Nace un nuevo orden energético: así impacta ya la guerra de Irán | Opinión

Nace un nuevo orden energético: así impacta ya la guerra de Irán | Opinión

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Donald Trump vaticinó al comenzar los bombardeos sobre Irán que la guerra duraría cuatro o cinco semanas, un plazo que aún no se ha consumado. Las casas de análisis en sus diversos escenarios también tenían como pronóstico central esa duración por diferentes factores: desde el aburrimiento del presidente de EE UU, a la capacidad limitada de las lanzaderas de misiles iraníes. El elemento de presión económica contaba en los cálculos, pero la estrategia iraní de bombardear instalaciones causando daños reversibles en años ha logrado que el coste sea determinante y un acelerador del fin de la guerra.

La desconfianza sobre la seguridad de paso por el Estrecho de Ormuz es una incertidumbre que no se disipará ni siquiera en unos meses y se convertirá en un nuevo peaje a pagar. A este sobrecoste habrá que sumar el daño infringido sobre las instalaciones gaseras de Qatar, que quitará una quinta parte del Gas Natural Licuado de circulación en el mundo por entre tres y cinco años. Esto afectará también a la producción de fertilizantes, que dependen en gran medida del gas para su fabricación, con efectos persistentes en la cadena de suministro alimentaria. No solo de subida de precios, también de peores cosechas.

Reducir la capacidad de los otrora aliados del Golfo para producir el mismo nivel de energía que antes de la guerra provocará una carestía, con la que el mundo lidiará de diferentes formas pero todas cambiarán el status quo anterior al conflicto. Los expertos creen que no se trata simplemente de otro ciclo más, sino de un cambio estructural en el futuro de la energía.

Qué va a pasar

En un interesante informe de Carlyle titulado “No puedes imprimir moléculas” en referencia a que los activos reales no se pueden fabricar como se fabrica el dinero en una crisis, los economistas Jeff Currie y James Gutman dibujan el escenario del día después de que se acabe la guerra. El estrecho se reabrirá “de forma intermitente, a un ritmo indeterminado, con un volumen desconocido y, en gran medida, a discreción de Irán”.

Para los autores, esto llevará a tres consecuencias estructurales:

  • El precio de la energía segura será más alto.
  • Se acelerará el impulso hacia sistemas energéticos localizados, diversificados y redundantes -con duplicidad de fuentes-.
  • El sistema de alianzas se reorganizará más rápido y de forma menos predecible de lo que se esperaba

El shock de oferta inducido por la guerra, esto es, recortar la cantidad de energía disponible en el mundo, subirá los precios del gas y sus derivados por un tiempo largo y hará muy difícil para algunos países cubrir sus necesidades actuales. ¿Qué harán estos consumidores de gas? Buscar alternativas, o bien limitando la cantidad de gas que gastan directa o indirectamente, o bien mediante nuevos recursos que sustituyan al gas en el mix energético. En ambos escenarios lo que se da es una destrucción de la demanda. Una reacción no tan fácil de ver en el mundo económico. Cuando la destrucción de la demanda es obligada, como este caso, y repentina por la incapacidad de seguir consumiendo lo mismo es muy dolorosa, como dejar de fumar. Pero abre la posibilidad de mejorar la dieta energética global hacia una con menos combustibles fósiles. En algunos casos, también llevará a volver a recurrir al carbón.

“Las crisis de los precios de la energía suelen provocar tanto cambios de comportamiento a corto plazo como transformaciones estructurales a más largo plazo”, explica el catedrático de Política Energética y Climática y director del Programa de Energía de la Universidad de Oxford, Jan Rosenow. El experto recuerda que las crisis del petróleo de la década de 1970 y la invasión de Ucrania de 2022 provocaron una destrucción de la demanda a corto plazo,como resultado de políticas gubernamentales (por ejemplo, exigir a las tiendas que limiten el uso del aire acondicionado) o de cambios de comportamiento en respuesta a las subidas de precios (bajar la calefacción).

“A largo plazo, hemos asistido a la aceleración de programas de aislamiento, al cambio de combustibles y a la implantación de normas de eficiencia que han reducido la demanda de forma permanente. Es posible que veamos algo similar en este caso, especialmente en países que ya estaban considerando alternativas al GNL”, pronostica Rosenow.

Poniendo la vista solo en la caída de suministro desde Qatar, el profesor pronostica una aceleración en la implantación de bombas de calor —contenida en el reciente RDL aprobado por el Gobierno de España—, medidas de eficiencia energética e incremento de la producción de energías renovables en los países importadores, especialmente en Europa y en algunas zonas de Asia. “La cuestión clave es si los gobiernos aprovecharán este momento para invertir en alternativas o si se limitarán a esperar a que se restablezca el suministro. Si optan por lo primero, es muy posible que parte de esa reducción de la demanda de petróleo y gas sea permanente”.

