Lo más incómodo de la novela Comerás flores, de la escritora gallega Lucía Solla Sobral (Marín, 1989), no es solo lo que narra y cómo lo narra, sino que termina por funcionar como un espejo, que de manera impiadosa, revela hasta dónde la violencia contra una mujer puede ser aceptada, tolerada, incluso justificada cuando no implica golpes o insultos. La autora recorre cada rinconcito de ese nido amoroso en el que, de manera invisible, nace la imposición y la tiranía en una pareja, y el efecto es tan perturbador que, desde hace meses, España habla sobre este libro que va por la decimotercera edición y ya vendió más de 25.000 ejemplares.
Porque un regalo puede ser violento, al igual que las atenciones más amorosas. En el cortejo puede anidar el sometimiento y una cena carísima y refinada puede funcionar como un zamarreo. Y es en este terreno en el que Solla Sobral planta a su protagonista Marina, que a sus veintipico, comienza una relación con Jaime, de algo menos de 50. Un hombre buen mozo, con una buena situación económica, sofisticado y exitoso, que la “cuida” y la celebra con regalos y atenciones. ¿Dónde está el problema?
“Estoy debutando con un tema muy polémico todavía“, dice a Clarín Lucía Solla Sobral al otro lado del Atlántico. Hace algunos días, en una de las muchas presentaciones, explicó: “Esta novela nace de la necesidad de hablar del maltrato psicológico con honestidad, sin idealizar a la víctima ni caricaturizar al manipulador”. Por eso es que mientras hay mujeres que detectan cada paso hacia el abismo, otras se preguntan si Marina no estará exagerando: Jaime es tan amoroso…
“Quería mostrar que, en este tipo de relaciones tóxicas, no solo hay miedo: también hay culpa, pena y rabia –retoma la autora–. También quise hablar de desigualdad, de amistad y de ese duelo que atraviesas cuando pierdes a alguien… e incluso cuando te pierdes a ti misma”.
Ese entramado de temas fue saludados por los diarios El País, El Mundo, La Vanguardia, La Razón, elDiario.es, EFE, El Cultural, que calificaron a Comerás flores como uno de los Mejores Libros de 2025. Ahora, que llega a la Argentina, la autora cuenta a Clarín cómo construyó esta historia.
–¿Cómo estás viviendo el éxito de la novela y el debate que se extendió por toda España?
–Mi objetivo era escribir la novela. Nunca me cegó el hecho de publicarla porque sabía lo difícil que es y no me quería frustrar antes de tiempo. Entonces, me propuse escribirla. Luego, una vez escrita, intenté moverla. Y, cuando Luis Solado, editor de Libros del Asteroide, me confirmó que sería publicada, comencé a preguntarme si funcionaría. En ese momento, empecé a escribir un diario para ser consciente de lo que estaba pasando y en ese diario –que ya abandoné porque solo lo mantuve durante dos semanas– apunté: “Faltan dos semanas para que me cambie la vida o para que no cambie nada en absoluto”. O sea, era consciente de las dos opciones que se abrían. Y lo último que anoté era que ojalá algún día se vendiera la primera edición porque eran cuatro mil libros y para mí esa cantidad era increíble. Ahora, intento tener los pies de la tierra.
–Dijiste que el libro aborda “un tema difícil”. ¿En qué sentido es complicado narrar una relación violenta en España?
–Aquí hay un movimiento feminista muy fuerte, que tiene mucho peso sobre todo desde 2017 o 2018 y que se consolidó más en las manifestaciones sobre todo, pero, a la vez y desde hace un tiempo a esta parte, ha ganado fuerza un movimiento que propone todo lo contrario. Entonces, si antes estaba mal visto ser machista abiertamente o decir ciertas cosas, ahora parece que sucede al revés, que el feminismo es el que tiene que dar pasos hacia atrás. De hecho, no sé si sucede allá, pero aquí hay un término que emplea la derecha que es el de ‘feminazis’. Al mismo tiempo, dentro de la izquierda también hay machismo y hombres de la política denunciados por acoso o por abuso sexual. Todo eso hace que sea un tema polémico hablar de maltrato y hablar de violencia de género. Al hacerlo a través de la cultura, sabes que hay muchas mujeres que te van a apoyar, pero también sabes que hay muchas personas que lo van a estar leyendo de otra manera.
–¿Cómo te explicas, entonces, que una primera novela, de una autora desconocida y con ese tema difícil generara tanto interés?
–Cuando yo empecé a escribir y a reescribir, ya siendo consciente de que se iba a publicar, mi mayor miedo era que nadie entendiese a la protagonista. Ahora, me doy cuenta de que hay muchas más mujeres que vivieron esa clase de situación de las que yo pensaba. Y cuando elegí el tema, era consciente de que había un maltrato psicológico que no es evidente, del que no se habla en la prensa nunca y del que no hablamos nosotras mismas. Pero no me imaginaba que hubiese tantísimas víctimas. Porque quien no lo vive o no se siente identificada al leerlo, de todos modos piensa que eso le pasó a su amiga o dice ‘esto lo vivió mi prima, mi vecina’. Es decir, es algo que te toca de cerca y yo creo que ahí empezó el boca a boca y luego la viralización a través de las redes sociales. Y en eso hay mujeres que se lo quisieron regalar a otras mujeres, pero también hombres, por suerte y cada vez más, que también o vivieron el maltrato (porque los hombres también viven maltrato de parte de hombres y, en algún caso, de mujeres) o que revisan sus comportamientos a raíz de la novela.
