Mire lo que quiera, hay para todos los gustos

Mire lo que quiera, hay para todos los gustos

En la literatura especializada en opinión pública, que no es la literatura argentina, especializada esta en tomar cada elección, como si fuera una explosión desconectada de alguna historia electoral con rasgos de continuidad, el concepto de razonamiento motivado ha ocupado un lugar especial de atención. Por razonamiento motivado se entiende al esfuerzo de las personas por buscar y consumir información que confirme aquello que ya se piensa, de modo que lo que simula ser un proceso aparente de reflexión, funciona en realidad como una secuencia de mecanismos para sostener ideas previas y garantizar su subsistencia.

En los eventos corporativos se suele invitar a expertos en neurociencias para asombrar al público de asistentes con demostraciones de los sesgos que supuestamente todos tenemos, incluso con imágenes engañosas y juegos visuales pertenecientes más al campo de la magia y el ilusionismo que al de la ciencia. Luego de esto, las personas excitadas regresan a sus puestos de trabajo y comparten entre pares, que piensan exactamente igual que ellos, los problemas que existen relativos a los “sesgos de confirmación” como una novedad que quedará entre ellos, sin ninguna capacidad productiva en el proceso de futuras nuevas instancias de conocimiento. Así, es más sencillo nombrar a estos aparentes problemas del conocimiento, que practicar su disolución.

En un artículo muy influyente publicado por la psicóloga social Ziva Kunda en 1990, mucho antes de la era de los podcast y del desarrollo popularizado del estudio del cerebro, la autora hace mención a dos grandes orientaciones en el razonamiento motivado, una de ella es el razonamiento motivado por objetivos de precisión (Accuracy goals), y a otro por motivos de logros de objetivos confirmatorios (Directional goals). El segundo caso tiene implicancias serias para el estudio del modo en que el sistema político logra o no, relacionarse con sus públicos, en especial si es que necesita de ellos apoyo para continuar algún lazo razonable de popularidad. A través de otras evoluciones basadas en el planteo de este artículo se ha intentado complejizar esta dicotomía con niveles internos en cada una de estas direcciones, permitiendo incluso colocar, entre personas con intensa identificación partidaria, aquellos que se llevan bien con el tratamiento de información, y otros, del mismo agrado político, con los que no necesitan profundizar demasiado. Agustín Laje y el ya fallecido Horacio González pueden ser presentados como buenos “tratadores” de datos, pero en especial para abastecer a un público que los necesita ya seleccionados.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

Es difícil separar el tratamiento de la ley de reforma laboral de estos siempre presentes mecanismos, y se debería insistir en que para la política no hay otra manera de asumirlos. Sin embargo, la pregunta es, ¿hasta dónde estos mismos métodos de orientación pueden llegar a extenderse más allá de la misma política? Sin demasiado esfuerzo se los puede detectar en el ámbito del periodismo, el mundo del espectáculo o el universo empresario. Con este nivel de expansión, el razonamiento motivado por objetivos de precisión se presenta con bajas chances de práctica ya que no hay territorio disponible para que ocurra.

El derrotero del Gobierno deja empantanada la posibilidad intensa de tratar la complejidad de un asunto, sea este u otro cualquiera que implique algún proceso de análisis de mayor complejidad, a solo instancias de combate entre partes. De este modo, lo único que mayoritariamente circula a través de los medios masivos, es la pregunta por estar a favor o en contra de la reforma. Y así es con todo, porque se está a favor o en contra de la apertura de importaciones, o a favor o en contra de la ESI, a favor o en contra de que el sable corvo de San Martín quede en el Museo o pase a los Granaderos, o a favor o en contra de la baja de la edad de imputabilidad. Pero nadie está en contra, o muy pocos, de estar con todo lo que circula, a favor o en contra de cada uno de estos temas.

La investigación especializada en estos mecanismos ha logrado demostrar algunas consecuencias sociales en la expansión de estos modos direccionados del pensar. Si alguien quiere testear este problema puede solicitarle a una persona identificada con alguna tendencia política que describa los motivos de su gusto por aquella oferta, y notará, que en general, la lista tendrá una buena cantidad de motivos. Pero al mismo tiempo, puede pedirle a esas mismas personas que intenten describir los motivos de por qué otros gustan de opciones contrarias, es decir, colocándose en el lugar del otro, y encontrará, por lo general, un listado más bien escaso y acompañado, en muchas ocasiones, de consideraciones que no podrían indicarse como motivos (Ej.: argumentar que lo hacen porque “son unos ignorantes”).

La no consideración de estos procesos agregan expectativas en general exageradas a las noticias, en especial en procesos electorales; y en esto no colaboran, ni los periodistas, ni la mayoría de los consultores. Sobre este envión hacia la pregunta por el cambio se asume que los electorados se encuentran siempre pendiendo de un hilo a punto de colapsar producto de cualquier estímulo, de modo que el voto iría rotando siempre, cada dos años, hacia cualquier dirección. En cambio, con la evidencia de estos trabajos puede predecirse el comportamiento contrario, siendo entonces, menos la noticia, y más el modo en que se está dispuesto a escuchar o no cada caso.

Los resultados electorales en el tiempo exponen mayor continuidad que ruptura, aunque simulen lo contrario. Milei, en distribución espacial del voto, es una copia casi exacta de Macri en 2015 y 2017, pero con otra semántica. Quien no pueda separar esta semántica (lo que se dice) de la estructura (lo que efectivamente sucede), creerá ver mutaciones, pero solo por no insistir algo más en esa revisión. En demasiados casos la sociología argentina está más preocupada por demostrar al público que Milei sería una especie de demonio, que en comprender la complejidad de aquello que ocurre; y trabaja, en consecuencia, más en objetivos direccionados, que en otros de precisión.

El cierre de FATE cae en un problema de características similares. El peronismo coloca el acento en la pérdida de empleos y en el cierre de esta y otras fábricas; el oficialismo nacional utiliza el caso para demostrar el bajo nivel de competitividad que tienen las empresas argentinas que someten, de esa manera al público, a precios imposibles. Para confirmar una u otra mirada, ya se sabe a dónde ir para acumular información ya procesada que demuestre cada una de estas ideas, aumentando de ese modo la tensión social y ofreciendo como ejemplo los episodios en la Cámara de Diputados como un escándalo basado, entre otros elementos, en el convencimiento cruzado que cada uno tiene, de la seguridad superficial sobre cuál es la mejor política pública a imponer para el desarrollo del país.

El resultado operativo es que hay para el gusto de cada uno, un mundo para observar, y no se trata de un tiempo inventado por los algoritmos de las redes sociales, tal como la enorme literatura sobre el tema exploró en el siglo XX, cuando nada de esto existía. En realidad, se habla de las redes igual que de FATE o de la ESI, porque se las describe de manera aparentemente crítica, con simulada profundidad, pero solo para andar repitiendo que los algoritmos marcan la mirada del mundo. El tema es tan viejo como la continuidad del voto, pero para eso hay que tener algo de pasión por la incomodidad que genera el preferir problemas complejos, más que simples. La mayoría se inclina hoy por tener opiniones firmes, en especial cuando ya vienen empaquetadas para poder desplegarlas en un asado con amigos.

La sociedad circula por debajo de las personas, sin que en la mayoría de los casos se sienta su presencia. Uno de los modos más populares para sobrevivir dentro de su estructura es la de hacer sentir a muchos como intelectuales críticos, mientras de fondo, a cada segundo, su propia complejidad, se pone peor.