La investigadora internacional en el Centro de Política Energética Global Anne-Sophie Corbeau recuerda que esta es la segunda gran crisis del gas que enfrenta el mundo en apenas cuatro años, lo que ha dejado lecciones aprendidas para muchos sectores que harán frente a este riesgo con una combinación de medidas:

  • Garantizar los cargamentos de GNL, aunque a un precio del gas mucho más elevado.
  • Reducir la demanda en sectores específicos
  • Recurrir al carbón

“Para garantizar estos cargamentos de GNL será necesario disponer de divisas fuertes, y algunos países del sudeste asiático se verán sin duda en apuros”, vaticina la experta.

La debilidad de algunos consumidores de gas, es lo que llevará a esta reconfiguración de las relaciones globales en el Sur-Sur y Este global. Sumado a otros elementos como encarecimiento de los seguros y cambios de rutas.

“India está muy bien posicionada para intermediar en un sistema cada vez más inestable, aún siendo dependiente de la energía que pasa por Ormuz. Es broker y rehén a la vez”, dice Carlos Santana, director del Programa Avanzado en cadenas de suministro del IE. Cuando comenzaron las sanciones sobre el gas ruso, la India reaccionó con la compra de crudo con descuento, su refino y la reexportación de productos. “Tiene la flexibilidad política y tolerancia al arbitraje geopolítico”, añade Santana.

En opinión de este experto, si Ormuz entra en zona gris (no cerrado, pero impredecible), el rol de la India se volverá estructural. “No controla el chokepoint, pero puede monetizar el desorden de flujos. Y en un entorno así, quien intermedia gana peso, aunque también asuma riesgo”, resume. “En un mundo donde los flujos son inciertos, quien intermedia gana poder”.

El otro país que de forma más obvia ganará poder es China. “Una mayor electrificación supone una mayor dependencia de China”, sentencia Corbeau. El gigante asiático es el mayor hub de producción, en algunos casos de forma monopolística como con los paneles solares, de la cadena de valor necesaria para producir más energía renovable. China ampliará su rol de punto de estrangulamiento que ya ejerce con las tierras raras.

Rosenow reconoce que existen limitaciones reales en las cadenas de suministro de bombas de calor y energías renovables, así como en la concesión de permisos y la infraestructura de la red eléctrica, que ralentizarán la transición eléctrica incluso cuando exista la voluntad política.

Sobre estas dificultades, la catedrática de CEMFI, Natalia Fabra, dice que para que “las empresas tengan incentivos reales a acometer inversiones en electrificación, necesitan acceso a electricidad a precios bajos y estables” y sugiere “organizar subastas de contratos de largo plazo para nuevas inversiones en renovables que acompañen el aumento de la demanda derivado de la electrificación”. Una parte de esos contratos podría reservarse para las empresas que se electrifiquen, de modo que actúen como un incentivo directo para dar ese paso. También cree que las ayudas que se están desplegando para proteger a la industria deberían incorporar condicionalidad, como el objetivo de electrificarse.

En un recomendable capítulo del podcast “The Energy Empire” titulado “The Accidental Clean Energy president” (Presidente por accidente de las energías limpias), el experto en energía James Gutman lanza la provocativa idea de que Donald Trump ha contribuido, sin quererlo, a acelerar más la transición global hacia la energía limpia que cualquier política climática de la historia. “No porque quisiera, sino porque cuando se desestabiliza el orden energético mundial, los países no se quedan de brazos cruzados. Construyen algo nuevo”.

“El país que solía garantizar la seguridad energética mundial acaba de demostrar que ya no lo hará”, añade Gutman. Al crear inestabilidad geopolítica y amenazar a los aliados, Trump ha obligado a los países a luchar por la autarquía energética (autosuficiencia). Y las naciones están comprando desesperadamente energía solar y baterías para evitar depender de las rutas comerciales globales que EE. UU. ya no garantiza.

Otro cambio crítico en la ordenación de los flujos comerciales mundiales vendrá por el encarecimiento de los seguros y reaseguros de los barcos que transiten por rutas que ahora suponen un riesgo demasiado alto para compensar económicamente la travesía, dice Gonzalo Cadenas-Santiago, economista jefe de Mapfre. Ya se han comenzado a dejar de renovar pólizas para determinados riesgos como el político que incluye ataques militares y terroristas, dice Cadenas. Los riesgos propios del mercado, como la subida de los fletes o los riesgos de impago en algunos casos se aceptarán pero se trasladan a costes. Si el precio sube, también lo hace el coste del seguro y puede hacer inviable algunas operaciones o desviarlas por rutas alternativas, como el Cabo de Buena Esperanza que también son más caras. Las reaseguradoras absorben el riesgo pero hay un momento que ya no quieren más, dice Cadenas-Santiago. Esto lleva a una espiral de precios que expulsará a algunas navieras del mercado de seguros.

