“Me buscan los clubes necesitados y no me quejo porque hace 20 años que laburo sin parar”

“Me buscan los clubes necesitados y no me quejo porque hace 20 años que laburo sin parar”


Pedro Troglio podría estar haciendo cualquier cosa en lugar de dirigir a Banfield. Podría decirse que lo hace porque quiere, porque se metió en el fútbol y nunca más quiso salir. No tiene arraigo en el Taladro, pero asegura que siempre fue un club que lo sedujo para dirigir. Lo llamaron y aceptó, pese a que el panorama no era -ni es-, auspicioso. El equipo llevaba 13 fechas sin ganar cuando firmó su contrato.

Al torneo le quedaba un partido para completar la etapa regular y Troglio decidió poner la cara. Se presentó, entrenó a su nuevo equipo y salió a la cancha, de local, ante un público que -dado el presente- tenía la puteada fácil. Ese día Banfield se despidió del Apertura con un 3 a 1 sobre Central Córdoba de Santiago del Estero. Esa fue su presentación.

“Me decían ‘Pedro, tenés todo para perder’, pero para mí tenía todo para ganar. Me podría haber salido mal, pero yo creo en las inyecciones de ánimo. Llegué cuatro o cinco días antes del partido y decidí poner la cara con los jugadores. No me arrepiento”, le asegura a Clarín en una charla en medio de la preparación para el Torneo Clausura, que arrancará el mismo fin de semana que termina el Mundial de Clubes.

En aquel momento todavía no sabía que, además, los jugadores -como el resto de los empleados de otras áreas- tenían un atraso considerable en el pago de sus salarios. Los futbolistas tomaron una medida de fuerza: dejaron la concentración y pusieron en duda la continuidad de las prácticas. El club saldó buena parte de la deuda y Troglio volvió a trabajar.

Foto: Martín Bonetto.

Ahora también sabe que no hay plata, pero no pierde las esperanzas de que lleguen otros dos refuerzos, además de Rodrigo Auzmendi un delantero argentino que conoce bien de Honduras, la liga en la que Troglio se convirtió en el DT más ganador de la historia.

Como futbolista perteneció a la elite, de River al Calcio, Selección y Mundial de Italia 90 como reseña. Cuando el fútbol japonés se instaló en el mapa, como la MLS replicó en los últimos años, ahí también estaba Troglio. Como entrenador, en cambio, le tocó el barro. A excepción de Argentinos que llegó para defender el título que conquistó el Bichi Borghi en 2010, siempre se encargó de otros propósitos, principalmente de eludir el descenso. Ahora, en el predio de Banfield, donde entre otros jugadores se repite la figura de José Luis Sánchez, se prepara para esa faena.

-¿Enfrentaste a Garrafa como jugador de Gimnasia?

-Uh, mamita, que jugador espectacular. En un partido, cancha de Banfield, ganamos 3 a 2 con Gimnasia, pero creo que nos hizo los dos goles (N de la R, fue solo uno, el otro fue de Daniel Bilos). Era un espectáculo, de esos jugadores que te encantaban ver porque no era solamente técnico, que decías: ‘Que bien que juega este’. No, era en el buen sentido, bravo, era jodido, era guapo. Entonces jugaba bien y era guapo, de esos tipos que juegan en los potreros, que crecen en esos barrios cagándose a trompadas. Era un cara sucia, un desfachatado. Era un placer enfrentarlo. Bah, no. Era un placer verlo, no enfrentarlo.

Troglio con sus nuevos colores, los de Banfield. Foto: Martín Bonetto.Troglio con sus nuevos colores, los de Banfield. Foto: Martín Bonetto.

-¿Qué tenías visto de la actualidad de Banfield antes de firmar como DT?

-Vi muchos de los partidos (del Apertura). Tuvo un inicio muy bueno. A la hora del análisis uno acepta porque cree que hay buen material, es decir: puede estar 15 partidos sin ganar, pero también tuviste buenos momentos… A ver, yo como jugador me fui a Europa, jugué mucho tiempo en Italia. Pero como entrenador siempre me tocaron estas paradas, me catalogaron en ese rango y no se me cae nada: no digo: ‘Uh, siempre me toca dirigir quilombos’. Tengo este target, me lo banco y lo respeto. También sé que es muy difícil que me vengan a buscar de un club que esté tranquilo. Siempre me buscan los problemas y te puede salir bien y a veces te puede salir mal. Pero, bueno, ¿qué voy a hacer? No me vino a buscar River con 80 millones de dólares en el bolsillo. Me buscan los necesitados y no me quejo: hace 20 años que laburo sin parar.

