafos, diseñadores, maquilladores y peluqueros- durante todo un día en la Mansión del Four Seasons (a la izquierda). La pre-producción llevó casi dos meses. Arriba: Leo Cosenza, peluquero personal de Mirtha. Gabriel Oliveri, PR del Four Seasons les regaló un ramo a cada una. Abajo: Verónica de la Canal, diseñadora del vestido de Ámbar.
Backstage, el perfil de todas. Foto: Foto: Martín Bonetto
Preparación previa, últimos retoques.Foto: Ariel Grinberg
Gabriel Oliveri, PR del Four Seasons con Juana Viale, Mirtha Legrand,Ámbar de Benedictis y Marcela Tinayre. Foto: Martín Bonetto
Periodistas, maquilladores, peluqueros, diseñadores y fotógrafos en el gran día. Foto: Martín Bonetto
Vero de la canal, diseñó el vestido de Ámbar, en el backstage. Foto: Martín Bonetto
El detrás de la producción. Foto: Martín Bonetto






