por qué debe ser un diálogo necesario y respetuoso

por qué debe ser un diálogo necesario y respetuoso

La religión se puede comprender -de manera simple, amplia y respetuosa- como el conjunto de creencias, prácticas, símbolos y valores mediante los cuales las personas y las comunidades intentan dar sentido a su existencia, al sufrimiento, a la vida y a la muerte, estableciendo una relación con lo que consideran sagrado, trascendente o absoluto.

Ofrece respuestas -o al menos, sentido- a preguntas fundamentales: ¿por qué existe el sufrimiento?, ¿qué sentido tiene la vida?, ¿qué ocurre después de la muerte? Para muchas personas, las respuestas son esenciales, ya que brindan consuelo, esperanza y orientación.

La religión acompañó a las sociedades desde sus orígenes para explicar fenómenos que excedían el conocimiento disponible, organizar la vida social y transmitir normas éticas y relatos compartidos, cumpliendo así una función de cohesión y continuidad entre las generaciones.

Por su lado, y desde una mirada psicológica, la religión se puede entender como un sistema simbólico que ayuda a organizar la experiencia subjetiva en las cuales las figuras divinas, las normas morales y los relatos sagrados funcionan como referentes internos que regulan la conducta, la culpa, el ideal del yo y la pertenencia.

En este sentido, la vivencia religiosa no es uniforme ya que puede ser una fuente de sostén y maduración emocional o bien, un ámbito de conflicto, miedo o rigidez, según cómo sea integrada por cada individuo.

Vincular religión y psicología no es algo banal ya que la religión pertenece al ámbito de lo sagrado, mientras que la psicología se asocia al análisis racional de la mente.

La sola idea de ponerlas en diálogo puede despertar temor a la desvalorización de la fe o, por el contrario, a la intromisión de creencias religiosas en el campo científico.

Una reflexión cuidadosa permite matizar estas preocupaciones y abrir un espacio de encuentro respetuoso y fructífero. Para eso, es importante distinguir los planos en los que se mueve cada disciplina.

La religión se ocupa del sentido último de la existencia, de la relación con lo trascendente, de las preguntas que no siempre admiten respuestas verificables.

La psicología, en cambio, estudia la experiencia subjetiva, los procesos emocionales, cognitivos y vinculares, y busca comprender cómo las personas piensan, sienten y actúan.

Cuando la psicología se aproxima a la religión, no lo hace para evaluar la verdad de una fe, sino para comprender cómo esa fe es vivida y qué efectos tiene en la vida psíquica de una persona.

Sí sería irreverente si la psicología explicara la religión como una ilusión, una defensa frente al miedo o una construcción infantil.

Es cierto que, en el pasado, algunas corrientes psicológicas adoptaron ese enfoque crítico y descalificador sobre la religión.

En la actualidad, la psicología contemporánea ha aprendido a reconocer lo negativo de ese antiguo criterio equivocado.

Hoy se acepta que una creencia religiosa es para quien la vive una experiencia genuina de sentido y trascendencia, que al mismo tiempo tiene efectos psicológicos observables ya que puede consolar y sostener, aunque también generar conflictos, culpas o temores.

Señalar estos efectos no implica negar lo sagrado sino reconocer que toda experiencia humana -aun la espiritual- se encarna en una subjetividad concreta, con su historia, sus vínculos y sus fragilidades.