-Este semestre, Banfield pelea la permanencia… ¿Es un tabú puertas adentro o se habla concretamente?

-Sería ignorante no reconocer tu momento. Lo peor que puede pasar en un club es no reconocer su momento y decir: ‘No, no se habla de eso’. Hay que hablar, hay que dedicarse. Cuando firmamos, por cómo se habían dado los resultados de la fecha, Banfield había quedado último y, claro, verse ahí cambia el ánimo. En el promedio no está el problema, en el descenso directo, bueno: esto va a ser domingo a domingo.

-¿Objetivo corto? ¿De tres puntos sin mirar más adelante?

-Totalmente. Nada de futurología. Sí puedo calcular que con 20 puntos vamos a estar tranquilos, pero no sé de donde van a salir. El objetivo, por eso, siempre son los tres puntos que se ponen en juego cada vez.

-¿Cuánto te complica una medida como la de no entrenar por falta de pago?

-Y, no es lo ideal. Sería más cómodo que todos estén al día y solamente piensen en entrenarse. Es mejor entrenar, no parar un entrenamiento, porque los que se perjudican son ellos que después tienen que salir a la cancha. Pero, bueno, lo que yo rescato, porque esto también me pasó en otros clubes, es que los directivos, desde el presidente hasta el manager, sabían que el reclamo era justo y entendían que estaban en su derecho. Apareció algo de la plata… A veces las apuradas sirven. Pasó lo mismo con la escuela (que funciona el club), tuvieron que salir a pedir (para pagar), que es incómodo.

-Tal vez sea una cadena que te termine perjudicando: pueden vender jugadores para sanear.

-A mí me convendría que cualquier venta fuera en enero, no ahora. Pero puede pasar que aparezca alguna oferta y, lamentablemente para mí, alguien se tenga que ir. Pero bueno, cuando yo fui jugador y me fui, era bueno para mi y no le pregunté a nadie si lo estaba perjudicando.

-¿Te arrepentiste de haber agarrado?

-No, no. Para nada. Tengo un buen plantel, un buen predio para trabajar, No te digo que esto es agua mineral, pero en comparación a otros quilombitos que ya he vivido, esto no es nada. En San Lorenzo fue terrible: los jugadores no querían ni jugar. Muchas deudas.

Troglio en San Lorenzo: "Los jugadores no querían ni jugar". Foto: Juano Tesone Troglio en San Lorenzo: “Los jugadores no querían ni jugar”. Foto: Juano Tesone

-¿Te sentís cómodo administrando quilombos?

-No, no (se ríe). Me gustaría más tener la billetera de 80 palos y, de última, que me puteen porque no salgo campeón con los 80 palos. pero yo andaría un poquito más tranquilo. Pero, bueno, dentro de lo que me gusta hacer, que es dirigir, me toca esta. Pero, ojo, salir de los quilombos tiene un placer especial: me pasó en Gimnasia, en Tigre. Cuando llegamos a Independiente estaba prendido fuego, había terminado antepenúltimo y peleamos el título y clasificamos para la Sudamericana. Después te pasa como me pasó en San Lorenzo: vas, no das pie con bola y te vas a las 10 fechas. Cuando sale bien, se te respeta.

-¿Cómo administrás la intensidad de comandar un equipo que tiene mirar las tablas, necesita siempre ganar y tiene a la gente inquieta?

-Y, bueno, uno ya está acostumbrado. Me paro de frente a los jugadores, sabiendo de qué se trata y qué es lo que se necesita para salir adelante. Eso no quiere decir que vayamos a salir adelante, pero me parece que le puedo transmitir tranquilidad a los jugadores. Hay momentos de bronca en los que hay que estar en calma y en pausa. Ya estoy acostumbrado, tengo 59 pirulos, ya no tengo los 39 de cuando empecé.

