“Mi premio es el trabajo, la cultura”

“Mi premio es el trabajo, la cultura”


El coreógrafo argentino Mauricio Wainrot fue distinguido como Personalidad Emérita de la Cultura Nacional en un acto se llevó a cabo ayer en el Palacio Libertad ante un auditorio repleto en la Cúpula, en el que no faltaron directores, coreógrafos, bailarines, funcionarios y allegados al homenajeado, que lo vienen acompañando en una rica y notable carrera artística.

Los directores del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martin, Andrea Chinetti y Diego Poblete; la presidenta del Consejo Argentino de la Danza, Natalia Álvarez; la guionista y directora del documental Wainrot, Tras Bambalinas, Teresa Costantini; el gestor cultural José Miguel Onaindia; la maestra y coreógrafa Lida Segni, exdirectora del Ballet Estable del Teatro Colón; el presidente del Fondo Nacional de las Artes, Tulio Andreuzzi Guzmán; el presidente de la Asociación Amigos del Bellas Artes, Julio César Crivelli; el director del Teatro Colón, Gerardo Grieco, y su primer bailarín Juan Pablo, entre muchas otras personas a las que Wainrot acompañó, formó, alentó y se transformó en un antes y un después.

Maestro y referente, Mauricio Wainrot nació el 26 de septiembre de 1946 en Buenos Aires. Es hijo de inmigrantes polacos judíos que se escaparon antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Jacobo, su padre, era zapatero, pero falleció de cáncer cuando Mauricio apenas tenía 17 años. Su mamá, Clara Raquel, trabajaba como cuidadora de niños.​ Su padre lo llevó por primera vez, en 1952, a la Escuela Nacional de Danzas, pero fue rechazado. Tras la muerte de su padre comenzó a estudiar teatro y a los 20 se inició en la danza. Desde entonces, no paró de crecer como artista.

Durante el acto, se lo vio emocionado por la cálida recepción entre amigos, colegas y allegados, y por la honorifica distinción que recibió en el Palacio Libertad. “Es una alegría muy grande. Para mí, la mayor distinción es haber estado trabajando 61 años de manera ininterrumpida en la danza, en las artes, ser maestro, alumno y profesor. Haber trabajado con 60 compañías diferentes en todo el mundo es una cosa maravillosa”, dijo a Clarin momentos previo.

Wainrot es considerado uno de los coreógrafos más destacados de la danza contemporánea argentina. Su obra, como también su prolífica trayectoria, ha sido interpretada por compañías de todo el mundo llevando el talento argentino a distintos escenarios internacionales como Francia, Suecia, Bélgica, Canadá, Uruguay, Letonia, Polonia, Turquía, Italia, Alemania y Brasil, donde realizó la mayoría de sus reconocidas creaciones.

“Mi premio es el trabajo, la cultura –continuó Wainrot–. El premio es haber formado tanta gente, tantos bailarines, coreógrafos y directores, ése es el premio. El premio es la cadena que se armó cada uno es un eslabón y cada uno pone algo importante”, añadió Wainrot, visiblemente conmovido.

Antes del anuncio oficial, el acto comenzó con la emisión de fragmentos de Wainrot, tras bambalinas, el documental de Teresa Costantini cuyo estreno ocurrió en 2024 en Mar del Plata, en homenaje al coreógrafo con palabras elogiosas palabras de los bailarines Julio Bocca y Paloma Herrera, y Diego Poblete, actual codirector del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martin, entre otras figuras de la danza.

También, durante 17 años se desempeñó como director artístico del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín de Buenos Aires en dos períodos (entre 1999 y 2015; y desde 1982 a 1986), del Grupo de Danza Contemporánea del Teatro San Martín. Entre 2000 y 2017, las coreografías de Wainrot se estrenaron en Francia, por el Ballet de la Ópera Nacional de Bordeaux, el Ballet de la Ópera de Nice y el Ballet du Capitol de Toulouse. Las tres compañías realizaron giras por Europa y Asia con el repertorio del prestigioso coreógrafo argentino.

Entre sus múltiples creaciones, se destacan piezas como la Novena Sinfonía de Beethoven; La Tempestad; Ana Frank; El Mesías; Medea; Flamma Flamma; A Streetcar Named Desire; Carmina Burana; Le Sacré du Printemps; Las 8 Estaciones; Distant Light; Carmen; Looking through glass; Travesías; Desde Lejos; Four Janis for Joplin; Pájaro de fuego; Estaciones porteñas; Wayfarer songs; Journey; La canción de la tierra; Cuatro estaciones de Buenos Aires; Travesías Sinfonía de los Salmos; Fiesta, y muchas más.

