Contra los deseos iniciales del ala dura del Gobierno y del propio Javier Milei, Patricia Bullrich logró que se incluyeran en el proyecto de reforma laboral oficial una treintena de cambios que garantizarán su aprobación completa, al menos en el Senado. En teoría, claro.
La propia senadora y ex ministra protagonizó junto a algunos aliados la escenificación del acuerdo por las modificaciones este martes, horas antes del inicio de la sesión, en una conferencia de prensa en el Salón de las Provincias de la cámara alta.
Consagró así el final de una compleja cuádruple negociación: con gobernadores, con empresarios, con sindicalistas y en la cúpula de la administración mileísta, donde se había estipulado que no se tocaría una coma a la iniciativa. De esta manera, a cambio del voto de sus legisladores, los gobernadores dialoguistas consiguieron la eliminación del artículo que bajaba el impuesto a las Ganancias para empresas, lo que reducía los ingresos provinciales por coparticipación.
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El empresariado logró que se mantenga el aporte obligatorio a sus cámaras, aunque con un tope. Y los bancos se aseguran el monopolio del pago de sueldos y jubilaciones, en desmedro de abrirlo a las billeteras virtuales.
Los gremialistas, pese al “obligado” ritual de la CGT de marchar formalmente contra la reforma laboral, obtuvieron la cancelación de la rebaja de cargas patronales para las obras sociales y que se sostenga el aporte solidario que reciben los sindicatos, pero limitado en tiempo y porcentaje.
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Estas concesiones oficialistas terminaron por aprobarse este martes 10 a la mañana, en la reunión de mesa política. Bullrich llevó la voz cantante de lo que había hablado con sus colegas del Senado y el ministro Diego Santilli de sus charlas veraniegas con los gobernadores.
Los escucharon Karina Milei, Manuel Adorni, Eduardo y Martín Menem, Santiago Caputo, Ignacio Devitt (Asuntos Estratégicos) y Luis Caputo, que tuvo un día agitado con la difusión del índice de inflación de enero, el octavo consecutivo al alza.
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En ese cónclave, Bullrich y Santilli intentaron dejar en claro que el proyecto o varios de sus artículos corrían peligro de rechazo si no avalaban ciertas reformulaciones. La hermanísima Karina, Adorni y el ministro Caputo aceptaron a regañadientes, con la venia presidencial, obviamente. Y se juraron buscar revancha a través de próximas iniciativas, ejecutivas y legislativas.
“Una ley no es la imposición de una parte sobre la otra, sino la construcción de un acuerdo”, señaló Bullrich durante la conferencia de prensa del martes 10.
Contra lo que se suele creer, o pretenden hacernos creer, el pragmatismo libertario vence a los supuestos dogmas y goza de buena salud. Por ahora.