Troglio como DT de Olimpia de Honduras, con Yustin Arboleda en un partido de la Concachampions. Foto: Alex Menendez / AFPTroglio como DT de Olimpia de Honduras, con Yustin Arboleda en un partido de la Concachampions. Foto: Alex Menendez / AFP

-En Honduras, fue distinto…

-Cuando estuve en Honduras (en Olimpia) o mismo en Cerro Porteño (de Paraguay) o Universitario (de Perú) me dieron los mejores equipos de esos países y es más factible que puedas ser campeón.

-¿Por qué en ese fútbol sí, pero en la Argentina no tenés el ‘target’?

-Y porque empecé así… Gimnasia se estaba yendo a la B, pi pi pi pi, lo salvamos. Independiente, quilombo, pero salimos adelante. Me voy a Cerro Porteño y salimos campeones. De ahí a Argentinos, que venía de ser campeón… eso fue una panacea, una tranquilidad. Cerro, igual, venía de ocho años sin ser campeón, que para un equipo grande es mucho. En Olimpia (de Honduras), lo mismo, estaba feo el clima. Cuando me buscaron de San Lorenzo, no era la primera opción: fui el descarte después de que buscaron (Gabriel) Heinze, a (Hernán) Crespo… No sé, a (Pep) Guardiola y (José) Mourinho y cuando todos les dijeron que no, fueron a buscar a cuatro o cinco que administran quilombos y ahí salí elegido. No es que me llamaron de una. Estoy en un segundo rango, lo acepto.

Troglio en un parate en la concentración en Luis Guillón. Foto: Martín Bonetto.Troglio en un parate en la concentración en Luis Guillón. Foto: Martín Bonetto.

-¿Cuál es tu virtud para campear estos contextos?

-La calma, el armado de los grupos, la convicencia diaria… No solamente con los jugadores, sino con los utileros, con la gente del vestuario, de seguridad, los cancheros. Es decir, creo que generamos como cuerpo técnico una armonía personal que genera una estabilidad afectiva. Y esa estabilidad afectiva a veces ayuda. Si vengo y soy un pedante hijo de puta, mala onda, cara de orto, lo único que genero en un club o en un grupo de jugadores o de gente que está pasándola mal, es más preocupación, más incomodidad…. Me parece que somos buenos gestionadores de grupos desde lo anímico, desde lo motivacional, pero eso va de la mano también de las consignas tácticas. Pero me parece que todo pasa por lo mental.

-¿Esa “simpatía” que describís la arrastrás desde la etapa de jugador, no?

-Sí, sí. Los que me conocen saben que es muy difícil que haya tenido un enemigo. Nunca cagué a nadie. Siempre he sido un tipo alegre como jugador. Como entrenador es más difícil. Si bien soy simpático como decís vos, el que que no juega te mira con antipatía. Es más, le cae mal que sea simpático… Entonces, por eso a veces te distancias con algún jugador. Pero yo siempre fui igual. Eso lo viví con (el recordado entrenador Carlos Timoteo) Griguol: era excelente para convivir. A mí me causaba placer hacer tres horas de viaje de Castelar a La Plata para entrenarme porque la pasaba bien. Eso era producto de la convivencia con Griguol.

-¿De los entrenadores te identificás más con Griguol?

-Creo que el armado de grupos y convivencia, va muy por ese lado. Después, lo motivacional, yo tuve un Bambino Veira joven, en el 86, con River, que volaba. Y después tengo el otro extremo que es (Carlos Salvador) Bilardo que era más autoritario, ¿viste? Pero sabía rodearse de gente como el profe (Ricardo) Echeverría, con el que íbamos a comer, porque (Bilardo) era muy estricto y agobiante. Por eso se rodeaba de gente que podía llevar el grupo más adelante.

Pedro Troglio, sacado con el mexicano Edgardo Codesal en la final de Italia 90.Pedro Troglio, sacado con el mexicano Edgardo Codesal en la final de Italia 90.

-¿Cómo es jugar un Mundial?

-Es lo máximo que te puede pasar. No sé si te tocó cubrir un Mundial, pero debe ser lo mismo para un periodista deportivo, como para un futbolista jugarlo, tenés la atención de todo el mundo. Ser uno de los 22 jugadores que cada cuatro años juegan una final es único ¿Cuantos somos? Seremos 300, 400 jugadores en casi 100 años. Tener la medalla y vivir esos momentos, es lo máximo. Con River salimos campeones de América y del mundo, pero jugar un Mundial es lo máximo.