El coreógrafo argentino Mauricio Wainrot fue distinguido como Personalidad Emérita de la Cultura Nacional en el Palacio Libertad. Foto: gentileza Secretaría de Cultura de la Nación.

Artista fundamental

El secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, explicó que Wainrot es “un artista fundamental de nuestra cultura. Dedicó su vida a la danza, a crear, a enseñar, a investigar y a llevar su arte cada vez más lejos. Porque la danza tiene algo único, es un arte que no necesita traducción, habla con e cuerpo, con el movimiento y con la emoción y cuando está hecha con verdad, con la obra de Mauriucio, es capaz de conmover a cualquier público en cualquier parte del mundo”.

Cifellí recordó que “su obra ha sido reconocida en escenarios internacionales y ha sido interpretada por compañías de enorme prestigio y en cada uno de esos escenarios también estuvo presenta algo muy valioso: el talento argentino. Porque cuando un artista como Mauricio triunfa en el mundo no sólo se reconoce su obra, también se reconoce la calidad, la creatividad y la fuerza de nuestra cultura”, destacó.

Luego de recibir la placa de manos del funcionario, Wainrot compartió una entretenida charla junto al editor General del diario Clarin Ricardo Kirschbaum y la periodista y editora del diario La Nación Costanza Bertolini. Juntos, repasaron sus orígenes, su trayectoria y, sobre todo, su conexión con la cultura y con la danza, entre todos temas cargados de pasión, alegría y nostalgia.

Más que una charla, fue una verdadera masterclass de algo más de una hora en la que no faltó el humor. “Parece que tengo 79 pero voy a cumplir 80 años”, bromeó Wainrot, y continuó: “Ya son 61 años que estoy trabajando en esto que me gusta, me apasiona, lo llevo en la sangre. El regalo más grande es que no he parado nunca. Me pagaron o no me pagaron yo siempre seguí trabajando. Es una vocación como le pasa a la mayoría d los artistas que estamos luchando y bregando para seguir teniendo una voz, una marca”, exclamó el distinguido coreógrafo.

El coreógrafo argentino Mauricio Wainrot compartió una charla con el editor General del diario Clarin Ricardo Kirschbaum y la periodista y editora del diario La Nación Costanza Bertolini. Foto: gentileza Secretaría de Cultura de la Nación.

Kirschbaum arrancó la charla con el episodio que marcó por siempre a la familia Wainrot.

“Quisiera que nos remontemos a junio de 1939 –comtó–, donde comenzó esta historia. Dos personas alarmadas con miedo y desesperadas buscando una visa para salir de Polonia., una visa que no le daban en Estados Unidos ni en Argentina. Tres meses antes de la invasión nazi a Danzig, cuando comienza la Segunda Guerra Mundial, encontraron un cónsul boliviano que le extendió la visa. Le dijo a la futura madre de Maurucio que no se quería ir de Polonia para no abandonar a su familia, señora, esta es su oportunidad porque después no lo va a ver más a su marido”.

“Ahí comienza esta historia en un país en que había una circular secreta (la número 11) que luego se derogó, donde se obstaculizaba o se prohibía la visa a los indeseables o a los que habían sido expulsados de sus países. Es decir, en ese momento, a los que profesaban la religión judía”, amplió el editor general de Clarin.

El 16 de junio de 1939, los padres de Maurucio llegaron a la Argentina a través de Bolivia. Él lo narró: “En 1938, cuando la Alemania nazi anexó Austria y Checoslovaquia, mis padres estaban en el Partido Socialista. Sabían perfectamente que lo que iba a venir era tomar Polonia. Desesperado, mi papá empezó a buscar lugares dónde irse. La familia de mi papá estaba compuesta por seis varones y la de mi mamá eran seis mujeres y tes varones. Ella era la última de nueve hijos”.

En ese momento, ningún país quería darle la visa a los judíos hasta que consiguió la visa de Bolivia, que por entonces era un país muy solidario y no entró en el juego de los países grandes. Entonces, le dio la visa a mi papá. Mi mamá no presentaba ningún interés, quería saber cómo le iba a ir a él para luego ir ella a ver cómo le va. El cónsul le dijo: ‘señora, si usted ahora no se va a con su marido no lo va a ver nunca más’”, añadió.

