Hace 72 años, en un rincón de los Esteros del Iberá nació Manuel Maidana, el hombre que batalló judicialmente más de tres décadas para ser reconocido como uno de los herederos del terrateniente cordobés Juan Feliciano Manubens Calvet, quien había fallecido en marzo de 1981 dejando una fortuna estimada en 400 millones de dólares. Esta semana, su vida se apagó en Posadas, la ciudad que lo cobijó desde muy joven.
Un hijo reveló que el deceso se produjo a causa de complicaciones derivadas de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) que arrastraba desde hace años y Alzheimer.
Aunque nunca reveló la cifra, Manuel finalmente accedió a cobrar una pequeña parte de la herencia del hacendado. El resto fue repartido entre los sobrinos de Manubens Calvet y familiares de quien fue su pareja, ya que no había tenido hijos. El litigio judicial se prolongó hasta mediados de 2020.
Con el paso del tiempo, Manuel pudo reconstruir su pasado: había nacido en la estancia Santo Domingo, propiedad de la familia Patri Cremonte. En ese lugar, que era frecuentado por Manubens Calvet, su mamá se desempeñaba como cocinera.
“La única constancia que tengo de quién era mi padre es una inscripción en la parte posterior del papelito que el Registro Civil entregaba al momento de registrar los nacimientos. Ese papel siempre estuvo guardado en una Biblia o en un diccionario”, recordó el correntino en una entrevista con Clarín.
“Ese papelito me dio mi mamá cuando fui a enrolarme para hacer el servicio militar obligatorio, pero yo nunca le di importancia a eso que estaba escrito en la parte de atrás”, se sinceró. “Un 21 de junio, un día de mucho frío, cuando escuchaba el informativo de LT 7 Radio Corrientes, me enteré que una mujer paraguaya había sido detenida por fraguar su identidad y hacerse pasar por hija de Manubens Calvet. Ahí relacioné todo y me contacté con Argentino Consiglio, que había sido mi maestro en Ituzaingó y después se recibió de abogado. Él viajó a Córdoba para averiguar todo y en el Juzgado le dijeron que tuviera cuidado porque por ese tema ya había gente presa”, recordó en su momento.
El pequeño Manuel vivió en la estancia hasta los cinco años: “Después tuve que ir a vivir con mi abuela porque los patrones no querían que las empleadas tuvieran a sus hijos. Mi abuela crio catorce nietos y recién a los 13 años fui a Ituzaingó para empezar la escuela”.
Manubens Calvet dijo que tuvo oportunidad de preguntarle en varias ocasiones a su madre sobre su relación con el terrateniente, pero la mujer siempre le respondía con la misma frase en un cerrado guaraní: “Con el tiempo vas a saber…” Y a Manuel le llevó varias décadas lograr reconstruir su identidad.
El camino estuvo lleno de escollos para Manuel. En 1999 se presentó ante un juez de San Luis con un acta en la que Manubens Calvet lo reconocía como hijo. Eso le permitió avanzar en el Registro Civil con el cambio de apellido.
En 2008, un estudio de ADN descartó cualquier vínculo genético con la familia Manubens Calvet. Manuel siempre sospechó que las muestras fueron adulteradas.
En su cruzada, el correntino tuvo que sentarse en el banquillo de los acusados. En 2011 la Justicia Federal lo condenó a tres años de prisión en suspenso por considerar que había falsificado documentos para lograr el reconocimiento en San Luis. Finalmente, Casación lo absolvió.
Lo que parecía una batalla judicial interminable tuvo su epílogo en 2020, cuando los sobrinos de del magnate cordobés decidieron incluir en el reparto de los bienes a Manuel. El correntino habría recibido unos 5.000.000 de dólares, cifra que nunca confirmó.
Juan Feliciano Manubens Calvet nació en Villa Dolores el 20 de octubre de 1904. Dicen que decidió ser rico a los 14 años. Poco se sabe de su vida, pero con dinero de su familia se lanzó a la aventura de comprar tierras. Una década después ya estaba entre los principales productores de Villa Dolores, Córdoba.
También incursionó en política. Fue diputado provincial y dos veces intendente. Sus conocidos lo definían como un hombre frío, silencioso, implacable, hasta cruel. Obsesionado con el dinero. Vivió sus últimos días encadenado a la cama, acusado de reducir al estado de servidumbre a los peones de su estancia Pinas, en Cruz del Eje, en Córdoba.
Se dice que no tuvo hijos porque era estéril, pero tras su muerte aparecieron varios que dijeron ser sus herederos directos. Uno de los casos más recordados es el de Dolores, una joven paraguaya que se presentó como única heredera con apoyo del por entonces dictador Alfredo Stroessner, y el obispo de Venado Tuerto, monseñor Mario Picchi. La maniobra había sido pergeñada por José Luis Cora. Todos fueron acusados de estafadores y terminaron presos.
Fueron necesarias más de 150 audiencias para repartir el patrimonio de Juan Manuel Manubens Calvet. Los herederos finalmente recibieron un 35% de lo que había dejado el cordobés, ya que el resto se destinó a pagar diversos gastos e impuestos.








