En Boca se ilusionaban con Alan Lescano. Sin embargo, el viernes por la noche se cayó la posibilidad. Es la tercera operación frustrada en un mercado de pases que se resolvió de apuro, con poca planificación y necesitó de la extensión del plazo que permitió la flexible política de la AFA en cuanto a la compra y venta de jugadores.
Juan Román Riquelme negoció con Cristian Malaspina. El presidente de Argentinos admitió que no era fácil desprenderse del volante creativo de 24 años, fundamentalmente por el aspecto deportivo. Sin embargo, haber quedado afuera de la Libertadores, sin Sudamericana ni Copa Argentina por delante, lo obligaba a replantear la situación económica. Por eso, y a pesar que el crédito de San Carlos de Bolívar tiene contrato hasta 2029 y una cláusula de rescisión de 20 millones de dólares, escuchó la propuesta.
Claro que Argentinos no es el único dueño de la ficha de Lescano. Aunque posee los derechos federativos, el otro 50% del pase es propiedad de Gimnasia. Riquelme acordó los términos del salario con el jugador y estaba dispuesto a estirarse a 6 millones de dólares para llevarse al ”10” de La Paternal, pero Malaspina -pedía 7 netos- tenía que llegar a buen puerto con el club de La Plata. No hubo caso. El Lobo pretendía 3 millones para ceder su parte y el Bicho llegaba hasta 1.800.000.
A Riquelme le pasó lo mismo que con Edwuin Cetré. Cerró el número con el jugador, también con Estudiantes en 4 millones de dólares limpios por el 50% del pase, pero le ofreció muy poco a Deportivo Independiente Medellín, dueño de la mitad restante. Los paisas recibieron con sorpresa la propuesta de 1.500.000 de dólares más el pase de Agustín Martegani. La dirigencia del conjunto de la montaña contestó que quería dinero y, por si fuera poco, no tenía cupo de extranjeros.
Inmediatamente, los satélites de Riquelme hicieron circular la carta de una vieja cicatriz de Cetré producto de una lesión en los meniscos que databa de 2018, cuando el colombiano jugaba en Santos Laguna de México. Sin embargo, a la semana ofrecieron un préstamo. Tanto se dilató todo que el extremo continúa en Estudiantes.
Más atrás, casi en el inicio del campeonato, Boca no logró cerrar otra incorporación que parecía cantada. Riquelme estuvo un mes para acordar con Marino Hinestroza. Cuando el delantero se había despedido de Atlético Nacional y tenía pasaje para Buenos Aires, hubo diferencias. Los colombianos querían 5 millones de dólares por el 80% de la ficha. El club xeneize pretendía pagar ese monto por el total del pase y una plusvalía del 20% en una futura venta. Apareció Vasco Da Gama con 6 millones por el total y el futbolista cambió el vuelo a Río de Janeiro.
Esta situación sucedió unos días antes de comenzar el campeonato. Arrancar el Torneo Apertura sin refuerzos hubiera sido un papelón. Entonces, Riquelme se movió e incorporó a Angel Romero, que venía con una inactividad de tres meses tras salir de Corinthians. Después, con Rodrigo Battaglia lesionado desde la pretemporada, acordó la llegada de Santiago Ascacibar con una inversión de 3.200.000 dólares más el préstamo de Brian Aguirre a Estudiantes. El último en llegar fue Adam Bareiro por 3 millones de la moneda norteamericana. Se dio tras conocerse que Edinson Cavani estará, al menos, un mes inactivo producto de su lumbalgia.
La salida de Lucas Blondel a Huracán le abrió un cupo hasta el martes. Lescano es un jugador del gusto de Riquelme. Claudio Ubeda había dicho que no necesitaba otro futbolista en ese puesto porque contaba con Tomás Aranda. Al presidente no le importó. A fin de cuentas, en Boca tiene la primera y la última palabra.