El resto de la familia Wainrot fue masacrada en los campos de exterminio de Auschwitz y en Treblinka pero los padres de Maurucio finalmente decidieron escapar a Bolivia para rehacer su vida. Según contó Wainrot, “Después de unos meses, lograron atravesar de manera ilegal a la Argentina hasta que en 1942 los legalizaron”.

En otro pasaje de la charla, Wainrot afirmó que “los teatros son como guetos muy diferentes. Siempre hay mucha libertad y gente de distintos países y religiones y de distintos colores. Eso es lo que a mí más me gusta. Durante 11 años fui coreógrafo residente del Royal Ballet de Bélgica que tenía 60 bailarines, de los cuales, había de 20 nacionalidades y se hablaban en diez lenguas diferentes”.

El coreógrafo argentino Mauricio Wainrot compartió una charla con el editor General del diario Clarin Ricardo Kirsc.hbaum y la periodista y editora del diario La Nación Costanza Bertolini. Foto: gentileza Secretaría de Cultura de la Nación.

“Un creador inquieto”

Bertolini tomó la palabra para hacerle notar: “En los videos se habla de vos como un “creador inquieto con una obra que es apasionada por el movimiento y la velocidad. Pero también hay muchas obras que traslucen una melancolía que forma parte de tu historia”.

“Es normal. Soy una persona muy melancólica y vital al mismo tiempo”, –respondió Wainrot, y continuó–: “Mi melancolía viene de los domingos cuando estábamos mi papá, mi mamá, mi hermana y yo. El lunes, cuando íbamos a la escuela, la maestra decía “¿con quienes estuvieron, con la tía, la abuela…?’ A mí me daba vergüenza decir que no tenia familia, que los habían matado a todos. Esa melancolía la tengo desde que nací, pero al mismo tiempo tengo mucha vitalidad y defiendo muy fuertemente mis ideas”.

–¿Cómo te conectás con la cultura?, indagó Kirschbaum.

–Mi papá tenía en su mesa de luz a Dostoievsky, también leía La montaña mágica, de Thomas Mann, también tenía a Pushkin, Henryk Sienkiewicz (Primer Premio Nobel de Literatura polaco) y José Ingenieros, entre otros escritores. Cuando tenía 11-12 años me recomendó leer Demian, un libro de Hermann Hesse. Lo leí entero y después lo leí de nuevo. Estuve en la casa de Thomas Mann, que está en el norte de Alemania. A mí siempre me encantó bailar. Mi mamá vivía cantando canciones polacas y en idish. Ella nos llevaba a la comedia musical judía. Había un Teatro Mitre cerca de mi casa. Cada dos o tres semanas terminábamos de almorzar los domingos y salíamos corriendo para ir al teatro. A veces íbamos al teatro Soleil, que estaba a una cuadra del Abasto y en alguna ocasión fuimos al IFT, el teatro judío comunista dirigido por la actriz Jordana Fain.

Tra la muerte de su padre, Mauricio Wainrot comenzó a estudiar teatro cuando tenia 17 años. “A ese lugar iban Olga Ferri, José Neglia, Arturo García Buhr… uno se encontraba con todo el mundo, pero con Otto Werberg enseguida nos hicimos muy amigos. Me decía: ‘Sos muy parecido a mí cuando era chico’.

El coreógrafo aceptó que no le gustaba la escuela: “Siempre he sido un alumno muy atento y estudioso desde que empecé a bailar. Ir a la escuela no me gustaba por las materias que daban en la secundaria. Hasta que yo no encontré la danza en mi vida, no entendí lo que era la disciplina. Pero Otto Werberg fue la primera persona que dijo que tenia que estudiar. Tenia 18-19. Me dijo que tenía condiciones para la danza. Así fue como me presenté en un concurso que había en el Teatro Colón, era un curso acelerado de varones. De unos treinta y pico de muchachos entramos seis”.

El Teatro San Martin

En 1968 se creó el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. “Los lunes se hacían programas eclécticos donde los bailarines del Teatro Colón, los del Teatro Argentino de La Plata y los contemporáneos tenían día libre, vi una obra que me encantó de Oscar Araiz y al poco tiempo él vino a una clase de Otto Werberg. Entonces, una bailarina habló bien de mí y le dijo que viniera a verme. Ese día lo conocí a Oscar; entré al Teatro San Martín sin tener ninguna historia previa”, recordó.