“Que no se pueden asegurar, no quiere decir que los barcos ya no operen. Pero lo hacen de otra manera, acaparando stock para hacer frente a los riesgos o subiendo las provisiones técnicas”. Al final, se genera una cadena de acumulación de riesgos y sobrecostes que puede impactar en la economía real por otros canales como los financieros, advierte.

Quién gana

Rutas africanas y Argelia

Las nuevas rutas comerciales que intentarán salvar Ormuz —en muchos casos, misión imposible para países como Kuwait o Irak— o el estrecho de Bab el-Mandeb aún están por definir. Cadenas-Santiago anticipa que uno de los efectos a largo plazo será ese re-routing y también el nacimiento de zonas comerciales más pequeñas en el que se generen flujos comerciales intrarregionales. “Vamos a ver una aceleración silenciosa de rutas alternativas, no porque sean más eficientes, sino porque son más seguras políticamente”, puntualiza Santana.

Superar el umbral de riesgos llevará a algunas aseguradoras incluso a salirse de la región, como sucedió cuando Estados Unidos invadió el Canal de Panamá o ocurre en algunos puntos cercanos a Taiwán. Es previsible que algunas compañías dejen de asegurar alrededor de la Península Arábiga y pueden ser sustituidas por otras “alternativas” que tengan menos aversión al riesgo, como las chinas. “Esto contribuye a marchas forzadas al realineamiento comercial global”, concluye el economista de Mapfre.

Argelia es uno de los ganadores en esta búsqueda de rutas energéticas menos peligrosas y lograr su favor tendrá un precio más allá del del combustible.

China

China se ha convertido en un ejemplo de resiliencia ante esta crisis, y muchos países, especialmente sus vecinos, tratarán de copiar su dieta energética. Y esta pasa por muchas renovables pero también por quemar carbón. China está proporcionando ahora 250.000 millones de dólares en financiación comercial para energía limpia a cincuenta mercados emergentes, una cifra superior a la del Plan Marshall, como describen en el podcast The Energy Empire.

Nuevas plantas de GNL y EEUU

Una de mis primeras preguntas a los expertos es si el GNL que dejará de producir Qatar se podrá compensar con la producción en otras zonas del mundo. Siendo la más obvia EEUU, campeón mundial de producción y exportación de este combustible fósil. Pero la respuesta no es tan sencilla. EEUU está ahora en el límite de su capacidad de licuefacción que ya funcionaban a una tasa de utilización cercana al 100 % antes de la guerra, según el profesor Severin Borestein que anticipa que no se podrá desviar mucho más GNL en contraste con las demandas de Donald Trump que le ha pedido a los europeos que le compren mucho más.

La profesora Corbeau dice que se está incorporando nuevo suministro de GNL, de las plantas inauguradas durante el último año como Plaquemines y la fase 3 de Corpus Christi en EE UU. También desde la plataforma flotante Tortue en Senegal-Mauritania, Canadá y dos plataformas flotantes en el Congo. Se espera que otras instalaciones de GNL entren en funcionamiento en un futuro próximo como Golden Pass en EE. UU. —que también es propiedad de QatarEnergy y Exxonmobil—, Pluto 2 en Australia, Cap López en Gabón y Energía Costa Azul en México. Pero eso no sería suficiente para sustituir por completo el suministro actual de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, que la profesora cacula que no se restablecerá hasta 2028 o 2029.

Inversión en baterías

En el pronosticado nuevo bum de las energías renovables, las baterías son el objeto más codiciado. España, por ejemplo, tiene en la falta de capacidad de almacenar los excedentes de electricidad limpia que produce durante el día uno de sus puntos débiles. Los mercados ya han dictado a sus ganadores: tres empresas chinas CATL, BYD y Sungrwo que se han visto recompensadas con una subida de 70.000 millones extras de capitalización según los cálculos de Financial Times.

Alternativas en desuso

Además del carbón, habrá un revival de la energía nuclear. De hecho, cualquier recurso que se pueda considerar de proximidad, como los yacimientos de gas del Mar del Norte para Reino Unido, será incorporado al mix energético del país que se pueda permitir pagar su instalación en el corto plazo.

Quién pierde

Fertilizantes y comida

Entre el 70 % y el 90 % del coste de producción de los fertilizantes nitrogenados corresponde al coste del gas natural, dice Borenstein en una entrada de su blog sobre la economía energética de la guerra. Al contrario de lo que sucede con el mercado del gas natural en EEUU que está totalmente aislado de los vaivenes exteriores los fertilizantes están integrados a nivel mundial, por los bajos costes de transporte, lo que ha empujado su precio un 23%. Y esto en un país desarrollado.