-En esa época, las concentraciones eran bravas. Hoy estarían muchos cancelados…

-Uff… Tremendas. Hoy sería imposible, imposible. Vos fijate que le cortan el pelo a los chicos que pasan al plantel mayor y está mal. Sí, para mí está mal. También está mal que los chicos de hoy ya no miren fútbol y están todo el día con el teléfono. Y te dicen que así es la vida de hoy. Nosotros nos criamos de otra manera. Para mi, que Bilardo nos volviera locos era normal porque en mi casa estaba mi papá que era el que mandaba. Entonces yo me crié así y me parecía normal. Entonces la usanza de cortar el pelo, no la veíamos mal, por ejemplo. Pero hoy quedás expuesto. Las jodas de esa época son imposibles hoy: llevar armas a la concentración, poner mierda en la cama de un compañero, en la almohada o en la manija de un coso… ¿Qué se yo? ¿O atarlos en bolas a algún lugar ¿Viste? Eran todas cosas que nosotros nos reíamos. Puta, que locura, hoy uno trata de no contar porque dicen: ‘Estos tipos estaban locos’. Era la vida de antes y a nosotros nos parecía normal. Hoy no es normal.

-¿Llevar armas a la concentración?

-Se había puesto de moda y…

-Perdón que interrumpa, pero ¿cómo se pone de moda comprar armas?

-Y… cuando aparece, no sé, uno que vende anillos, el jugador de fútbol compra, todos compran. Otro trae un mate y se compran mates. Y en ese momento se ha puesto de moda las armas y nadie sabía usar y compraban todos armas.

-¿Pero aparecía alguien vendiendo armas?

-Y un día compró un arma, ponele, el Cabezón (Oscar) Ruggeri. Entonces el resto: ‘Che, traelo que venga’ y entonces compró un arma uno, otro, y varios andaban con armas. El Búfalo (Juan Gilberto) Funes, por ejemplo… Nosotros éramos pibes. La pieza nuestra era (Néstor) Gorosito, (Néstor) De Vicente, (Claudio) Caniggia y yo. Entonces, con el arma descargada, entraban a la noche todos tapados y te agarraban del cuello y te ponían el arma en la cabeza. Claro, te agarrabas un cagazo bárbaro hasta que te dabas cuenta de que eran ellos. Pero bueno, era algo normal y se tomaba como gracia. Yo después más grande cuando estaba en el Ascoli, los tanos nos hacían jodas y nos sacaban la cama al balcón en las concentraciones ¿Ah, quieren joder? Entonces les hice la joda que se hacían acá y les cagué la almohada. Era otra época, hoy pasa eso y en las redes sociales nos matan.

Pedro Troglio y Daniel Toribio Aquino en un River - Banfield en 1987. Foto: archivo Clarín.Pedro Troglio y Daniel Toribio Aquino en un River – Banfield en 1987. Foto: archivo Clarín.

-¿Qué hacés hoy si pasa algo por el estilo en tu grupo?

-Y, no… Vivimos en otra sociedad. Yo también me adapto a la sociedad nueva. Imaginate si llega un pibe de 18 años a contarle a los padres que le cagaron en la cama. Vienen los padres y te matan. Yo no contaba nada en mi casa. Tenía 17 o 18 años y no contaba que me habían apuntado con un arma en la cabeza.

Plata, Cristina y Milei

Cuando Troglio terminó el entrenamiento y recibió a Clarín, el país era distinto al del comienzo del día. La Justicia le confirmó la condena a la ex presidenta Cristina Fernández y la novedad también formó parte de la charla.

-¿Qué te despierta la condena a la ex presidenta?

-Yo fui siempre de una ideología peronista y claramente voté siempre al peronismo: desde (Carlos) Menem a Cristina, Néstor (Kirchner), todos. Pero, lamentablemente, si se comprueban las culpabilidades, la defensa llega hasta cierto punto. Yo no soy un especialista en política, cuando escucho a Cristina le creo y cuando escuchás a los otros, dicen lo contrario. Es muy difícil, cuando desconocés el paño, saber quién tiene la razón. Si salís culpable y no hay manera de de quedar libre, lamentablemente es complicado. Pero me parece que igual es un momento triste para nuestro país.