El coreógrafo argentino Mauricio Wainrot compartió una charla con el editor General del diario Clarin Ricardo Kirschbaum y la periodista y editora del diario La Nación Costanza Bertolini. Foto: gentileza Secretaría de Cultura de la Nación.

“Tu trayectoria no solo habla de tu talento sino del esfuerzo. Tu carrera ha sido talento, esfuerzo y aprovechar las oportunidades –enfatizó Kirschbaum–. Pero hay algo que siempre me intrigó: tu persistencia de volver a la Argentina. Tuviste oportunidades en el mundo, en grandes teatros y grandes puestas y grandes posibilidades de continuar tu vida afuera pero, sin embargo, persististe en volver”.

Wainrot respondió: “Además de los primeros maestros que tuve acá, también tuve la suerte de tenerlo a Héctor Zaraspe, quien era el maestro nada menos que de Rudolf Nureyev y Margot Fonteyn. Él vino a darnos clase al Teatro San Martin y me invitó a la Juilliard School de Nueva York. Allí tomé clases con Stanley Williams, un maestro increíble. Allí te encontrabas con Nureyev y Baryshnikov. Tener a Cynthia Gregory de cerca y verla en una clase era lo más en ese momento”.

“Cuando estaba en Hamburgo estaba en las clases de Georg Niemeyer, un genio total de la danza clásica. Una vez me dijo que tenía un puesto para mí, pero le dije que no: no quería repetir la historia de mis padres que se habían separado de sus familias. Quería hacer una carrera en Argentina, no quería hacer una carrera internacional como bailarín”, recordó el coreógrafo.

“En Canadá me contrataron como ‘Guest Principal Dancer’. Era bárbaro girar por todo Canadá. También bailé para los reyes de Bélgica en Ottawa como representante del Royal Winnipeg Ballet, pero siempre quería volver. Además, tenía a mis parejas acá. Al amor siempre le di un valor muy importante”, dijo Wainrot frente a un estruendoso aplauso.

Para muchos, esta pieza representa la obra cumbre de Mauricio Wainrot como coreógrafo al punto que la llevó Danzig, Polonia, precisamente, la ciudad donde había comenzado la Segunda Guerra Mundial. “Ana Frank” hizo su debut en Argentina 1984. Ricardo Kirschbaum quiso saber al respecto sobre la gran repercusión que tuvo la obra en ambos países.

“Quería hacerla en 1982, acá –recordó el coreógrafo–. Cuando terminó la dictadura, el Teatro San Martín vivía una especie de isla, sentía como si fuese Ana Frank: todos encerrados. Ahí dije me puse a trabajar en una versión pero no pude hacerla ese año. Todavía tenía mucho miedo: tuve amenazas, llamadas por teléfono, puteadas… Lo típico que cualquier judío sabe lo que ha vivido cuando éramos chicos, cómo nos traban en la escuela y cuando nos puteaban. Había –y creo que hay– una especie de antisemitismo domestico en nuestro país que se exacerbó muchísimo”.

El coreógrafo argentino Mauricio Wainrot compartió una charla con el editor General del diario Clarin Ricardo Kirschbaum y la periodista y editora del diario La Nación Costanza Bertolini. Foto: gentileza Secretaría de Cultura de la Nación.

“Entonces, en 1984 me puse a trabajar Ana Frank con Andrea Chinetti. Fue un evento impresionante, la obra venia brutal, era todo divino. Antes del día del ensayo general me llevaron con una coreógrafa a hacer un reportaje en la radio. Cuando volvimos, la puerta del San Martin estaba llena de bomberos. Mientras la gente estaba haciendo la clase, habían quemado los camarines. Casi no se estrena”, recordó Wainrot.

Al otro día, la función se hizo con policías adentro de la sala: “Fue un suceso enorme. Fue el primer gran suceso que tuve en el Teatro San Martín y en la Argentina. Además, la gente se sentía identificada por lo que acababa de pasar”, indicó el artista y concluyó: “Esa obra fue mi pasaporte para irme de la Argentina porque la monté en 17 compañías diferentes, incluyendo países como Suecia que ha tenido gran éxito, también en el Tatro Colón”.