Este 12 de abril, el santoral católico celebra la memoria de San José Moscati, un médico, investigador y profesor universitario italiano que vivió a comienzos del siglo XX. Conocido en Nápoles como el “médico santo”, Moscati rompió las barreras entre la fe y la razón, demostrando que la práctica de la medicina es una forma sublime de apostolado y de servicio directo a la figura de Cristo en el enfermo.
San José Moscati y la vocación de sanar con el corazón
Nacido en Benevento, José destacó rápidamente en el ámbito académico, pero su verdadera grandeza residía en su trato con los pacientes. No solo se negaba a cobrar a quienes no tenían recursos, sino que a menudo dejaba dinero escondido bajo las recetas para que pudieran comprar sus medicinas. Su vida fue un testimonio de oración constante, asistiendo a misa diariamente antes de comenzar su jornada en el hospital.
Fuentes en italiano e inglés resaltan su heroísmo durante la erupción del Vesubio en 1906, donde evacuó personalmente a ancianos y enfermos de un hospital en ruinas arriesgando su propia vida. Se le atribuyen diagnósticos que rozaban lo sobrenatural, logrando identificar dolencias que la tecnología de la época ignoraba. Para Moscati, la confesión y la eucaristía eran los primeros auxilios que todo paciente necesitaba para una recuperación integral.
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Incluso en su labor docente, instaba a sus alumnos a ver a Dios en cada camilla. Tras su muerte repentina en 1927, miles de personas salieron a las calles de Nápoles al grito de “¡Ha muerto el médico santo!”. Su proceso de canonización fue impulsado por numerosos milagros de curación inexplicable de leucemia y otros cánceres terminales, confirmados por expertos médicos contemporáneos que no hallaron explicación científica a tales sucesos.
La devoción actual hacia San José Moscati es inmensa entre los profesionales de la salud y las familias que enfrentan enfermedades crónicas. Se lo considera el patrono de los médicos anatomopatólogos y un modelo de laicismo cristiano. Los fieles acuden a él buscando no solo la salud física, sino la paz espiritual, confiando en que su intercesión ante el Trono Divino sigue siendo tan eficaz como sus consultas en Nápoles.
La oración dedicada a este médico resalta la compasión: “Oh San José Moscati, que en el ejercicio de tu profesión curaste los cuerpos y las almas, mira con bondad a quienes sufren y alcánzanos de Dios la salud y la fortaleza”. Los devotos suelen pedir su guía para los médicos que los tratan, implorando que actúen con la misma sabiduría y caridad que caracterizaron su vida.
En el santoral católico de esta jornada también se recuerda a San Julio I, Papa, y a San Alferio. Durante esta semana, la Iglesia celebra además a San Estanislao de Cracovia y a Santa Gema Galgani. Estos testimonios de santidad, que van desde el martirio hasta la ciencia, ofrecen a los creyentes una visión amplia de cómo el Espíritu Santo actúa en todas las profesiones y estados de vida.
En la Ciudad de Buenos Aires, los fieles pueden encontrar un lugar de especial veneración en la Parroquia San José del Talar (Navarro 2460), donde se encuentra el santuario de la Virgen que desata los nudos y se honra la memoria de los santos médicos. Asimismo, en la Iglesia del Salvador (Callao 542), la comunidad jesuita suele recordar su figura como ejemplo de intelectualidad puesta al servicio de la fe.








