Matar a un inocente: cuando el miedo a sufrir un robo termina en tragedia

Matar a un inocente: cuando el miedo a sufrir un robo termina en tragedia

Juan Cruz Leal tenía 20 años y viajaba en moto con un amigo. Iban a jugar un partido de fútbol cuando un policía de la Ciudad detuvo su marcha, se identificó y disparó dos veces con su arma reglamentaria. El joven murió horas después en un hospital de Ituzaingó, en un claro caso de gatillo fácil. Casi al mismo tiempo, a más de 600 kilómetros de allí, en Córdoba, un vecino que había llamado a la policía por la presencia de presuntos ladrones abrió fuego contra un agente que había acudido al lugar y lo mató al confundirlo con un delincuente.

El primero de los hechos ocurrió en la noche del jueves en la esquina de Martín Rodríguez y Perdomo, en Ituzaingó. Allí, un policía de la Ciudad identificado como Lucas Adrián Gómez fue detenido luego de disparar contra dos jóvenes que circulaban en moto.

Según declaró el propio efectivo, él y su pareja también se desplazaban en una motocicleta cuando advirtieron que otra moto con dos hombres los seguía. Ante la sospecha de que se trataba de un intento de robo, detuvo la marcha, se identificó como policía y efectuó dos disparos con su arma reglamentaria. Nada ameritaba esa reacción.

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Las balas impactaron en ambos jóvenes. Juan Cruz Leal, de 20 años, recibió un disparo en la ingle y fue trasladado al Hospital Bicentenario de Ituzaingó, donde murió horas después. Su acompañante, Daniel Enrique Kuhne, también de 20 años, sufrió una herida en el pecho y fue derivado al Hospital Posadas, donde quedó fuera de peligro y posteriormente recibió el alta.

De acuerdo con el relato del sobreviviente, ambos se dirigían a jugar un partido de fútbol. Sin ir más lejos, en el bolso que llevaban solo había botines y ropa deportiva.

En el lugar del hecho los investigadores secuestraron dos vainas servidas de calibre 9 milímetros y el arma reglamentaria utilizada por el policía. La causa quedó a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción N° 2 de Ituzaingó, donde la fiscal María Alejandra Bonini dispuso la detención del efectivo y lo imputó por homicidio agravado.

Un policía muerto. A cientos de kilómetros de allí, en Córdoba, otro episodio marcado por el mismo temor tuvo un desenlace igualmente dramático, aunque con roles invertidos.

En la noche del jueves, el suboficial principal Luis Azabal, de 54 años, murió tras recibir un disparo cuando acudía a un domicilio de calle Neper al 5900, en el barrio Villa Belgrano. La comisión policial había llegado al lugar luego de un llamado que alertaba sobre la presencia de supuestos ladrones.

Cuando los efectivos arribaron a la vivienda, la puerta se encontraba abierta. En ese momento, según la reconstrucción preliminar, el propietario de la casa efectuó un disparo al confundir a uno de los policías con un delincuente.

El proyectil impactó en la zona de la clavícula izquierda de Azabal. El agente fue trasladado de urgencia al Sanatorio Allende, pero murió poco después a causa de la gravedad de la herida.

La Justicia cordobesa detuvo a Paolo Zambelli, el dueño de la vivienda, quien quedó imputado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego.

Sin embargo, a pocas horas del episodio, la causa tuvo un giro cuando el fiscal Víctor Chiapero resolvió liberarlo, mientras continúa la investigación.

Por estas horas, los investigadores buscan determinar con precisión cómo se produjo el disparo y qué circunstancias rodearon el momento en que el policía ingresó al domicilio.

Durante los procedimientos posteriores al hecho, los peritos secuestraron tres armas que se encontraban dentro de la vivienda. El objetivo es establecer cuál de ellas fue utilizada y analizar las condiciones en las que se produjo el disparo.

Según confirmó el ministro de Seguridad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros, el tiro que provocó la muerte del suboficial fue efectuado con una pistola Glock calibre 9 milímetros, arma que quedó incorporada a las pericias balísticas de la causa.

“Legado y vocación se servicio”

R.P.

La muerte de Azabal generó una fuerte conmoción entre compañeros de la fuerza, alumnos y vecinos de Río Ceballos, donde vivía. En redes sociales comenzaron a multiplicarse los mensajes de despedida que lo recordaban por su trayectoria policial y su rol como formador dentro de la institución.

“Gracias por todo Bicho querido. Respeto por su legado y vocación de servicio. Excelente profesor y servidor público. Gracias por tu enseñanza, por tu respeto y por dejar todo hasta lo último como siempre nos enseñaste. QEPD querido suboficial ppal. Azabal Luis”, escribió uno de sus colegas al conocerse la noticia.

Otros mensajes reflejaron el impacto que provocó su muerte entre quienes lo conocían. “Mi Bicho querido leo esto acá y no creo… gracias por enseñar tanto, bichito. Amabas la policía… hoy sos un ángel”, expresó un allegado. Desde su ciudad también manifestaron su pesar: “QEPD Luis Azabal ‘Bicho’, vecino de nuestra ciudad. Policía falleció baleado en su trabajo. Condolencias a su familia”.