La generación Z engloba a jóvenes de entre 15 y 27 años de edad, aproximadamente. Los más grandes están a poco más de un “cuarto de vida” del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Argentina. En cambio, para los más jóvenes, ese hecho ocurrió hace el doble -o más- del tiempo que llevan vivos.
Los famosos “centennials” comparten una característica consustancial: nacieron en la era de la Internet y naturalizaron el uso de las redes sociales como fuente de información, debate y construcción de identidad. Dicho de otro modo: las personas nacidas entre finales de la década del 90 y finales de la década del 2000 crecieron inmersos en la tecnología. Y eso incluye la educación.
A diferencia de generaciones anteriores, muchos tuvieron su primer contacto con el tema en la escuela primaria; otros recién en la secundaria. Algunos lo escucharon en la mesa familiar, en relatos fragmentados, a veces atravesados por silencios. Así como están los que no recuerdan cuándo fue su primer acercamiento al tema. En todos los casos, para ellos el golpe del 76 es la memoria transmitida de una historia heredada.
También cambió el modo de narrar ese pasado. La historia ya no circula solo en manuales escolares o en actos conmemorativos, sino en podcasts, documentales en plataformas de streaming, videos breves en Tik Tok e inclusive hilos de X. O ficciones como Argentina, 1985, que acercaron el Juicio a las Juntas -en algunos casos por primera vez- a esta nueva audiencia.
Los juicios por delitos de lesa humanidad, reabiertos desde 2006, dejaron testimonios, documentos y sentencias disponibles públicamente. Los “nativos digitales” pueden acceder desde su casa a un volumen inédito de información pública sobre la última dictadura de forma online, como fallos judiciales, declaraciones de sobrevivientes, archivos desclasificados o reconstrucciones históricas.
¿La distancia temporal implica indiferencia? No necesariamente, pero sí una relación distinta, más marcada por la reconstrucción del relato de quienes sí la atravesaron. A 50 años del golpe que instauró el último gobierno militar en el país, esto dicen quienes crecieron en democracia, pero también en medio de crisis económicas recurrentes, desencanto político y debates intensos sobre el pasado reciente.








