El idilio de la líder ultraderechista Giorgia Meloni con el electorado se ha roto. La jefa de Gobierno italiana ha sufrido este lunes su primera derrota en las urnas en tres años y medio, desde que ganó las elecciones generales de 2022, en un polémico referéndum de reforma de la magistratura. Tras el cierre de las urnas a las 15.00, pues se votaba domingo y lunes, el no se ha impuesto con un 53,7%, con el 99% de los colegios ya escrutados. Más de 14 millones de votos frente a los 12 millones a favor del sí. Con una participación muy alta, el 58,9%, es una señal política muy fuerte que, de hecho, inaugura la recta final para las próximas elecciones generales, previstas para septiembre de 2027, si no se adelantan.
Hasta ahora, la legislatura había discurrido plácidamente para Meloni, sin el mínimo desgaste en los sondeos. Y eso que, pese a su sólida mayoría absoluta, el Gobierno apenas ha emprendido reformas importantes, pero al menos llevaba una gestión prudente de las cuentas, y sobre todo vendía bien su imagen internacional como la mejor amiga de Donald Trump en Europa. Pero con la guerra de Irán todo esto se ha venido abajo. Su relación con el presidente de Estados Unidos se ha puesto en discusión y se teme una brutal crisis económica en un país con la economía estancada.
Poco antes de las 17.00, la propia primera ministra ha admitido la derrota con un vídeo colgado en redes sociales y ha encajado el golpe, que es duro para la coalición de derecha, porque en realidad esta ha sido la única gran reforma de su programa que había conseguido aprobar. “Los italianos han decidido. Y nosotros respetamos esta decisión. Seguiremos adelante, como hemos hecho siempre, con responsabilidad, determinación y respeto hacia el pueblo italiano y hacia Italia”, ha reconocido.
La reacción del pueblo, precisamente, es el dato de más peso en esta consulta, pues Meloni siempre ha exaltado la voluntad popular en su enfrentamiento con los jueces cuando han dictado sentencias que frenaban algunas de sus iniciativas políticas, como las deportaciones de migrantes a Albania. Pero una mayoría de los italianos no la ha seguido en esto. El referéndum ha sorprendido por una altísima participación, pues el 58,9% está casi al nivel de unas elecciones generales (en las últimas fue del 63,9%) y supera a la registrada en las últimas europeas de 2024 (49,7%).
Síntoma de su nerviosismo en los últimos días, la propia Meloni había contribuido a degenerar el debate al decir, por ejemplo, que si la reforma no salía adelante significaría “inmigrantes ilegales, violadores, pederastas, narcotraficantes puestos en libertad”. No tenía nada que ver con la reforma por la que se preguntaba, pero la derecha ya había llegado a presentarla en estos términos.
Es una estrategia populista que no ha funcionado, es más, puede haber movilizado a los votantes de izquierda, e impondrá una reflexión en la coalición de Gobierno. A la espera de análisis detallados, es evidente que una parte de los votantes de derecha también ha votado contra la reforma. Los más jóvenes han sido decisivos: el 61% de los que tienen entre 18 y 34 años ha optado por el “no”.
Una reforma que cambiaba la Constitución
La alta participación, que rompe los debates sobre el desinterés por la política y altera años de lento declive en la afluencia a las urnas, es la prueba de que este referéndum se había convertido en una correosa batalla política. Más allá de lo que se votaba, la separación de las carreras de jueces y fiscales, un asunto muy técnico pero de profundo calado. Como cambiaba siete artículos de la Constitución y había sido aprobada sin mayoría reforzada en el Parlamento, solo con absoluta, debía pasar por las urnas en un referéndum confirmativo, que además no exigía quorum. Ganaba quien tuviera un voto más, por eso para Gobierno y oposición se convirtió en una prueba de fuerza de movilización del propio electorado.
El debate se ha polarizado hasta llegar a ser casi una lucha existencial, lo que ha despertado al electorado. Las cuestiones de fondo de la reforma oponían dos mundos políticos y han polarizado el escenario. La derecha, enfrentada a la magistratura desde los tiempos de Silvio Berlusconi, la planteaba como un ajuste de cuentas histórico que por fin hacía justicia con una Fiscalía demasiado politizada. La oposición, como el primer paso sibilino hacia un control de la justicia y una posible deriva autoritaria. Para Meloni, ha sido “una ocasión perdida para modernizar Italia”. Pero para la oposición, “una victoria de la democracia”.
La consulta ya era una votación a favor o en contra del Ejecutivo, y especialmente de Giorgia Meloni, que en las últimas dos semanas se había implicado personalmente en la campaña y, por tanto, paga su exposición. Se trata de una sonora señal de alarma para la coalición de la derecha (Hermanos de Italia, de Meloni; la Liga, de Matteo Salvini; y Forza Italia, de Antonio Tajani, sucesor de Berlusconi). Más concretamente, el precio más alto lo paga Forza Italia, pues esta reforma era un empeño suyo incluido en el programa, una batalla histórica del partido desde los tiempos de Berlusconi. Meloni le ha prestado su apoyo, aunque en su partido no despertaba entusiasmo, y mucho menos en la Liga.
La primera ministra ya había advertido hace meses de que el resultado no tenía relación con la acción del Gobierno y en caso de perder la votación no pensaba dimitir, pero ya en esta tarde del lunes se han alzado algunas voces que han insinuado que quizá debería considerarlo. Como la de Matteo Renzi, por razones obvias: en 2016, siendo primer ministro, renunció al cargo tras perder otro referéndum sobre una ambiciosa reforma institucional.
La oposición ya está pletórica. Sobre todo Elly Schlein, secretaria general del Partido Democrático (PD) y cuyo liderazgo aún se discute. También se ha volcado personalmente en la campaña y un fracaso podría haber significado su defenestración política. “Meloni y el Gobierno han recibido un mensaje político claro, y ahora deben reflexionar, tienen que escuchar al país y a las verdaderas prioridades”, ha declarado tras confirmarse el triunfo del no. Ha admitido que ha ido “más allá de las expectativas”.
De inmediato se han encendido los motores para las generales y resurge con nueva fuerza el tema, siempre pospuesto, de formar una gran coalición de centroizquierda. Giuseppe Conte, líder del Movimiento 5 Estrellas (M5S), segundo partido de oposición, ya ha propuesto a media tarde organizar unas primarias conjuntas con el PD para elegir al candidato.