Con su primera novela, ‘Comerás flores’ (Libros del Asteroide), una historia sobre el maltrato psicológico y el duelo, la escritora gallega Lucía Solla Sobral ha conquistado a crítica y lectores. Foto: gentileza de la autura.–Una audacia de la novela es que es indudablemente feminista y, al mismo tiempo, no es canónicamente feminista. ¿Cómo construiste esa característica?
–Yo me imagino perfectamente una persona que la lea y que no se sienta a sí misma feminista y de hecho, me llegan todos los días mensajes de personas muy diversas y que, sin asumirse feministas, me dicen que el tema las interpela igualmente. Porque, por desgracia, seas feminista o no puedes sufrir machismo. Incluso, seas feminista o no y, aunque tú lo identifiques como algo machista o no, sabes que te pasó algo como lo que cuenta la novela. Por eso, a la hora de construir la trama, tenía siempre muy presente que quería que fuese una novela realista y muy honesta. Porque cuando tú estás dentro de una relación de maltrato, por muy lista que seas, no piensas en ese momento ‘estoy sufriendo machismo, estoy sufriendo violencia de género’. No, no eres capaz de procesar esa información. Eso lo haces mucho después y cuando ya estás fuera. Entonces, Marina va procesando toda la información sin ponerle etiquetas. No habla de machismo aunque sí que tiene referencias feministas, porque yo quería dejar en claro que te puede pasar siendo feminista, teniendo un título universitario, teniendo amigas y una familia.
–Hay un elemento muy incómodo en la novela y es que Jaime no es un malo prototípico o un abusador estereotipado. Por el contrario, es un encanto y todas sus acciones de sometimiento, en principio, se parecen mucho al amor y al cuidado. ¿Cómo mediste esa ambivalencia entre la violencia y la protección?
–Ahí trabajé mucho con un psicólogo que me estuvo ayudando a entender tanto a Jaime como a Marina, porque, sabiendo yo todo lo que iba a pasar, quería que ese comienzo cuando se enamora de Jaime fuese realista. Para el caso de Jaime, necesité entender cómo ejercen ese maltrato y cómo se construye esa violencia emocional porque en ese proceso hay mucho castigo, pero también hay mucho premio. Un día te digo algo muy cruel o te dejo de hablar durante 48 horas, pero luego aparezco con el regalo más grande y con muchísimo cariño. Frente a esa confusión, además de no entender lo que está pasando, ella se culpa a sí misma. Porque quien maltrata no lo hace las 24 horas del día. Jaime tiene cosas malas, pero también tiene cosas muy buenas y, frente al momento de duelo que está atravesando Marina, él la escucha, la cuida, le habla del padre, además resulta que conocía a ese padre fallecido… eso, para ella, es fundamental. Por eso, al final es difícil para quien vive esa relación, pero también para quien lo lee y para quien lo ve desde fuera, porque puedes no darte cuenta tú tampoco. Releyéndolo evidentemente sí, porque ya entraste en la intimidad, pero si eres la amiga de Marina, puedes no darte cuenta de lo que está pasando, porque él va a ser encantador contigo también. Entonces, para toda esa complejidad, me apoyé mucho en teorías sobre violencia y en un psicólogo que me ayudase a no juzgar a Marina y a entender de dónde venía, pero también a no caer en la caricaturización de Jaime ni en la justificación.
–Hay muchos personajes alrededor de Marina que tampoco ven el maltrato. ¿Qué pasa que es tan evidente para quien está leyendo, pero cuando estamos en sociedad no lo vemos tan claramente?
–Es muy incómodo enfrentarse a que podemos tener amigos maltratadores o tóxicos y es mucho más fácil (y por eso socialmente todavía lo estamos haciendo) poner el foco en la víctima y en pedirle cuentas a ella: ¿por qué caíste en esa relación, por qué estás con él, por qué no te diste cuenta antes? Nadie le pregunta a él ¿por qué haces eso, por qué lo repites? Todas conocemos a una mujer que sufrió violencia de género, pero nadie conoce a un hombre que haya sido un maltratador y las cuentas no salen. Y luego, también es verdad que es que es difícil ver el maltrato psicológico, es difícil darse cuenta. Ahí pasa por educación, por reaprender lo que es el amor romántico y cómo construirlo, por revisar la pirámide de prioridades en los vínculos. No hay un modelo único de amor y eso tenemos que aprenderlo.
Lucía Solla Sobral básico
- Nació en Marín, en 1989, y vive actualmente en Oviedo, donde ha creado y coordinado desde 2022 el Club de las Letras Salvajes.
- En 2023 fue seleccionada en la Residencia Literaria de la Cidade da Cultura de Santiago de Compostela, dirigida por el escritor Javier Peña.
- Comerás flores (Libros del Asteroide, 2025) es su primera novela y obtuvo los premios El Ojo Crítico de Narrativa 2025 y el Premio Cálamo al Libro del Año 2025.
Comerás flores, de Lucía Solla Sobral (Libros del Asteroide).