Los recortes en la producción y las restricciones en el transporte marítimo han paralizado un comercio de fertilizantes estimado en hasta cuatro millones de toneladas al mes. A diferencia del petróleo, el sector de los fertilizantes no cuenta con reservas estratégicas coordinadas a nivel internacional, lo que hace que las interrupciones en el suministro sean más difíciles de gestionar.

Hasta el 30 % de los fertilizantes comercializados a nivel internacional transitan normalmente por el estrecho de Ormuz. En un reciente informe de la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, se recuerda que la subida de precios reduce el uso de fertilizantes, lo que disminuye el rendimiento de los cultivos más adelante en el año, provocando un aumento de los precios de los alimentos. Incluso un aumento moderado de los precios puede llevar a los pequeños agricultores a reducir el uso de fertilizantes, lo que disminuye los rendimientos.

El mayor riesgo sistémico, dice la FAO, está en las economías asiáticas que combinan prácticas agrícolas altamente intensivas con cadenas de suministro frágiles. Estos países podrían verse obligados a pagar primas significativas para importar fertilizantes de proveedores más lejanos. El retraso o la insuficiencia en el suministro de fertilizantes podría traducirse en menores rendimientos de cultivos básicos como el arroz, el trigo y el maíz a finales de este año, un riesgo grave para las regiones densamente pobladas de Asia.

Otra peligrosa derivada es que el aumento de los precios del petróleo impulse la demanda de biocombustibles, lo que incrementa el uso de cultivos como el maíz, la soja y la palma aceitera, utilizados para producir etanol y biodiésel. Con el tiempo, esto desplaza la superficie cultivada para alimentos.

Transferencia de rentas

El aumento del precio del crudo está transfiriendo 3.000 millones de dólares diarios de los consumidores a los productores más ricos, calcula Borenstein, y la cifra es mayor si se incluye el GNL. Casi el 10 % de esos beneficios van a parar al Gobierno ruso y a los oligarcas, lo que contribuye a financiar su invasión del territorio soberano de Ucrania. El FT site:ecifra en 63.000 millones de dólares los beneficios caídos del cielo que tendrán este año las petroleras por la subida de los precios, y ya en bolsa las ganancias son estratosféricas. Por no hablar del uso de información privilegiada que ha hecho a algunos millonarios apostando en contra del precio del crudo antes de los anuncios públicos de Donald Trump.

En el lado contrario de la balanza, Naciones Unidas advierte que las economías del Golfo acogen a millones de trabajadores migrantes que envían cuantiosas remesas a sus países de origen. Una interrupción prolongada podría reducir estos flujos, lo que debilitaría el poder adquisitivo de los hogares a medida que aumentan los precios de los alimentos y la energía.

Brasil

El país carioca puede caer en el listado de ganadores de la crisis porque logre vender más petróleo y hacerlo con la ruta segura del Atlántico. Sin embargo, la FAO señala en su informe que el país está muy expuesto al problema de la importación de fertilizantes ya que una quinta parte procede del Golfo. Perder o tener dificultades para redirigir el 20 % de un insumo agrícola crítico supone un importante obstáculo operativo. Brasil utiliza un volumen tan enorme de nitrógeno, que cualquier subida de los precios mundiales de los fertilizantes —incluso para el 80 % que obtiene fuera del Golfo— inflará drásticamente los costes de producción de los agricultores.

La Cifra: 11 barcos desviados

La consultora estratégica Kpler ha detectado en los últimos días que al menos once barcos metaneros cargados de GNL han redirigido su ruta sobre la marcha, para poner rumbo hacia Asia desde sus travesías atlánticas. La razón no es el peligro, es el precio. Asia está dispuesta a pagar mucho más por el gas, y los barcos con origen en EEUU o Nigeria que tengan la flexibilidad suficiente, cambiarán su destino sobre la marcha.

El concepto: El nuevo orden de la energía (o del Julio)

Los economistas Currie y Gutman (ya citados en este artículo), acuñaron este concepto en diciembre de 2025 para explicar el giro desde un orden definido por los combustibles fósiles que se comercializan a escala mundial y las rutas marítimas protegidas por Estados Unidos, hacia una nueva era en la que la seguridad energética y la producción nacional (medida en julios) sean los principales motores de las políticas, en lugar del cambio climático o la reducción de las emisiones de carbono por sí solos.

La frase

“En crisis petroleras anteriores, los países no tenían más remedio que soportar las consecuencias. Ahora cuentan con una vía de salida. Los recursos de la era de la energía limpia no pueden ser bloqueados ni utilizados como arma”, dijo Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas.

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