-¿Y Milei? ¿Qué te parece?

-Yo no voté a estas elecciones porque estaba afuera. La verdad no me imaginaba que que Milei iba a tener la capacidad de manejar como lo está manejando ahora. Lo que también veo es una situación que no sé cómo se puede solucionar, que tiene que ver con lo caro que es el país. Si vos me preguntás, desde mi ignorancia, es un país muy caro. Yo estuve unos días en Brasil y me dio la sensación que estaba todo tres veces más barato que acá. Yo creo que los números que dicen son reales: bajó esto, bajó lo otro, bajo el riesgo este, la inflación, todo bárbaro. Lo que no logro entender, por eso pregunto y nadie me sabe explicar, es por qué todo es tan caro. ¿Por qué si el dolar está estable cada tres meses aumentan los alquileres? ¿Por qué aumenta todo? La prepaga, la universidad… Si ahora estamos estables, ahora no estamos mal, que el dólar vale no sé cuánto… Entonces no lo logro entender. Si se acomodara eso, estaríamos bien, sobre todo la gente normal. Los que más o menos estaban cómodos, siguen estando cómodos. Uno de mis hijos pagaba 80 dólares de alquiler y ahora paga 500, si no los ayudo yo no podrían.

-¿Vos necesitás trabajar para vivir?

-No. Calculá que jugué 20 años, en Europa, en Japón en una época dorada. Hace 20 años que dirijo. Tengo una (empresa) de logística, dos restoranes… Podría estar viviendo de esas cosas, de los alquileres, pero me muero si no estoy en una cancha. A mí me gusta esto. Vos dirás, qué necesidad de que te puteen, del quilombo del descenso… No sé hacer otra cosa, puedo armar miles de ideas como el restorán, pero no tengo ganas de estar ahí sentado mirando como hacen una tira de asado. Prefiero estar acá. Son cosas que no se explican, pero me imagino que es lo mismo que le pasa a (Julio) Falcioni o a (Miguel Ángel) Russo que vos los ves que quieren seguir dirigiendo pese a los problemas (de salud) que han tenido: ahí se sienten vivos. Yo me siento vivo viniendo cada mañana de acá con una hora y media manejando y después volverme a ir. Esta es mi vida.

Claudio Caniggia y Pedro Troglio, en el medio Pocho, el padre del mediocampista, en la época del Hellas Verona. Claudio Caniggia y Pedro Troglio, en el medio Pocho, el padre del mediocampista, en la época del Hellas Verona.

-¿Entonces cómo definís al fútbol?

-Yo vengo de una familia muy humilde y la realidad es que nosotros vivíamos siempre alquilando… De golpe tuve la posibilidad de tener la primera casa de mis viejos y a los 60 y pico de años le dije a mi viejo que no labure más. Y esas cosas, a veces, me las dio el fútbol. Yo pude darle calidad de vida a mi viejo. No te digo que calidad de vida es tener plata, pero veo un tipo que siempre se la pasó laburando desde las 5 de la mañana a las 9 de la noche, que un día fue a Japón, un día fue a ver el Mundial 90, un día fue a Europa a vacacionar… Tenía su quinchito que le pude hacer para hacer un asado, que antes lo hacíamos en el piso. A veces mi esposa se enoja porque yo digo que el fútbol es más importante que mi familia, ¿viste? Lo digo en un sentido figurado, lógico. Mi familia es más importante.

-¿Qué hubieses sido sin el fútbol?

-Yo estaba convencido de que iba a ser jugador de fútbol. No me daba cuenta que, por más que estuviera en inferiores, tal vez no llegaba. Mi vieja me insistió para que hiciera el profesorado de Educación Física. Si no hubiese sido futbolista, seguramente hubiese laburado como un animal, como mi viejo. Tuve la suerte de que a los 17 años debuté en Primera. Fue todo muy rápido. Me recibí de profesor de Educación Física, pero tenía 19 años e iba con un Peugeot 504 modelo 75 que me había comprado y nosotros nunca en la vida habíamos tenido auto. Se me hizo más fácil.