Este sábado 14 de febrero, el santoral católico celebra a San Valentín, un santo cuya identidad histórica se entrelaza entre la figura de un sacerdote romano y un obispo de Terni, ambos mártires bajo el mandato de Claudio II. En una época donde el emperador prohibía el matrimonio a los soldados jóvenes para asegurar su rendimiento bélico, Valentín desafió la ley celebrando bodas cristianas en secreto, consolidando así su patronazgo universal sobre los enamorados.
San Valentín: entre la curación de la ceguera y el martirio
La hagiografía italiana destaca que, mientras estaba bajo custodia del oficial Asterio, Valentín realizó un milagro asombroso al devolverle la vista a Julia, la hija ciega de su carcelero. Fuentes en inglés relatan que este acto de compasión llevó a toda la familia de Asterio a la conversión y al bautismo. Antes de su ejecución el 14 de febrero del año 269, el santo envió una carta de despedida a la joven, firmándola como “De tu Valentín”, frase que perdura hasta hoy.
Los milagros atribuidos a su intercesión no se limitan solo a la vista física, sino también a la “ceguera del alma”, ayudando a las parejas a encontrar el camino de la reconciliación y el compromiso sagrado. Los registros históricos describen cómo era capaz de unir corazones mediante la oración, convirtiendo el afecto humano en un reflejo del amor divino. Su muerte por decapitación en la Vía Flaminia selló su testimonio de fidelidad absoluta a los preceptos de Cristo.
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La devoción actual a San Valentín trasciende lo comercial, recuperando su esencia como protector de la familia y de quienes buscan un compañero de vida. En la liturgia, se le invoca para pedir fortaleza en el amor conyugal y paciencia en el noviazgo. Es el santo al que recurren millones de jóvenes para pedir claridad en sus afectos, recordándoles que el verdadero amor es aquel que, como el de Valentín, está dispuesto al sacrificio y a la entrega total.
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La oración dedicada a este mártir suele pedir que el Señor, por intercesión de San Valentín, nos conceda la gracia de amar sin egoísmos y con pureza de corazón. Los fieles rezan para que la unidad familiar sea protegida de las discordias y para que los esposos mantengan viva la llama de la fe en su hogar. Se le pide especialmente por aquellos que sufren por amor, para que encuentren consuelo y la guía necesaria para sanar sus heridas.
Junto a San Valentín, el santoral católico celebra hoy a los santos Cirilo y Metodio, copatronos de Europa y apóstoles de los eslavos. Durante esta semana hemos honrado a Santa Escolástica y a Nuestra Señora de Lourdes. Mañana, 15 de febrero, la Iglesia recordará a San Claudio de la Colombière, el gran apóstol del Sagrado Corazón, cerrando así un ciclo de celebraciones marcadas por la misericordia y la entrega profunda de los santos.
En la Ciudad de Buenos Aires, puedes visitar la Basílica de San Nicolás de Bari, donde tradicionalmente se pide la intercesión por las familias, o la Parroquia de San Valentín en el barrio de Valentín Alsina (aunque técnicamente fuera de CABA, es el epicentro de su devoción). En la Capital, la Iglesia del Pilar en Recoleta suele ser un punto de encuentro para que los enamorados busquen la bendición de sus uniones bajo el amparo de los mártires.








